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El calor de la fe en los gélidos países del norte de Europa

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La solución ecuménica a la ordenación de un obispo en una catedral que se quedaba pequeña

El interés por la religión, la fe, Dios y la necesidad de profundizar más en el cristianismo, es una característica de los pueblos del Norte de Europa. Allí se dice que la fe es gélida como su clima, a pesar de tener como religión oficial del Estado el luteranismo (1). Los católicos y ortodoxos son una minoría que no alcanza el 2 por ciento de la población. Al mismo tiempo se registran conversiones de musulmanes inmigrantes al cristianismo.

La colaboración entre estas tres Iglesias cristianas es cada vez mayor, y conviene recordarlo en el Octavario de oración para la Unidad de los Cristianos. Empezó hace 50 años un diálogo y entre católicos y luteranos que desembocó en la Declaración oficial conjunta entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia católica romana sobre la doctrina de la Justificación.

Ymás tarde, el pasado 31 de octubre, los máximos responsables de las Iglesias católica y luterana, el papa Francisco y el obispo Munib Yunan, presidente de la Federación Luterana Mundial, firmaron en Suecia una Declaración Conjunta para fomentar la unidad y colaboración entre las dos Iglesias. En esta última declaración se dan por zanjados los enfrentamientos y desencuentros del pasado.

Naturalmente, en los países nórdicos de Europa, las Iglesias luterana, católica y ortodoxa manifiestan su voluntad de aparcar los aspectos históricos –muy dolorosos a veces—que las separan y fomentar la unidad en la fe en Jesucristo.

En estos países nórdicos (se incluyen Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca e Islandia, que conforman la Conferencia Episcopal de Escandinavia), la colaboración entre los fieles y el clero de las tres confesiones cristianas (luteranos, católicos y ortodoxos) se da con frecuencia.

Como anécdota, un sacerdote misionero católico en una parroquia lejana de Finlandia (en Oulu, cerca del Polo Norte) tenía que celebrar el Miércoles de Ceniza, y carecía de ceniza.

El sacerdote italiano Mariano Trevisini fue de misión junto al primer matrimonio misionero del Camino Neocatecumenal (los italianos Oscar Pasinato y su esposa Paula con sus hijos), en la ciudad de Oulu. La ciudad está a unos 600 kilómetros al norte de Helsinki, cerca del Polo Norte y a 300 kilómetros de la parroquia más próxima Jyväskylä.

El sacerdote católico fue a pedir al pastor luterano si acaso tenía ceniza para el Miércoles de Ceniza. Este le dijo que ellos no conocían este rito, pero que a lo mejor sí lo usaban los ortodoxos, por lo que el sacerdote católico fue a pedirlo al pope ortodoxo.

Este tampoco pudo facilitar ceniza al no practicar su Iglesia el rito de la imposición de la ceniza. Finalmente, el pastor luterano le vino con un saquito de ceniza que había encontrado en un horno.

Cuenta Mariano Trevisini que la llegada del matrimonio católico y suya fue recibida “calurosamente” tanto por el obispo luterano, Olavi, como por el obispo ortodoxo, Leo, y las relaciones con unos y otros ha sido siempre de gran colaboración. El hecho es recogido en el libro-reportaje de José Miguel Cejas Cálido viento del Norte (Madrid, 2016).

Pero el caso más paradigmático ocurrió en Helsinki, la capital de Finlandia. El actual obispo, Teemu Sippo, es el único sacerdote nativo que tiene la Iglesia católica en Finlandia y pertenece a la congregación de los religiosos dehonianos. Procedente del luteranismo Teemu Sippo se ordenó sacerdote católico. Un día le llamó el nuncio del Papa y le pidió si aceptaba ser obispo de Helsinki.

Como en Finlandia hay muy pocos católicos (sólo hay 13.000 sobre una población de 5,5 millones, o sea un 0,2 por 100), la catedral católica es la parroquia de San Enrique de Helsinki. Teemu Sippo temió celebrar su ordenación episcopal en San Enrique, pues solo caben unas 70 personas en la pequeña iglesia y muchos católicos querían estar presentes.

