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Indonesia; tras la acusación de blasfemia contra el gobernador, el nuncio invoca la armonía entre las religiones

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Volver al «orgullo de ser el mayor país islámico del mundo, en el que pueden convivir pacíficamente ciudadanos que pertenecen a diferentes religiones». Es lo que espera monseñor Antonio Guido Filippazzi, nuncio apostólico en Indonesia, después de que el gobernador de Jakarta, Tjahaja Purnama, fuera llevado al tribunal por una acusación de blasfemia.

El líder político cristiano se encuentra en esta situación debido a algunas declaraciones que provocaron protestas populares por parte de las oposiciones de la mayoría musulmana. La segunda parte del proceso judicial será el 20 de diciembre.

En Jakarta «hay dos grandes manifestaciones promovidas por grupos islámicos —explicó a la Radio Vaticana el nuncio—, la primera para acusar al gobernador mismo, como sucedió después, porque fue incriminado; la segunda, para pedir que, ya esperando el proceso, fuera encarcelado».

El proceso comenzó el «13, con una audiencia en la que el gobernador insistió en que no había querido de ninguna manera ofender el islam y en la que recordó sus vínculos con el islam; incluso lloró en público».

Ahora es «difícil prever cuánto durará el proceso, cómo concluirá… Es decir, la fase todavía está abierta y es incierta».

Filippazzi reveló que, en particular, en los días que precedieron las manifestaciones, «se respiraba una atmósfera de tensión, pero también ciertos temores, porque durante la primera hubo incluso (al final) enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas de la policía, además de actos de violencia, que se temía se pudieran repetir el 2 de diciembre, cosa que no sucedió».

Después observó que «en muchos de los que pertenecen a la población islámica hay un sentimiento de hostilidad hacia el Gobernador; pero en las minorías no islámicas existe el temor de que pueda haber en contra de las mismas actos de discriminación o de violencia. Parece que se está poniendo un poco en riesgo esa atmósfera de armonía social y religiosa que, se dice, caracteriza a Indonesia». Por ello, «un poco pesa esta sombra» sobre la próxima Navidad, aunque «después de algunos actos de discriminación contra los cristianos, todos se apresuraron para afirmar que será una Navidad en la que los cristianos podrán celebrar libremente el nacimiento del Señor Jesús».
 
Entonces, parece que no fue suficiente la construcción de algunas mezquitas ni otras iniciativas que puso en marcha el gobernador Purnama. Pero lo que también es cierto es que, «en general, su administración ha sido apreciada por su eficiencia, por su capacidad de acción. Hay que recordar que, a veces, el Gobernador es un poco fuerte al hablar y entonces se crearon algunas hostilidades por algunos de sus discursos, muy decididos. Por otra parte, hay grupos que desde el principio se han manifestado en contra del Gobernador». Y a toda esta situación hay que añadir «la cuestión política, la cuestión: ¿quién gobernará Jakarta?: hay unos que dicen que, en el fondo, no sería una cuestión religiosa, sino que la acusación religiosa sería un pretexto para eliminar a un candidato que, antes de esta historia, era considerado ganador».

Por ello, el religioso espera «que se vuelva a lo que constituye a menudo el orgullo de Indonesia: es decir ser el mayor país islámico del mundo, pero en el que pueden convivir pacíficamente ciudadanos que pertenecen a diferentes religiones y a diferentes etnias». Y también espera que «se regenere y se consolide este equilibrio, esta armonía que permita seguir viendo a Indonesia como un país de alguna manera ejemplar».
 

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