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Nuestro hijo nos preparó para su muerte

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Katrin Albaum-CC

Alfa y Omega - publicado el 23/01/17

Lecciones para vivir como mortales de algunos sabios que se fueron

Aturdidos por los múltiples saberes carecemos de la sabiduría fundamental: aprender a morir. La primera lección fundamental que tener en cuenta es que nos vamos morir y nuestros seres amados se pueden ir. Solo así podríamos encajar mejor la realidad de la muerte en la vida.

Las primeras comunidades cristianas estaban convencidas de que la victoria de Cristo había derrotado definitivamente a la muerte, se atrevían a retarla: «¿Dónde está muerte tu victoria? […] Tanto si vivimos como si morimos del Señor somos».

Teresa de Jesús confesaba que la muerte no solo iba a ocurrir sino que no llegaba suficientemente pronto; Francisco de Asís se preparó a morir cantando «Ven hermana mía, llévame al corazón del Padre de bondad; introdúceme en el seno de la Madre de infinita ternura«. Unamuno preparó como epitafio para su muerte: «Méteme, Padre eterno, en tu pecho, misterioso hogar. Dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar».

Madeleine Delbrêl leía la vida no como un conjunto de hechos absurdos e incomprensibles, sino como una escuela misteriosa: «La vida nos explica la muerte poco a poco, o de golpe, según los días […]. Unas veces subrayando nuestras pequeñas muertes cotidianas […], o en cada adiós definitivo a los seres queridos».

Cobran para nosotros relieve las reacciones ante la muerte trágica o inesperada de alguien cercano. He aquí el testimonio de algunas personas con las que he conversado: «He cambiado mi escala de valores. Para qué sirve atesorar, tener éxito, saber más…. nada de eso es comparable a la vida sencilla, a la familia, al encuentro amigable, a construir nuestras personas en el amor».

«Nuestro hijo nos preparó para su muerte; la aceptó, la vivió en paz confiado en Dios, nos pidió ánimo y prometió que seguiríamos espiritualmente en comunión con él; esa convicción nos ayuda a superar la muerte».

Estas heridas y cicatrices confesadas son capaces de iluminar a los que tenemos que ir afrontando nuestra enfermedad y cercanía a la muerte. Los que se nos fueron nos enseñaron a vivir como mortales, prestos a partir apoyados en el Padre creador que nos aúpa de la nada.

Por Jesús García Herrero

Artículo originalmente publicado por Alfa y Omega

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familiahijosmuertepaternidadtestimonio
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