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¡Canta!: Mi música es tu voz

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Siguiendo la línea de su popular El hijo de Rambow, Garth Jennings ha creado un film de animación musical con vocación popular

Hasta el momento, si por algo se habían caracterizado las producciones de Illumination Entertainment, la empresa creada por Chris Meladandri tras su salida de 20th Century Fox Animation, es por sus espartanos ajustes presupuestarios y, como consecuencia, su capacidad para extraer monumentales beneficios de sus apuestas creativas a pesar de la mediocridad general de su animación –algo convertido en obra de arte en Los Minions, seguramente su peor película y, sin embargo, su mayor éxito de taquilla hasta el momento: casi 1.200 millones de dólares a nivel mundial–.

No obstante, ¡Canta! supone para Illumination un interesante cambio de paradigma, porque, en lugar de confiarle el proyecto a alguno de los realizadores de la casa –como Chris Renaud o Pierre Coffin–, Meladandri le ha dado la oportunidad de adentrarse en el terreno de la animación a un director de imagen real, Garth Jennings, que se ha traído consigo un concepto del relato mucho más compacto, dramáticamente más sólido.

En lugar de la narrativa hiperdependiente del gag tan típica de la compañía, el británico ha dejado que el humor surja con naturalidad, a partir del dibujo que hace de sus protagonistas, y de las situaciones en las que los coloca.

A grandes rasgos, Jennings ha creado una especie de expansión, o al menos una heredera espiritual –no sé si de forma inconsciente o más bien buscada–, de su celebrada El hijo de Rambow. Si allí impelía a un grupo de niños desclasados a encontrar su identidad propia a través de la creación cinematográfica, aquí hace algo similar con los personajes que se entrecruzan en el concurso que organiza el koala Buster Moon (voz original de Matthew McConaughey): todos ellos, en grados y medidas muy distintos, sienten la necesidad de liberar una parte de sí mismos, y acaban lográndolo a través de la expresión musical.

De ahí que, tras sus coloridas imágenes y su llamativa selección de éxitos pop, también haya una cierta reivindicación –si bien menos personal, y también menos sentida que en su anterior largometraje– sobre lo liberador que resulta el acto creativo.

¡Canta! no pretende engañar a nadie: desde el primer momento Jennings deja claro que está hilvanando una feel-good movie destinada a desembocar en un clímax liberador, en el que todos sus protagonistas van a culminar su senda de redención y, por supuesto, van a contar con su momentito de protagonismo –siempre vinculado, eso sí, a un tercero en discordia: el británico pone las relaciones personales por encima de los logros profesionales– en el que emocionar al espectador.

La cuestión es que el director lo asume, y a partir de esos mimbres brinda un producto digno, bien acabado –no tanto a nivel técnico: si se compara, sin ir más lejos, con la reciente Vaiana, el desnivel Disney/Illumination es estratosférico–, que no revolucionará el cine de animación pero tampoco lo intenta.

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