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¿Por qué usar el sacaleches en el trabajo sigue siendo un dilema?

Pilin Petunyia | iStock

Manual breast pump, mothers breast milk is the most healthy food for newborn baby

Aleteia For Her - Grace Stark - publicado el 18/01/17

Décadas de investigación dicen que la lactancia beneficia mucho a la sociedad. Pero muchas empresas norteamericanas siguen ignorándolo

Quiero hablarles de dos mujeres que conozco.

La primera, mi amiga Patricia, era entrenadora personal en su asociación cristiana YMCA local cuando sus dos hijos mayores todavía eran lactantes. Recuerda con cariño la atmósfera de apoyo que le ofrecía la asociación y cómo era capaz tanto de amamantar a sus hijos como de usar el sacaleches con facilidad en el lugar de trabajo, dada la existencia de varias habitaciones y otras facilidades (incluyendo una enfermería enorme con ese uso exclusivo), junto a las otras muchas madres primerizas o recientes que trabajaban allí.

Mi otra amiga, Meara, es enfermera titulada y matrona. Cuando nació la hija de Meara, ella estaba decidida a usar el sacaleches en el trabajo. Por desgracia, el entorno del hospital fue mucho menos comprensivo de lo que cabía esperar, lo cual desencadenó una serie de situaciones embarazosas para Meara, que culminaron con su incapacidad para seguir usando el sacaleches en el trabajo.

Recuerda en particular las quejas anónimas que habían recibido sus supervisores sobre el hecho de que se extrajera leche, discretamente cubierta, en la sala de descanso del personal (el único lugar disponible para usar el sacaleches con relativa privacidad), por lo que llegó un momento en que se vio forzada a entregar cierto informe al próximo enfermero tras su turno con la bata manchada de leche, y delante de un paciente, debido a que no pudo hacer uso de su pausa para bombear leche. Y todo esto sucedió en un lugar que la mayoría de nosotros pensaría que sabría entender y conciliar las responsabilidades de una madre en su entorno laboral: el pabellón de natalidad de un hospital.

Al margen de las profesiones concretas de cada una, ¿adivinan ustedes qué historia es la más común en Estados Unidos?

Exacto, la de Meara. Por desgracia, la experiencia de Patricia no es la norma para la mayoría de las mujeres en EE.UU. De hecho, es sorprendentemente rara. Y es que ser una profesional con un buen trabajo, e incluso con beneficios sanitarios razonablemente buenos, a menudo no garantiza disponer del tiempo suficiente para dar el pecho en casa, y tampoco la posibilidad de usar el sacaleches cómodamente en el trabajo; y todo esto a pesar de que la lactancia es una parte importante y natural del desarrollo sano de un bebé.

De hecho, las posturas expertas en relación a la lactancia son claras y, para ser sinceros, bastante unánimes: la Academia Americana de Pediatría (AAP), el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG), los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, de EE.UU.) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han recomendado que las madres den el pecho de forma exclusiva a sus hijos durante los primeros 6 meses de vida del infante, con un periodo extendido de lactancia de entre 6 meses a un año o incluso más.

La superioridad nutricional claramente definida de la leche materna frente a la leche maternizada sintética valida estas recomendaciones por parte de las instituciones sanitarias. Sin embargo, la estadística dice que son pocas las mujeres estadounidenses que dan el pecho a sus hijos como forma exclusiva de alimentación durante el periodo óptimo de lactancia.

Excluyendo a las mujeres incapaces de dar el pecho por razones físicas o médicas (y a las que nadie puede culpar por esta incapacidad), sigue habiendo cientos de miles –tal vez millones– de mujeres estadounidenses que desean amamantar a sus hijos pero que, debido a las condiciones laborales y la actitud de la sociedad respecto a la lactancia, se les impide.

“Tras la prohibición de que usara el sacaleches en ningún lugar del trabajo, se vio obligada a fichar para poder abandonar su puesto y andar 15 minutos hasta la biblioteca local para bombear la leche allí”.

Además, las mujeres que más a menudo se ven afectadas por estas políticas son madres que necesitan trabajar imperiosamente para mantener a sus familias, porque las madres con menos ingresos están ligadas a políticas laborales menos flexibles que las de mi amiga Meara o las de otras mujeres con salarios medios o elevados. (Un factor éste que quizás haya contribuido a la disparidad histórica en la tasa de lactancia estadounidense entre madres de estatus socioeconómico alto y bajo).

Consideren esta tercera historia de otra madre primeriza, a la que no conozco personalmente, pero que apareció en las noticias hace unos años a raíz del motivo que nos ocupa. En la infame investigación del Departamento de Trabajo de EE.UU. a McDonald’s en 2012, una mujer se veía forzada a usar el sacaleches en el cuarto de baño del restaurante a falta de una mejor opción. Pero luego el gerente prohibió a la mujer usar el sacaleches en cualquier lugar del restaurante, lo que la obligaba fichar para poder salir, andar 15 minutos hasta la biblioteca local y bombear la leche allí.

Aquel paseo hasta la biblioteca no es un simple inconveniente, es una injusticia. El hecho de que las familias con menores ingresos a menudo sean menos capaces de dar el pecho a causa de entornos laborales inflexibles podría contribuir a acentuar el deterioro a largo plazo de la salud de madre e hijo, con incluso implicaciones de gran alcance que afecten a su éxito, bienestar y calidad de vida en general en el futuro.

Por supuesto, hay empresas y entornos laborales mejores que otros a la hora de apoyar la actividad lactante de las nuevas madres. Aunque la reputación de McDonald’s no reluzca mucho tras aquel incidente en 2012, otras grandes empresas sí están haciendo mejoras: American Express, IBM, Netflix y Target han saltado todas a los titulares por haber implementado políticas que favorecen la lactancia; políticas que o bien conceden a las madres nuevas más días libres para estar en casa y dar el pecho, o bien facilitan a las madres activas el usar el sacaleches dentro y fuera de casa. No obstante, en su mayoría, estas son excepciones a la norma y para nada la costumbre.

Todavía queda mucho camino por recorrer hasta que todas las madres se sientan empoderadas y apoyadas en su decisión de dar el pecho. Todos juntos debemos construir una sociedad que facilite la lactancia, donde las madres se sientan cómodas dando el pecho a sus hijos en cualquier lugar. Un buen comienzo sería, sin duda, promover una visión más sana y menos sexualizada de los pechos de la mujer.

Con todos los beneficios derivados de la lactancia para el bebé y la madre, nuestra sociedad haría bien en fomentar políticas laborales y en los espacios públicos que permitan que el dar el pecho o el usar el sacaleches sean opciones viables para todas las madres, tanto las que se quedan en casa como las que se desplazan por su trabajo. Así que empecemos a hablar del tema a nuestros empleadores y a nuestros representantes políticos. Porque ni pequeñas ni grandes empresas deberían poder ignorar este memorando.

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