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Los narcotúneles hacen porosa la frontera entre México y EE.UU.

U.S. Army photo by Maj. Randall Stillinger-cc
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Y por ellos no sólo circula droga...

El muro fronterizo que propone construir el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, para detener el paso de drogas y de terroristas y criminales procedentes de México, podría ser un elefante blanco de 25 mil millones de dólares.

¿Por qué? Porque la frontera ha sido, desde hace mucho tiempo, taladrada por túneles de alta tecnología que los narcotraficantes mexicanos han construido con el dinero de la venta de droga, justamente, a Estados Unidos, convirtiendo esta frontera –sobre todo en el lado occidental— en una frontera porosa.

Entrar y salir de un país a otro

La última contabilidad habla de, al menos, 190 túneles construidos bajo la frontera, sin capacidad de detección por parte de la Patrulla Fronteriza y, en algunos casos, con la participación directa de las mafias que controlan la venta de droga en Estados Unidos.

El costo-beneficio para las organizaciones criminales mexicanas es altísimo. Porque cerrar un narcotúnel –como se les ha bautizado en México—cuesta a las autoridades estadounidenses entre 400.000 y 700.000 dólares, mientras que a los narcotraficantes les reportan ganancias astronómicas… hasta que llega el final de su “vida útil”.

De acuerdo a los datos que posee la propia Patrulla Fronteriza, cada túnel tiene una longitud de entre 400 y 800 metros y está dotado de ventilación, electricidad y un sistema de rieles muy parecido al que opera en las minas. Tiene una entrada en México y una salida en Estados Unidos, generalmente en casas deshabitas, obviamente con pisos falsos.

Hasta debajo del Río Bravo

Un número considerable de narcotúneles, el 95 por ciento de ellos, han sido construidos debajo de la línea fronteriza de Baja California y Sonora con los estados de California y Arizona.

La presencia del Río Bravo en la frontera entre Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas con Texas, hace más difícil cavar un túnel debajo del lecho del río. Pero ya se han descubierto un par de estos túneles en el Estado de Tamaulipas, medio metro por debajo del Río Bravo.

La profundidad promedio es de 14 metros debajo de la tierra y en 2016, coincidiendo con la recaptura de “el Chapo” Guzmán y con su posible extradición a Estados Unidos (en estos momento se encuentra en un penal de alta seguridad en Ciudad Juárez, frontera con El Paso, Texas), se han descubierto un número récord de seis narcotúneles.

“El Chapo”, el rey de los suelos

Los narcotúneles se hicieron famosos a nivel mundial cuando el máximo narcotraficante mexicano Joaquín “el Chapo” Guzmán mandó construir uno para salir del penal de alta seguridad del Altiplano en el Estado de México el 11 de julio de 2015. Aunque fue recapturado meses después, la “tecnología” de sus “ingenieros” causó sensación, miedo y rechazo público.

Porque, si bien, “el Chapo” no inventó los narcotúneles (el primero que fue descubierto por las autoridades fronterizas de Estados Unidos fue en Douglas, Arizona, en 1990), es el cártel de Sinaloa (el que comandaba “el Chapo”) quien mayor número de túneles ha construido en la frontera, y el que ha “perfeccionado” esta modalidad de tráfico de estupefacientes.

Algo más que droga

Y no nada más es droga lo que circula por estas vías ilegales. También circulan personas y armas. Esto los convierte en un suculento platillo para las mafias internacionales de trata de personas, a menudo asociadas con el crimen organizado y el narcotráfico.

El presupuesto de la autoridad fronteriza estadounidense para detectar y sellar los túneles es muy limitado. Y podría ser más limitado si el presidente electo y su equipo se empeñan en “sellar” la frontera con México a partir de un muro.

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