Se le ocurrió pedir al obispo luterano de Turku, una ciudad al oeste de Helsinki junto al mar Báltico, si le podía dejar la catedral luterana.

Esto alarmó un poco al cardenal Lehmann de Alemania, que presidía la ceremonia, pero se tranquilizó cuando supo que tenía el permiso de Roma y que se trataba de una catedral que fue católica antes de la introducción de la Reforma en Finlandia.

El obispo Teemu Sippo, cuenta en su libro J.M. Cejas, era –es- el primer obispo católico nacido en su propio país, desde 1522, en que murió el obispo Arvid Kurdi. Por eso, la Iglesia católica se la percibe como una iglesia foránea, y la causa de su pequeño número hay que buscarla en las persecuciones.

A la ordenación de Teemo Sippo asistieron diez obispos católicos, junto con “numerosos representantes de otras confesiones”. Ahora del obispo dependen siete parroquias, algunas de ellas a gran distancia entre sí, especialmente en el gélido invierno, y los fieles católicos viven también en zonas muy distantes.

La mayoría de obispos y sacerdotes oriundos del país tienen un origen protestante, pues sus padres eran luteranos, y su paso a la Iglesia católica y posterior ordenación sacerdotal, se hizo a través de órdenes o congregaciones religiosas. Tal es el caso también del obispo de Estocolmo, Anders Arborelius, que es carmelita y también primer obispo nativo; o el obispo de Reykjavik, David Tencer, franciscano menor; o el obispo de Oslo, Bernt Ivar Eidsvig, regular agustino.

El único obispo nativo del clero diocesano es el obispo de Copenhague, Czeslaw Kozon, de origen polaco, actual presidente de la Conferencia Episcopal Escandinava. Curiosamente, la diócesis de Copenhague es la más extensa del mundo, ya que abarca no solo Dinamarca, sino Groenlandia y las Islas Feroe territorios bajo soberanía danesa.

El crecimiento de la Iglesia en estos países es evidente por cuanto hemos dicho antes. Hoy hay ya más fieles y clero autóctono, la jerarquía lo es, se incrementan las vocaciones religiosas, y en estas tierras heladas (y muy frías hacia la religión) se puede decir que empieza el deshielo para la Iglesia católica que vive ya en libertad, muy lejos de las persecuciones de antaño, en que los estados protegían a la única iglesia oficial, la luterana.

De modo muy especial se ve esta primavera en la iglesia de Islandia. Todos los obispos que forman la conferencia episcopal de las diócesis de Escandinavia han declarado el incremento del fervor religioso del pueblo y también de las vocaciones y los medios de comunicación prestan cada vez más atención a la religión y a los hechos religiosos.

Un hecho positivo de este cambio, entre otros, es la llegada a estas tierras de sacerdotes, misioneros y feligreses pertenecientes a distintas instituciones y movimientos eclesiásticos, destacando de modo particular el Camino Neocatecumenal, de Kiko Argüello.

La presencia de familias neocatecumenales – por lo general con muchos hijos—que han ido como misioneros ha roto la visión reduccionista, fría y materialista de la familia y de las relaciones humanas.

Es cierto que entre los católicos hay inmigrantes de otros países, como Alemania, Polonia, Italia y América Latina, pero cada vez más la Iglesia se encarna en las poblaciones autóctonas. Los papas san Juan Pablo II y Francisco han dado un empujón muy importante a la Iglesia católica y al ecumenismo en aquellos países.

Un ejemplo es Marco, hijo de Óscar y Paula, que ya es sacerdote. De las familias católicas empiezan a salir vocaciones a todas partes.

He aquí un párrafo de la reciente Declaración católico-luterana, firmada en Suecia por el papa Francisco y el Obispo Munib Yunan, máximos dirigentes del catolicismo y del luteranismo:

“Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la reconciliación. Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que se recuerda y cómo se recuerda, puede ser trasformado. Rezamos por la curación de nuestras heridas y de la memoria, que nublan nuestra visión recíproca”.

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