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Veteranos de guerra de EE.UU. piden perdón a los Sioux por los crímenes de guerra del pasado

Joe Brusky-cc
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El mensaje del Papa Francisco sobre los pueblos indígenas llega a Dakota del Norte

Papa Francisco ha hecho muchos llamamientos y gestos de reconciliación hacia los indios precolombinos por los abusos cometidos contra ellos en la historia. En muchos lugares donde debería haber sido escuchado el mensaje de Francisco no lo fue, pero en otro sitio (inesperado), sí que resonó con un eco emocionante: el pasado 6 de diciembre, un grupo de veteranos militares de Estados Unidos pidieron perdón a los indígenas de la nación Lakota, nativos de la Reserva Sioux de Standing Rock en Dakota del Norte.

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La petición de perdón fue por los crímenes de guerra cometidos en contra de ellos, fue encabezada por Wesley Clark, Jr., hijo del reconocido general retirado y ex candidato presidencial estadounidense Wesley Clark, l. Los militares en retiro fueron recibidos por Leksi Leonard Crow Dog, el líder de la Nación Lakota de Standing Rock.

“Peleamos contra ustedes. Robamos su tierra. Firmamos tratados que hemos roto. Robamos minerales de sus colinas sagradas. Arruinamos con las caras de nuestros presidentes su montaña sagrada.. Y tomamos más tierras, les arrebatamos a tus hijos y luego intentamos tomar su lenguaje e intentamos eliminar su lenguaje, que Dios les dio. No les respetamos. Hemos contaminado su tierra. Les hemos hecho mucho daño en distintas formas, pero hemos venido a decir que lo sentimos. Estamos a su servicio y les rogamos que nos perdonen”, dijo Clark hincado ante el líder Sioux en una emotiva ceremonia.

Los Lakotas, una de las tribus Sioux más importantes, es tristemente famosa por haber sido víctima de una de las masacres de indios más cruentas de la historia de la conquista del Oeste: el 29 de diciembre de 1890, un destacamento del 7º de Caballería rodeó el campamento lakota de Wounded Knee con cañones, y masacró a todos sus habitantes, hombres desarmados, ancianos, mujeres y niños. Encima, los perpetradores fueron condecorados por el Congreso norteamericano con la Medalla al Honor. En 2001, el Congreso Nacional de Indios Americanos pidió que se reconociera públicamente esa matanza.

Public Domain / Wikipedia
El campamento lakota de Wounded Knee, imagen captada a inicios de 1891, tres semanas después de la masacre: los cadáveres seguían tirados en el suelo, sin enterrar

La tierra no nos pertenece

En respuesta, Leksi Leonard Crow Dog tomó el micrófono y exclamó: “Permítanme decir unas palabras de perdón: Paz en el mundo. ¡Paz en el mundo! ¡Paz en el mundo!”

“Daremos un paso. Somos la nación soberana de Lakota. Fuimos la nación y aún somos una nación. Tenemos un lenguaje. Hemos preservado la posición de guardianes, la tierra no nos pertenece. Nosotros pertenecemos a la tierra”, finalizó, tras lo cual los integrantes de la tribu, militares y activistas presentes lanzaron gritos de alegría y se fundieron en abrazos.

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Alrededor de dos mil veteranos militares que participaron en las guerras de Irak, Afganistán y Vietnam, han respondido a la convocatoria de Clark y se han comprometido a llegar desde todas partes del país para defender de manera no violenta a la resistencia indígena ante la construcción de un oleoducto que atravesaba tierras sagradas por debajo del río Missouri en Dakota del Norte.

El gobierno de Estados Unidos anunció que no otorgará permisos para continuar con la obra y que buscará rutas alternativas para el proyecto. Sin embargo, las empresas Dakota Access Pipeline y Energy Transfer han manifestado que seguirán las excavaciones en la zona, seguramente empujadas por el llamado “efecto Trump” del que se han colgado muchos de sus partidarios (y de los que no, también).

Pero el paso está dado. Y la celebración reconciliadora de los veteranos y de los indígenas augura una época de acuerdos entre ciudadanos, al margen de los programas y los proyectos de gobierno. Y de las compañías que solamente respetan sus propias normas.

Siguiendo al Papa Francisco

El 15 de febrero de 2016, el Papa Francisco, en el corazón de la zona indígena del Estado mexicano de Chiapas, en la catedral de San Cristóbal de las Casas (donde más de dos décadas ofició el obispo Samuel Ruiz García, un apóstol de los naturales de México), habló durísimo en contra “del dolor, el maltrato y la inequidad” sufrida por los pueblos indígenas de México (unos 11 millones de personas) y de América (cerca de 55 millones).

En ese espacio privilegiado, ante la presencia de miles de representantes de todas las culturas de Mesoamérica, pidió perdón a los indígenas y animó a que los gobernantes también lo hagan por “excluirlos, menospreciarlos y expulsarlos de sus tierras”. Además, recomendó volver a escucharlos en su relación ancestral con la tierra, para restaurar el orden ecológico, roto en muchas circunstancias (en casi todas) por la ambición del hombre “civilizado”.

Papa Francisco también quiso tener presentes a los pueblos indígenas en un intenciones de oración de julio de 2016.

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