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Cuando Dios parece ausente: encontrar esperanza y ayuda para la depresión

Luca Pierro | Stocksy United
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Luchar contra la depresión siempre es difícil, pero especialmente durante Navidad. 5 consejos para ayudarte a ti o a un ser querido a superarla

“Es demasiado”, decía entre sollozos, sin apenas controlar la respiración. Mi madre se acercó y cogió a mi pequeño Jordan de mis brazos para que mi marido Carey pudiera abrazarme entre los suyos.

Era el Día de Navidad de 1999 y mi familia de tres —Carey, Jordan y yo— estábamos visitando a mis padres. Yo había salido hacía poco de terapia, después de meses luchando contra unos demonios que me llevaron a un episodio grave de depresión posparto. Pocas semanas antes, a mediados de noviembre, mi querida abuela “Nanaw” había muerto de repente de un ataque cardíaco.

Y ahora, sentada en el suelo con Jordan en mi regazo, las cálidas lágrimas corrían por mi cara. Carey acababa de recibir una llamada telefónica haciéndonos saber que la hija de un amigo cercano había muerto en un accidente de coche.

Yo ya tenía mis propios problemas para avanzar con las preparaciones habituales de Navidad, entumecida por el dolor y la conmoción. Y con la llegada de aquella triste llamada telefónica, mi pena caló más hondo si cabe.

Teníamos que regresar a nuestra iglesia, donde Carey era el ministro de la juventud, para asistir al funeral de una adolescente cuyos padres eran unos amigos apreciados de mi familia.

No puedo soportarlo”, decía mientras Carey me confortaba. Me sentía completamente exhausta: emocional, espiritual y físicamente. Atravesé los días siguientes como envuelta en una densa niebla.

Aquello sucedió hace casi dos décadas, pero hay momentos en que aún me llegan notas de la misma tristeza, sobre todo con la llegada de las fiestas. El dolor no entiende de tiempo ni de personas, y a menudo la temporada navideña, con todo su jolgorio y sus listas gigantescas de cosas que hacer, magnifica esa melancolía.

Sea cual sea nuestro trabajo o estatus familiar, las mujeres en particular sentimos con frecuencia la sobrecarga de las expectativas y las presiones en esta época del año. Sobre todo si el dinero aprieta. Además, persistimos en nuestros pensamientos sobre los seres queridos que nos faltan, a quienes añoramos y deseamos que siguieran con nosotros para compartir estos momentos con nosotros.

Así que, aunque pueda sonar contrario al sentido común, a veces esta época de júbilo enciende exactamente el sentimiento opuesto. Y esta misma tristeza puede desembocar en culpabilidad, por no mantener “el espíritu navideño”, lo cual no hace sino empeorar las cosas.

Las canciones alegres que salen de los altavoces de las tienda y de los coches parecen burlarse de nosotros; el bebé en el pesebre lo sentimos increíblemente lejos; y la paz y el amor de Dios parecen ser exclusivos de los demás, y no para nosotros.

Lisa Velin, terapeuta profesional, afirma: “Para muchas personas, la temporada navideña es una época en la que se sienten como ‘forasteros’. Todos parecen rodearse de amor y calidez, mientras que tú sientes soledad, frío y oscuridad. Mientras visitas las tiendas para hacer algunas compras navideñas, vas a fiestas de trabajo e incluso entre los bancos de la iglesia, repleta de personas cantando villancicos, no te puedes sacudir ese sentimiento de depresión profunda y oscura. Es un sentimiento que parece reforzarse dentro de ti con creciente intensidad, incluso cuando exteriormente sigues la dicha de las celebraciones”.

En caso de que tú o un ser querido estéis pasando por un momento difícil o sufriendo depresión, aquí tienes algunas estrategias de superación para la temporada navideña y más allá:

1. Busca ayuda

Si sientes que te ahogas, agárrate a un salvavidas. Llama a un terapeuta, un médico o un consejero espiritual piadoso… y sé sincero con tus sentimientos, por horribles que sean; diles la verdad si piensas en autolesionarte o si no tienes fuerzas para salir de la cama.

Acepta la ayuda que te ofrezcan con gratitud. Hay que ser muy valiente para ser vulnerable, pero la recompensa —menos aislamiento, intervención médica, terapias salvadoras— merece la pena. Si la primera persona con quien hables no te toma en serio, pide ayuda a otra persona. Querido amigo, querida amiga, TÚ mereces la pena.

