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No se conocían, le salvó la vida, y hoy son grandes amigos

Der Moment der Überraschung: Carlos (rechts) ist aus Argentinien gekommen, um seinen Lebensretter Christopher zu überraschen. Foto: Nadine Weigel
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Una bella historia de solidaridad y donación de médula espinal

Christopher Hofmann había registrado su sangre en el Banco de Médula Ósea en su país, Alemania. Carlos Valía necesitaba un trasplante en su país, la Argentina. No se conocían. Pero la médula del primero salvó al segundo. Carlos vivió gracias a Christopher, y quiso conocer al héroe anónimo que le permitió vivir. Aquí, la historia de una amistad que se volvió inquebrantable.

El día del amigo del 2011, Carlos se enteró de su diagnóstico. Sufría mielodisplasia, un tipo de leucemia, y tenía el 30% de su médula infectada por cáncer. Para su diagnóstico, la esperanza se sostenía en la aparición de un donante compatible de médula ósea. Ese diciembre recibió la esperada bolsa con la donación. Tenía inscripciones en alemán. La esperaban con ansias; para colmo, una inédita nube de cenizas volcánicas complicaba el aterrizaje del avión en el que venía la donación que había esperado por cinco meses.

El tratamiento era tan agresivo que Carlos llegó a tomar cincuenta pastillas por mañana. Hubo complicaciones. Pero pudo salir adelante. Y para celebrar la vida, era imprescindible para Carlos agradecer a su donante.

Como narró la revista del Hospital Universitario Austral, nosocomio en el que recibió el trasplante Carlos, en 2014 junto con sus padres viajó a Alemania para conocer a Cristopher. Pero el idioma les jugó en contra, y pese a que lo estaban esperando, y él iba con regalos y entusiasmo, un error en la comunicación de la dirección hizo que no se haya podido concretar el anhelado encuentro. Debían ir a Lilienstraße y fueron a Lilienthalstraße

Pero la amistad pudo más. Y la familia de Christopher organizó un viaje sorpresa de Carlos para el cumpleaños del donante. Con una camiseta que rezaba “We love you Christopher Hofmann” Carlos aterrizó nuevamente en Alemania. Esta vez, no sólo la familia de Cristopher lo estaba esperando para concretar la sorpresa. Sino también la tv alemana, que retrató el emocionante encuentro.

Como la médula ósea se reproduce de forma continua, la vida del donante de médula suele transcurrir con absoluta normalidad tras la donación. Es más, en muchos casos quien dona nunca llega a conocer a quien recibió su médula; ni siquiera logra saber si la persona vivió con su donación.

Las dificultades para conseguir la compatibilidad entre el donante y el posible receptor son combatidas por un banco internacional que comparte los datos de personas registradas como posibles donantes. Hay cerca de 30 millones de personas registradas en la Base Mundial de Donantes de Médula Ósea.

La solidaridad de Cristopher a la hora de registrarse en el Banco, y la efectividad de los equipos que hicieron posible a ambos lados del Océano Atlántico el trasplante, fueron fundamentales para que juntos puedan celebrar un inolvidable cumpleaños sorpresa en Alemania, esta vez en el pueblo correcto.

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