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La Janucá, explicada a los cristianos

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Este año, Janucá y Navidad caen el mismo día, pero ¿en qué consiste esta fiesta judía?

Hannukah (también escrito, simplemente, “Jánuca”), el “festival de las luces”, literalmente significa “dedicación”: se trata de la fiesta que recuerda la dedicación del Templo en Jerusalén.

En el siglo II antes de Cristo, Tierra Santa fue gobernada por los seléucidas (greco-sirios), que intentaron forzar a los israelitas a adoptar del todo no sólo la cultura griega sino además sus creencias religiosas. Eran tiempos en los que el rey sirio Antíoco III había vencido al rey egipcio Ptolomeo, arrebatándole así la posesión de la tierra de Israel, anexándola así al imperio seléucida.

Pero el imperio seléucida, por su parte, estaba siendo también golpeado por el imperio romano, especialmente en el bolsillo, cobrándole altos impuestos que, al final del día, tenían que ser pagados por los súbditos de Antíoco. Cuando éste murió, su hijo, Seleuco IV, heredó no sólo el imperio sino también las deudas contraídas con los romanos.

Así, Seleuco no consiguió otra salida sino la de imponer impuestos aún más pesados contra sus súbditos. Entre ellos, desde luego, los judíos. De hecho, Seleuco intentó incluso tomar para sí el dinero del impuesto pagado al Templo, sin éxito.

Pero si Seleuco era codicioso, comparado con su hermano Antíoco IV, no era sino simplemente un regente más o menos opresivo. De hecho, Antíoco IV es conocido simplemente como “el loco” (Epimanes). Decidido a unificar su imperio con una sola cultura y una sola religión, arremetió contra el Templo de Jerusalén, cambiando sus autoridades.

Aunque Antíoco estaba venciendo abiertamente en una guerra contra Egipto, Roma le ordenó que se detuviera, y tuvo que hacerlo. Mientras tanto, en Jerusalén corría el rumor de que, por el contrario, había sufrido un accidente, y la gente aprovechó para rebelarse en contra de la nueva autoridad del Templo, quien huyó de la ciudad.

Desde luego, lo que menos podría gustarle a Antíoco (como a cualquier gobernante totalitario) era una revuelta en su contra. Al volver a Jerusalén, furioso como estaba por la injerencia romana en sus asuntos, y al enterarse de la revuelta, ordenó que su ejército cayera contra los judíos.

Miles fueron asesinados, y toda costumbre y culto judío fuero prohibidos terminantemente, so pena de muerte. Los rollos de la Torá fueron confiscados y quemados. Antíoco y su ejército fue pueblo por pueblo y villa por villa forzando a sus habitantes a rendir culto a los dioses griegos.

Pero los judíos, conducidos por Judá “el Macabeo”, derrotaron eventualmente a las fuerzas de Antíoco, y liberaron Jerusalén, purificando el Templo.

Aquí empieza, finalmente, la historia del “festival de las luces”. Cuando los Macabeos comenzaron la purificación del Templo, se dieron cuenta de que sólo una pequeña ánfora de aceite quedaba sin contaminar. El aceite en ella apenas si rendiría para un día.

Habiendo construido una Menorá (candelabro) para sustituir la que los seléucidas se habían robado del templo, procedieron a encenderla y, milagrosamente, el aceite rindió no sólo para ese día, sino que la llama ardió durante ocho días, cuando ya había más aceite purificado disponible.

Así nació la principal costumbre de la festividad, que es la de encender, progresivamente, un candelabro de ocho brazos (más uno adicional, un brazo “piloto”), llamado “Januquiá” o “Menorá de Jánuca”.

Este año, Janucá y Navidad caen el mismo día pero no, Janucá no es, para nada, “la Navidad judía”. La historia, como hemos dicho –para quien quiera leerla en detalle- está narrada en la Biblia, en el libro primero de Macabeos.

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