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Rogue One: ¿crear el futuro o revivir el pasado?

Israel Paredes - publicado el 16/12/16

En esa contradicción, quizá, se encuentre el verdadero interés de este spin off

En una de las mejores imágenes de Rogue One: Una historia de Star Wars, Orson Krennic (Ben Mendelsohn) acude a ver a Darth Vader: escuchamos su respiración tan característica y vemos su enorme sombra sobre la pared.

Esa imagen representa bien lo que es la película dirigida por Gareth Edwards, spin off de la saga creada por Georges Lucas y que se sitúa entre los episodios III y IV, es decir, justo antes del comienzo de la película original, narrando, precisamente, cómo se robaron los planos de la Estrella de la Muerte, acción llevada a cabo por un grupo de la Alianza Rebelde encabezado por Jyn Erso (Felicity Jones) y Cassain Andor (Diego Luna).

Edwards, y sus dos guionistas, Chris Weitz y Tony Gilroy, intentan crear una película con personalidad más allá de la iconografía de Star Wars, tomándola en la justa medida para poder desarrollar algo propio. Sin embargo, es un intento antes que un resultado.

Esa sombra a la que hacíamos referencia al comienzo acaba imponiéndose paulatinamente en Rogue One: Una historia de Star Wars, tanto que, según avanza la narración, ciertos apuntes para dotar de entidad propia a la película se van perdiendo por el camino para acabar, al final, claudicando.

Si bien el proyecto de Edwards presenta mayor originalidad y personalidad que el llevado a cabo por J.J.Abrams en Star Wars: El despertar de la fuerza, de J.J.Abrams, ambas películas terminan, cada una de una manera diferente, poniendo de relieve la dificultad, quizá la imposibilidad, de poder desarrollar, ya sea un spin-off o una nueva trilogía, sin caer en una excesiva referencialidad a un universo, el creado por Lucas, cuya potencia visual y la memoria cinéfila creada a su alrededor, pesan demasiado como para obviarlas.

No es de extrañar que, al final de Rogue One: Una historia de Star Wars, los nuevos personajes acaben desapareciendo y que las últimas secuencias conecten directamente con La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza.

Por un lado, a un nivel lógico narrativo –tenía que ser así-. Pero también, por otro lado, porque como esa imagen digitalizada de uno de los personajes originales con los rasgos de la película de 1977 demuestra, como una manera de cierta derrota: por mucho que se quieran crear nuevos personajes y nuevos paisajes, al final, se acaba insoslayablemente regresando a la iconografía original.

Pero a pesar del cierto fracaso de este spin-off por ser algo diferente a la vez que fiel a los esquemas de Star Wars, lo cierto es que la película de Edwards presenta algunos magníficos momentos, como el breve arranque, que resulta falsamente prometedor sobre los derroteros que tomará la película, o toda la batalla final, que posee algunas imágenes de gran épica. Y es posible que se encuentre, en conjunto, por encima de gran parte de los blockbusters actuales.

Pero, entre medias, hay largos momentos en los que se intenta dar consistencia dramática a los personajes, aunque, al final, apenas importa su destino. Su condición de héroes anónimos dentro de un universo de héroes absolutos pierde, como decíamos, fuerza en el momento en el que una imagen, una sola imagen, surgida como nexo de unión, pero también como elemento emocional-nostálgico, acaba derribando por completo esa condición.

Al final, Rogue One: Una historia de Star Wars, usa el digital antes para revivir el pasado que para crear un futuro propio dentro de la franquicia creada por Lucas. Y en esa contradicción, quizá, se encuentre el verdadero interés de la película más allá de su intento de simplemente seguir sacando réditos en taquilla.

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