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En la Constitución de la Ciudad de México cabe todo

© Marko Vombergar-ALETEIA
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Desde la eutanasia hasta los "matrimonios homosexuales"

La República Mexicana se componía, hasta 2016, por 31 estados y un Distrito Federal. En él se asentaban el Poder Ejecutivo y los poderes de la Federación. Ciertamente, estaba en desventaja en cuanto su gobierno interno. Pero todo cambió. Ya son 32 estados. Y el Distrito Federal es ahora el Estado Ciudad de México o CDMX.

Al conmemorarse este 2017 el primer centenario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (5 de febrero de 1917, emitida en Querétaro), la CDMX ha querido celebrarlo emplazando a un enorme grupo de intelectuales, políticos y artistas –la mayor parte de izquierda, pues la izquierda la gobierna desde 1997— para darse a sí misma una Constitución.

Y en ella, al parecer, cabe absolutamente toda la agenda “progresista” de la izquierda mexicana, comenzando con los llamados matrimonios homosexuales hasta la eutanasia, pasando por el uso de la marihuana y la legalización del aborto hasta las 12 semanas de vida del “producto” (cosa que se viene realizando desde hace 9 años y medio en la capital, como único lugar en toda la geografía mexicana y donde ya llega, según la revista mexicana Proceso a cerca de 200.000 abortos legales practicados).

La Constitución de la Ciudad de México debe estar lista –a más tardar— el próximo 31 de enero. Y eso hace que se trabaje a marchas forzadas. Por ejemplo, en el caso de la eutanasia, que ya fue aprobada por 60 por ciento de los votos de los hacedores del texto. De aprobarse finalmente, elevará la eutanasia, por vez primera, a rango constitucional en el país.

¿Vida digna = a muerte digna?

Hasta el momento, el texto de los constituyentes de la CDMX, dice, entre otras cuestiones, que el derecho a la determinación y al libre desarrollo de una personalidad, “deberá posibilitar que todas las personas puedan ejercer plenamente sus capacidades para vivir con dignidad”. Y apunta: “La vida digna contiene, implícitamente, el derecho a una muerte digna”.

La CDMX fue la primera en América Latina en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo (en 2009) y se puso a la cabeza de las capitales latinoamericanas al aprobar el aborto en un país que, hasta el momento y según lo demuestran las encuestas (hay que recordar que 84 de cada 100 mexicanos se declaran católicos), no lo aprueba.

En un reciente editorial (“Ciudad vegana”, 1 de enero de 2017), el periódico Desde la Fe –órgano del arzobispado de la Ciudad de México— atacó duramente el proyecto de la nueva Constitución diciendo: “Si la Constitución de la Ciudad no consagra el derecho a la vida de la persona, carecerá de legitimidad, no será auténtica y por lo tanto injusta e inmoral; el verdadero fracaso de lo jurídico, es que pudo ser suplantado por ideologías colonizadoras, negadoras de la dignidad humana, que pugnan por hacer de la capital del país el paraíso de la cultura del descarte y de la muerte”.

Y, finalmente, advirtió: “Nadie está obligado a seguir una norma injusta, porque respetar la vida es custodiar a la humanidad misma”.

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