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“¡Que la burocracia no haga sufrir más a las víctimas del terremoto!”

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«Por favor, que cualquier tipo de burocracia no haga que esperen y sufran más las víctimas de los terremotos» en el centro de Italia. Papa Francisco manifestó su cercanía a las poblaciones afectadas por el sismo y las adversas condiciones atmosféricas y pidió que no haya más retrasos provocados por la burocracia. «Quisiera renovar mi cercanía a las poblaciones del centro de Italia que todavía sufren las consecuencias del terremoto y de las difíciles condiciones atmosféricas —dijo el Papa. Que no les falte a estos hermanos y hermanas nuestros el constante apoyo de las instituciones y la común solidaridad». 

Antes del Ángelus, Francisco comentó el pasaje de las Bienaventuranzas evangélicas, que definió como «la “magna charta” del Nuevo Testamento» con la que «Jesús manifiesta la voluntad de Dios de conducir a los hombres a la felicidad». el motivo de las bienaventuranzas, es decir de la felicidad, explicó Bergoglio, «no está en la condición pedida (por ejemplo “pobres de espíritu”, “afligidos”, “sedientos de justicia”, “perseguidos”…), sino en la sucesiva promesa, de recibirlo con fe como don de Dios». No es, pues, « un mecanismo automático, sino un camino de vida de seguimiento del Señor – precisó el Papa – por la cual, la realidad de dificultad y de aflicción es vista en una perspectiva nueva y experimentada según la conversión que se actúa». En este sentido para ser bienaventurado, se necesita ante todo ser convertido, para así ser capaz «de apreciar y vivir los dones de Dios». 

Francisco reflexionó sobre primera bienaventuranza: «Felices los pobres de espíritu, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos». El pobre de espíritu, explicó, «es aquel que ha asumido los sentimientos y las actitudes de los pobres que en su condición no se rebelan, sino saben ser humildes, dóciles, disponibles a la gracia de Dios. Con respecto a los bienes materiales, ella es sobriedad: no necesariamente renuncia, sino capacidad de saborear lo esencial del compartir; capacidad de renovar cada día el estupor por la bondad de las cosas, sin apesadumbrarse en la opacidad del consumir vorazmente» 

«¡Entre más tengo —añadió el Papa-, más quiero! Esto es consumir vorazmente y esto mata al alma, y el hombre o la mujer que tengan esta actitud no son felices y no llegarán a la felicidad. En relación con Dios es alabanza y reconocimiento de que el mundo es bendición y que tiene su origen en el amor creador del Padre». 

El pobre de espíritu, continuó, es el cristiano «que no se encomienda a sí mismo, a las riquezas materiales, que no se obstina con las propias opiniones, sino que escucha con respeto y se remite de buen grado a las decisiones ajenas. ¡Si en nuestras comunidades hubiera más pobres de espíritu, habría menos divisiones, contrastes y polémicas!». 

«La humildad, como la caridad —continuó Bergoglio—, es una virtud esencial para la convivencia en las comunidades cristianas. Los pobres, en este sentido evangélico, se muestran como los que tienen clara la meta del Reino de los cielos, dejando ver que es anticipado en germen en la comunidad fraterna, que privilegia el compartir frente la posesión. Quisiera subrayar esto —añadió—, privilegiar siempre tener las manos así (hizo el gesto de tender la mano abierta, ndr.) y no así (teniendo la mano cerrada sobre el pecho, ndr.), cuando el corazón está así (abrió nuevamente la mano, ndr.) va por el camino del amor». 

Después del Ángelus, el Papa recordó la Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra, enfermedad que «afecta a los más pobres y marginados. Es importante luchar contra este morbo, pero también contra las discriminaciones que genera». 

Al final, se asomaron desde el balcón dos chicos que representaban a los jóvenes de Acción Católica de la diócesis de Roma, quienes concluyeron la Caravana de la Paz. Uno de ellos leyó un breve mensaje de paz. Después fueron liberados globos de colores, símbolo de paz. «A todos les deseo —concluyó Francisco— paz, humildad y compartir en sus familias». 

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