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“Niños cantores de Huancavelica” conquistan los Andes peruanos en Navidad

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Con ritmo y energía festejan en quechua la conservación de sus villancicos tradicionales

Ellos cantan en las alturas. Y llevan hasta el cielo su voz. ¡Alegrémonos!, nos piden en su canto. Así celebran el nacimiento del hijo de Dios. ¡Alegrémonos!. Arrodillémonos ante el bebecito, entonan en su lengua materna (quechua) uno de los villancicos que aún viven en la tradición navideña de la región Huancavelica.

La energía de sus voces busca revalorar el canto andino. Los “Niños cantores de Huancavelica” cantan sin partitura. A más de 4 mil metros sobre el nivel del mar, los pequeños de entre 6 y 12 años de edad, han salido a la palestra para sembrar su cultura en las nuevas generaciones.

El director coral de estos grandes de la música, padre Carlos López busca reconquistar la herencia musical andina de esta población ancestral conocida como los Chobccas. Es por eso que desde hace tres meses con el apoyo de su familia, el grupo coral de los acólitos de la parroquia del Sagrario, Catedral de Huancavelica se propuso deslumbrar al mundo con su canto.

Voces celestiales en los Andes

Quenas, arpas, zampoñas y vistosas panderetas le dan vida a la letra de éste villancico que forma parte de las más bellas y piadosas melodías en quechua, cultivadas por las civilizaciones incas, desde la primera evangelización en el Perú.

“Diospa Churin”, (Hijo de Dios) nos lleva a paso festivo por las cumbres andinas. ¡Huayliajia!. ¡Huayliajia!, danzan los 30 niños. Con una tímida sonrisa festejan la llegada del Niño Dios. Niño Diosmipaqarimun/Belen portal nisqallmapi, huayliajia (en el portal de Belén, nace Niño Dios) . “Estos niños andinos nos regalan los sonidos primigenios de sus afinadas cuerdas vocales”, comenta su director coral para Aleteia.

Huancavelica enclavada en los Andes peruanos, comprende pueblos andinos entre los 2,500 y 5.000 metros de altitud. En épocas virreinales era una zona considerada como fuente minera, actualmente es el departamento más pobre del país. Los campesinos aún deben andar más de 5 horas de camino desde las montañas hasta la ciudad.

Al rescate de la música tradicional

Avanzan al compás de la música todos juntos hacia “Villa Cariño” o también conocido como “Tres Boas” cuenta el padre Carlos que durante la grabación fueron protagonistas del inusual paso del tren. Una legendaria línea férrea que cruzaba el conocido tren macho que “salía cuando quería y llegaba cuando podía”, sonríe el exacólito apasionado por la música, cuya vocación sacerdotal nació entre las montañas y cordilleras de esta ciudad ubicada en el centro del Perú.

“Sólo sigo los pasos de William Dermott Molloy (obispo emérito de la ciudad), conocido entre los pobladores como Demetrio”, narró el inquieto presbítero. El misionero Irlandés logró compilar en el “Gregoriano de los Andes” un selecto grupo de canciones en lengua quechua, que ahora aplauden quienes contemplan el arte de la música sacra en estos niños.

Ataviados con los trajes típicos de la región propios de la cultura Chobccas. Los “quichca machus” o bufones, alegran las escenas navideñas, logradas en hermosos parajes de la ciudad como lo muestra el primer videoclip de estos niños acólitos, quienes sin haber estudiado música, son dueños de una singular tesura musical y un sorprendente registro vocal.

Escuelas musicales en los Andes

Los genios de la música alcanzan los aires para llevar su canto. Con el sonido agudo de sus panderetas llegaron a San Jerónimo divididos en dos grupos. Los niños que representan un nacimiento vivo en la cueva de las “Tres Boas”, cargaron con el tierno niño recién nacido que hacía las veces del niño Jesús.

La música y el canto son la mejor puerta que estos niños y adolescentes han podido encontrar para conocer a Jesús. La “Escuela de música Santa Cecilia” por ejemplo es uno de los lugares donde varios de ellos hoy presbíteros cultivaron el amor a Dios.

“Hasta el momento hemos conseguido la donación de dos órganos de tubos y un piano” comenta el sacerdote, quien vive entusiasmado con la implementación de una escuela de formación musical para los niños de la región.

Mientras las condiciones de vida para estos niños no llaman la atención de las autoridades gubernamentales su canto será escuchado por cientos de turistas y amantes de la música sacra, quienes reconocen en los pequeños cantores, talentos invaluables de la milenaria cultura peruana que se debe preservar.

 

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