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Siria; la ONU votará una resolución para desplegar observadores en Alepo

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“Las víctimas de la violencia en Siria son todos los sirios, musulmanes y cristianos. Y quienes sufren son sobre todo los pobres, los que no han tenido la posibilidad de escapar”. Mientras continúa, entre mil dificultades, la evacuación de la población de los distritos del este de Alepo controlados desde hace años por las milicias rebeldes en gran medida de tendencia yihadista, el padre Jacques Murad, monje sirio de la comunidad de Deir Mar Musa, subraya en una declaración concedida a la Agencia Fides que una reconciliación verdadera llevará mucho tiempo, y sólo será posible, evitando las múltiples interpretaciones y manipulaciones en clave sectaria del sufrimiento indescriptible causado por estos cinco años de conflicto.

“Las atrocidades de la guerra”, remarca el padre Murad, “han infligido torturas a todas las comunidades, a las personas de todas las creencias. Las primeras víctimas del Daes (auto-proclamado Estado Islámico) han sido musulmanes sunitas. En este sentido, considero que es inapropiado decir que hay un “genocidio” en curso de los cristianos de Oriente Medio. Sin duda, las comunidades cristianas que viven en esas tierras desde los inicios de la anunciación del mensaje cristiano se han visto atacadas”, continúa el p. Murad, “pero no es justo y no conviene presentar a los cristianos como las únicas víctimas de la guerra. Esto sólo aumentaría el sectarismo”.

En opinión del Monje siro-católico, la reconciliación llevará tiempo: “Debemos pedir antes que nada que Dios haga un milagro y sane estas heridas mortales. Nosotros, como cristianos, podemos hacer algo importante: en este momento, a pesar de las dificultades que estamos atravesando, podemos mostrar nuestra solidaridad hacia nuestros hermanos musulmanes que han sufrido como nosotros y más que nosotros. Así ayudaremos a las comunidades cristianas de Oriente Medio a permanecer en las tierras en las que han estado enraizadas desde siempre”.

Mientras tanto, en Nueva York, hoy a las 9 (hora local), el Consejo de Seguridad de la ONU se prepara para votar el texto de una resolución que pide el despliegue de observadores de las Naciones Unidas en Alepo para garantizar la entrada de la ayuda humanitaria y la evacuación de la población y de las milicias rebeldes que sigue estando en los barrios del este de Alepo, reconquistada por el ejército del gobierno y sus aliados. Esta mañana ha continuado la evacuación de civiles y milicianos de los distritos del este de Alepo, y al menos mil personas han abandonado la ciudad en caravanas de autobuses verdes directos a las zonas fronterizas colindantes con Turquía.

El padre Jacques Mourad actualmente se encuentra en Suleimaniya, en el Kurdistán iraquí, donde lleva a cabo su ministerio sacerdotal con muchos cristianos desplazados desde la Llanura de Nínive, que huyeron ante el avance de los yihadistas del Estado Islámico. En mayo de 2015, los milicianos del Daesh lo había secuestrado, tomándolo del monasterio de Mar Elian, en la ciudad siria de Qaryatayn, y lo habían tenido incomunicado durante meses, para luego llevarlo de vuelta a Quaryatayn, después de haberla conquistado, junto con cientos de cristianos secuestrados en la misma ciudad, que como él también había firmado con el estado islámico el «contrato de protección».

“Durante la cautividad” cuenta el padre Murad a la Agencia Fides, “todos los días pensaba que ese sería el último. Durante el octavo día de cautiverio, en Raqqa, un jefe yihadista vino a mi celda y me pidió que considerara mi secuestro como una especie de retiro espiritual. Esas palabras me impresionaron: pensé que Dios utiliza incluso un jefe del Daesh para darme un mensaje espiritual. Estoy seguro de que el compromiso de mi comunidad para ayudar a todos los necesitados de la región de Qaryatayn, tanto cristianos como musulmanes, hizo que todos los 250 cristianos de esa ciudad, incluso después de haber sido deportados por los yihadistas, encontrasen más tarde, la libertad, sanos y salvos”.
 

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