Ocultar tus emociones —en particular las malas— en tu interior puede llevarte a un ciclo vicioso de aislamiento. Un estudio dirigido por Sanjay Srivastava, de la Universidad de Oregón, descubrió que los estudiantes universitarios que suprimían sus emociones sentían “menos apoyo social, menos satisfacción en sus vidas sociales y experimentaban problemas a la hora de acercarse a los demás”.

2. Ofrece ayuda

Hacer regalos a los demás levanta el ánimo, dice Angie Logozzo. “Me encanta cocinar y compartir lo que cocino con los demás”. Plantéate participar en un voluntariado, aunque sea por unas horas. Hay estudios que muestran que dar de nosotros mismos no es solo bueno para los demás, sino que también contribuye a nuestra propia felicidad y bienestar.

La asesora de administración Sharon Durling está de acuerdo: “Disfruto yendo a un centro de ancianos a hacer visitas, o reuniendo gente para ir a cantar villancicos. Es lo MEJOR. El objetivo es contactar con alguien que tal vez esté un poco más triste o desubicado que tú. ¡Hay muchas personas así y no son difíciles de encontrar!”.

3. Rodéate de la Palabra

Durante mis peores meses, encendía la radio para poner música cristiana, que me recordaba las promesas de Dios. También copiaba versículos de las Escrituras con la palabra “esperanza” o paz” en tarjetas y las colocaba por toda mi casa. Pegué una en la puerta del frigo, colgué otra sobre el cambiador del bebé e incluso una en el salpicadero de mi coche.

Leer pasajes bíblicos en pequeñas dosis me ayudaba a centrarme en los planes que Dios tiene para mí y en aquello que ya me ha otorgado. También me ayudaba a poner en su sitio las mentiras que había cometido el error de creer (como que “no soy una buena madre” o que “Dios no puede amar a alguien como yo”) y las reemplazaba con verdades eternas.

El asesor Michelle Nietert afirma: “Me ayuda abrir mi corazón a Dios en la oración y en un diario”. Y la oradora Sandy McKeown añade: “Tener una charla de corazón a corazón con el Señor, comenzando por agradecerle todo lo que me ha dado, es parte de mi plan cuando estoy deprimida”.

4. No esperes que los demás te entiendan por completo

Cuando atravesaba mi depresión posparto, mi marido era dulce conmigo, pero estaba confundido. Pensaba que podría recuperarme “rápidamente” porque ni él ni su familia habían experimentado nunca la enfermedad. Ahora, años más tarde, vuelve la vista atrás y se da cuenta de que podría haber sido más comprensivo.

No le culpo, pero habría estado bien tener un compañero que empatizara conmigo en vez de adularme. Por eso recomiendo encarecidamente los grupos de apoyo y los terapeutas. Tener a tu alrededor gente que te entienda de verdad cuando estás en tu peor momento es un alivio inmenso.

De esta forma, puedes bajar la guardia completamente durante unas cuantas horas a la semana y compartir tus pensamientos y sentimientos más profundos. Una libertad así es sanadora.

5. Concédete gracia

Atravesar el valle de la depresión requiere esfuerzo y tiempo. Posiblemente sea uno de los viajes más arduos de tu vida. Cada vez que puedas, haz cosas que te gusten por tu propia diversión: date un baño de burbujas mientras lees una revista; regálate una buena pedicura; ponte una película intrascendente (con palomitas de mantequilla).

La escritora y locutora de radio Rebecca Carrell afirma que “cuando mis pensamientos parecen descontrolarse, me centro en los elementos físicos que marcan la diferencia, como hacer ejercicio, comer sano y dormir lo suficiente”.

Y hablando de dormir, la falta de descanso debido a los horarios apretados puede amplificar la depresión. Linda Morgan explica: “Cuando algo me abruma, me doy permiso para llorar hasta que lo he llorado todo (…). Luego decido que mi cerebro se ponga en modo off y me voy a la cama, y así reinicio mi estado de ánimo”.

El cuidado personal es algo que tampoco deberíamos ignorar, en especial cuando golpea la depresión. Así que puedes reservar una cita para un masaje, o leer una novela o dar un largo paseo en la naturaleza. A medida que descubras las acciones concretas que te ayudan más, conviértelas en una prioridad regular durante las fiestas o la época que te deprima.

Por último, has de saber que sea lo que sea lo que te digan tus emociones, nunca jamás estás solo; nunca jamás estás sola.

La buena noticia de la Navidad es que el mismísimo Dios que formó el cosmos descendió a la humanidad. Jesús renunció a un trono celestial para reconciliar a sus descarriados hijos consigo mismo a través de un tremendo acto de gracia y misericordia. Este mismo Padre celestial está a una oración de distancia. Y Él anhela habitar contigo y dentro de ti.

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