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“La Navidad es acoger a quien desprecia el mundo”

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«Dios ama a los pequeños despreciados por el mundo. Con la acogida cooperamos en el plan de salvación de Jesús». Durante el Ángelus el Papa recordó a los fieles y a los peregrinos que llenaban la Plaza San Pedro, que el «próximo domingo será Navidad», por ello, «en esta semana tratemos de encontrar algún momento para detenernos, para hacer un poco de silencio, e imaginar a la Virgen y a San José, que están yendo hacia Belén: el camino, la fatiga, pero también la alegría, la conmoción, y después el ansia de encontrar un sitio, la preocupación, y así…». En esto, explicó, «nos ayuda mucho el pesebre: tratemos de entrar en la verdadera Navidad, la de Jesús, para recibir la gracia de esta fiesta, que es una gracia de amor, de humildad y de ternura». Y en esos momentos, pidió, «recen también por mí».

En la oración mariana, recitada desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, Jorge Mario Bergoglio evidenció que la liturgia del cuarto y último domingo de Adviento se caracteriza por el tema de la cercanía de Dios a la humanidad. «El pasaje del Evangelio nos muestra a las dos personas que más que ninguna otra fueron involucradas en este misterio de amor: la Virgen María y su esposo José —subrayó Francisco. María es presentada a la luz de la profecía que dice: “He aquí la virgen que concebirá y dará a luz un hijo”. El evangelista Mateo reconoce que lo que sucedió en María, la cual concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo sin la intervención de José». Y «el Hijo de Dios “viene” en su seno para hacerse hombre y ella lo acoge», añadió el Pontífice.

«Así, de manera única, Dios se ha acercado al ser humano tomando la carne de una mujer: Dios se ha acercado —repitió Francisco— al ser humano tomando la carne de una mujer.  También a nosotros, de manera diferente, Dios se acerca con su gracia para entrar en nuestra vida y ofrecernos en don a su Hijo. Y nosotros ¿qué hacemos? ¿Lo acogemos, lo dejamos acercarse o lo rechazamos, lo echamos?  Como a María, que ofreciéndose libremente al Señor de la historia, se le ha permitido cambiar el destino de la humanidad,  así también nosotros, acogiendo a Jesús y tratando de seguirlo cada día, podemos cooperar con su diseño de salvación sobre nosotros mismos y sobre el mundo».

María, pues, se muestra como un «modelo al cual mirar y apoyo sobre el cual contar en nuestra búsqueda de Dios, en nuestra cercanía a Dios, con este dejar que Dios se acerque a nosotros, y en nuestro compromiso por construir la civilización del amor». EL otro protagonista del Evangelio de hoy es San José. «El evangelista pone en evidencia cómo José por sí solo no pueda darse una explicación del acontecimiento que ve verificarse frente a sus ojos, o sea el embarazo de María. Precisamente entonces, en aquel momento de la duda, también del miedo Dios se le acerca con un mensajero suyo y él es iluminado sobre la naturaleza de aquella maternidad: “porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo”. Así, frente al evento extraordinario, que ciertamente suscita en su corazón tantas interrogantes, se confía totalmente en Dios que se le acerca y, siguiendo su invitación, no repudia a su comprometida sino que la toma consigo». Entonces, recordó Francisco, « Acogiendo a María, José acoge conscientemente y con amor a Aquel que ha sido concebido en ella por obra admirable de Dios, para quien nada es imposible».

Por ello, recordó el Pontífice argentino, «José, hombre humilde y justo, nos enseña a confiar siempre en Dios, a dejarnos mirar por Él con voluntaria obediencia». Estas dos figuras, pues, «María y José, que han sido los primeros en acoger a Jesús mediante la fe, nos introducen en el misterio de la Navidad. María nos ayuda a colocarnos en actitud de disponibilidad para acoger al Hijo de Dios en nuestra vida concreta, en nuestra carne. José nos insta a buscar siempre la voluntad de Dios y a seguirla con total confianza». De hecho, «“La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’”.  Así dice el ángel: “Emanuel se llamará el niño, que significa Dios-con-nosotros” o sea Dios cerca a nosotros. Y a Dios que se acerca yo le abro la puerta – al Señor- cuando siento una inspiración interior, cuando siento que me pide hacer algo más por los demás, cuando me llama a la oración. Dios-con-nosotros, Dios que se acerca. Que este anuncio de esperanza, que se cumple en Navidad, lleve a cumplimiento la espera de Dios también en cada uno de nosotros, en toda la Iglesia, y en tantos pequeños que el mundo desprecia, pero que Dios ama y a los cuales se acerca».

Después de la oración del Ángelus en el domingo que precede la Navidad, Papa Francisco invitó a rezar para que «el diálogo en la República Democrática del Congo que se desarrolle con serenidad, para evitar todo tipo de violencia y por el bien del país».

Deseando a todos un feliz domingo, el Papa saludó a los numerosos fieles romanos y peregrinos de tantas partes del mundo que llegaron a la Plaza de San Pedro. En particular, saludó a un numeroso grupo de UNITALSI – Unión nacional italiana de voluntarios para el traslado de personas enfermas a Lourdes y los santuarios internacionales –  que dio vida a un Pesebre viviente con la participación de personas con discapacidades.

Tras agradecer a todas las personas e instituciones que le hicieron llegar sus mejores deseos en el día de su cumpleaños, alentó a acompañar en la contemplación a la Virgen María y a San José en su camino hacia Belén. Y a compartir con ellos sus fatigas, así como su alegría: «El próximo domingo será Navidad. En esta semana tratemos de encontrar un momento para detenernos, para estar un poco en silencio». 

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