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Dios en prisión: Un ministerio de confrontación y misericordia

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Consultor de la prisión para los obispos de Inglaterra y Gales, habla a Aleteia sobre su trabajo y el de los voluntarios parroquiales

Dios está en las cárceles. ¿Y tú? ¿Pudiste visitar a presos en este Año de la Misericordia? Apostamos a que lo considerarás después de ver esta entrevista.

Aún queda esperanza.

Mons. Roger Reader, obispo asesor de prisiones de Inglaterra y Gales.

Es un privilegio trabajar con personas en prisión. Es un entorno extraordinario donde uno pensaría que se ha perdido toda esperanza; en el sentido de que se le dice a alguien que estará en la cárcel quizás durante 5, o 10 años o quizás durante el resto de su vida natural, y se encuentran separados de sus seres queridos, de sus familias y de todo aquello que les importa.

Podrías creer que entonces perderán la esperanza, pero yo creo que en la cárcel hay esperanza, que puede encontrarse esperanza y que es un absoluto privilegio hablar con estas personas, en parte porque para ellos el Evangelio es algo nuevo y fresco. Muchos de ellos tienen un pasado muy secular y sin demasiada educación católica.

El Evangelio por primera vez

Para mí, personalmente, cuando me siento con un prisionero y le hablo de la parábola del hijo pródigo y le guío por las etapas de esta parábola de misericordia, y entonces llego a la parte en la que el hijo menor decide volver con su padre, y entonces cierro el libro y le pregunto ‘¿qué crees que el padre le hizo al hijo?’ Y casi todos responden que le castiga, que le pega… Y cuando les dices que el padre le abraza, que el padre le da la bienvenida al hogar, que el padre le da ropa nueva… Contarle a alguien esa historia, las palabras de Jesús, y que sea la primera vez que la escuchan, es un privilegio increíble.

¿Encontrar fácilmente a Dios?

Diría que es a la vez extremadamente difícil y fácil. No puedes generalizar. Una de las cosas que he aprendido con el tiempo es que no puedes estereotipar. Por mi propia experiencia creo que algunas veces los prisioneros preguntan si pueden venir a misa porque saben que sus amigos estarán allí.

Año de Misericordia

El Jubileo de la Misericordia está demostrando ser muy significativo tanto para los que están en la cárcel como para los que quieren trabajar con prisioneros. El Santo Padre en persona ha dicho que la cárcel puede ofrecer la indulgencia y habla de las puertas de las celdas de los prisioneros como si fueran puertas santas.

El papa y la cárcel

El papa Francisco tiene un gran corazón con los prisioneros y, claramente, en este Año de la Misericordia, uno de los grandes objetivos tiene que ver con los prisioneros, con la piedad, con la labor misericordiosa de visitarles en las cárceles.

El Año de la Misericordia es una oportunidad maravillosa y recibo correos electrónicos de otras parroquias preguntando cómo pueden visitar a las personas en prisión.

Miedo

No es de sorprender que la gente tenga miedo a las prisiones. Quizás fueron víctimas de un crimen. Nunca deberíamos olvidar que por cada persona que hay en prisión hay una, dos, tres… muchas víctimas.

Cuando vienen personas a la prisión para ver si hay algo con lo que les gustara ayudar, obviamente llegan muy nerviosos. Cruzan la puerta y miran a su alrededor y se preguntan qué sucede, escuchan un ruido y se sobresaltan… Y luego les presentas a algunos prisioneros y, al final, un 90% de las personas diría: Pero ¡si son como nosotros! Bueno, es que de hecho son como nosotros.

Oración

Se toman muy en serio la fe en la prisión, significa mucho para los prisioneros y deberíamos estar haciendo más para colaborar con ellos.

La misa es una experiencia muy importante para los prisioneros. Hablan de cómo el ir a misa les abre a la misericordia de Dios, se sienten vinculados con el resto del mundo (…) porque son parte de la Iglesia, son parte del mundo.

La importancia de la oración en sus vidas… ¡La gente se sorprende porque las personas en prisión rezan!

Y tener objetos sagrados, imágenes, un rosario… Les arraiga en su fe, suavizan el corazón del prisionero.

No juzgar

Los prisioneros valoran de verdad el papel pastoral del capellán que les escucha sin juzgarles. A veces me dicen, ‘padre, es la primera vez que alguien me escucha’, y lo repito, es un privilegio inmenso para mí.

Nunca debemos dar por sentada la misericordia de Dios, nunca debemos dar por sentado el amor de Dios.

La prisión son un lugar donde las personas pueden confrontar la verdad, la verdad de lo que han hecho, la forma en que han dañado a la gente, la inmensidad del crimen que han cometido y así su corazón empieza a abrirse a la misericordia de Dios. (…) Nunca podemos poner límites, como seres humanos, a la misericordia de Dios.

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