Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
jueves 16 septiembre |
San Cornelio y san Cipriano
home iconEspiritualidad
line break icon

Dios también calla ante mi vida

Carlos Padilla Esteban - publicado el 14/01/17

Aunque mi forma de entregarme no sea tan gloriosa como la de los mártires

Dios siempre está a mi lado aunque tantas veces no logre entender lo que quiere para mí. A veces Dios calla. A veces Dios habla. Hace unos días pude ver una película controvertida: Silencio. Una película conmovedora que no deja indiferente. Voces a favor. Voces en contra. Una película basada en una novela histórica que relata la vida en Japón de los cristianos perseguidos en el siglo XVII.

Comunidades de cristianos que vivían en secreto, ocultos, anhelando la presencia de un sacerdote, la vida de los sacramentos. Con el miedo grabado en el alma, el miedo a ser descubiertos. Con el miedo de ser débiles y caer en apostasía, por temor a la muerte. Y a veces parece que Dios guarda silencio en medio de las cargas pesadas que soportan esos cristianos valientes.

Narra la película la vida de tres sacerdotes jesuitas portugueses. Los fuerzan a apostatar para salvar así la vida de los cristianos que iban a ser ejecutados si no lo hacían.

¡Qué decisión tan difícil cuando mi corazón me dice que la fidelidad del martirio es la única salida! Y tantas veces me emociono recordando la vida de los mártires. ¡Qué fácil juzgar a otros cuando caen y no son fuertes! Cuánto dolor. En medio de esta lucha interna en la conciencia de cada hombre Dios habla, Dios calla, Dios está presente.

Rezaba así un sacerdote: “Señor, no me dejes más tiempo abandonado. No me dejes seguir en esta situación imposible. ¿Te resignas a ser un héroe anónimo, Sebastián? ¿No será que buscas la muerte, no como un verdadero martirio oculto, sino con el único fin de satisfacer tu vanidad? ¿Para que los cristianos te alaben, para que vengan a rezarte, para que digan: – Aquel padre era un santo?”[1].

La gloria del martirio. La infamia de la caída. Y en medio de las dudas toma el sacerdote esa decisión tan difícil de vivir esclavo en Japón con la carga de haber negado a Jesús. Sin dejar de amarlo en silencio. Habiéndolo negado en el exterior. Sufriendo la culpa. Y con fe amándolo en silencio. En lo oculto del alma.

¡Qué fácil juzgar el pecado del otro! ¡Qué fácil condenar al débil por su debilidad! No creo que pretenda la película justificar la apostasía. No la defiende. No la recomienda para evitar el martirio.

Quiero mirar con respeto infinito la conciencia de cualquier hombre. Sin ensalzarlo. Sin condenarlo. La apostasía es lo que es. Negar a Cristo en voz alta.

Después de haber caído, el sacerdote protagonista, se encuentra con un pecador que ya había caído antes que él. Siente la culpa y le pide confesión. Y en ese encuentro en la debilidad, el sacerdote oye la voz de Dios en su alma. Vuelve a ser fuente de misericordia. Qué indigno se siente. Y comprende que Dios siempre ha estado a su lado. Nunca le abandonó.

Me conmueve la debilidad de los hombres, mi propia debilidad. Al sentirme débil comprendo la necesidad que tengo de buscar la fuerza de Dios, su mirada. No soy fuerte. No quiero pensar que todo depende de mis fuerzas. No creo en una santidad lograda a base de lucha, de voluntad heroica.

Vivo en una cultura que acentúa mi búsqueda egoísta de la felicidad. Cada uno a lo suyo. Cada uno siendo fuerte. Sin errores, sin debilidades. Como queriendo salvar la propia vida.

Pero Jesús vino a dar su vida por mí. Cargó con mi culpa, con mi pecado, con mi debilidad, con mis negaciones. Se subió a lo alto del madero por mí. Para que yo dé mi vida con Él, en su poder. Para que no me busque tanto a mí de forma egoísta. Yo primero. Yo ahora mismo.

En el silencio de Dios encuentra eco mi silencio tantas veces. Mi silencio cobarde cuando me callo por miedo a apoyar a otros, a defender a otros. Por miedo a ser condenado como otros.

Mi silencio culpable a veces. Mi silencio inocente otras veces como el de Jesús llevado como cordero inocente a la cruz. Un silencio impuesto a la fuerza. Ese silencio que puede confundir a los hombres, pero no a Dios. Ese silencio que parece lo contrario de lo que es.

El silencio de Jesús es expresión de un amor hondo por mí. La afirmación más fuerte de la vida de los hombres. Su servicio último, callado, sin palabras. Su entrega más generosa. En este mundo que me anima a buscar sólo mi felicidad, mi independencia, mi libertad, brilla la entrega de Jesús. P

ero yo quiero ser independiente y entonces me aíslo. Quiero ser libre y huyo lejos de todo compromiso. No quiero ataduras. Y entonces sufro menos, porque no amo, porque no me comprometo. Pero mi corazón quiere amar. Quiere amar hasta dar la vida.

Aunque mi forma de dar la vida no sea tan gloriosa como la de los mártires. Aunque mi vida no sea reconocida digna de admiración. Sólo a los ojos de Dios valgo más. Y el silencio de mi entrega no gloriosa vale la pena.

Esa vida que parece cobarde y débil. Esa vida que Dios me pide es donde se manifiesta su amor. Donde se juega mi generosidad. En esa vida en la que amo a Dios y a los hombres torpemente.

Yo no quiero vivir sin dar la vida. No quiero tampoco el elogio y el reconocimiento de una vida gloriosa. Me basta con que Dios me mire y se conmueva en silencio ante mí, al ver mi sí pobre y débil. Eso es lo importante.

Por eso no quiero buscarme a mí mismo. No quiero buscar mi felicidad, mi paz, mi santidad, en una carrera egoísta. Quiero amar, comprometerme, vincularme. Quiero aprender a renunciar por amor a otros.

[1] Shusaku Endo, Jaime Fernández, José Fernández, Silencio (Narrativas Históricas)

Tags:
fesilencio

Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
1
Arthur Herlin
Una biblia hallada en un infierno
2
Claudio de Castro
La oración que rezo después de comulgar
3
SINDONE 3D
Lucandrea Massaro
El Hombre de la Sindone, reconstruido en 3D: ¡Son verdad los Evan...
4
Ary Waldir Ramos Díaz
Papa Francisco: «Este vuelo tiene algo de despedida…»
5
EUCHARIST
Philip Kosloski
Esta hostia eucarística fue filmada sangrando y latiendo como un ...
6
Ary Waldir Ramos Díaz
El Papa al clero: «Por favor ¡no más homilías largas de 40 minuto...
7
IMAGINE
Angeles Conde Mir
El Vaticano hace las paces con “Imagine” de John Lennon
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.