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“A Dios se responde con un sí pleno, no con «medios sí» o «sí, pero»”

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A Dios se responde con un «sí» pleno, no con «sí a medias», «no puedo», sí, pero»; lo dijo Papa Francisco durante el Ángelus que pronunció hoy, día de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Beata Virgen María. Al «no» del pecado original se contrapone la encarnación de Dios en Jesús, posible gracias al «sí» de la Virgen, «la única criatura sin pecado, inmaculada», dijo el Papa. Ella, explicó, es un modelo para los creyentes que quieren evitar los «no» del pecado, que «envejecen dentro», y que quieren superar los «sí faltantes» (de los que «cada uno de nosotros tiene una colección dentro…»).

El Libro del Génesis, dijo el Papa, «nos presenta el primer “no”, el no de los orígenes, el “no” humano, cuando el hombre prefirió verse a sí mismo en lugar de ver a su Creador», cuando quiso «bastarse a sí mismo. Pero, al hacerlo, saliendo de la comunión con Dios, se perdió justamente a sí mismo y comenzó a tener miedo, a ocultarse y a acusar a quien estaba cerca de él. Estos son los síntomas del “no” a Dios».

«El segundo pasaje crucial, que narra hoy el Evangelio —explicó el Pontífice—, es cuando Dios viene a habitar entre nosotros, se hace hombre como nosotros. Y esto ha sido posible por medio de un gran “sí” (el del pecado era el “no”; éste es el “sí”, ¡es un gran “sí”!) el de María en el momento de la Anunciación. Por este “sí” Jesús ha comenzado su camino por las calles de la humanidad; lo ha comenzado en María, transcurriendo los primeros meses de su vida en el seno de su mamá: no ha aparecido ya adulto y fuerte, sino que ha seguido todo el recorrido de un ser humano. Se ha hecho en todo igual a nosotros, excepto en una cosa: aquel no. Excepto el pecado. Por esto ha elegido a María, la única criatura sin pecado, inmaculada. En el Evangelio, con una sola palabra, ella es denominada “llena de gracia”, es decir henchida  de gracia. Quiere decir que en ella, de inmediato llena de gracia, no hay espacio para el pecado».

María, específicamente, «responde a la propuesta de Dios diciendo: “He aquí la sierva del Señor”. No dice: “Pero, esta vez haré la voluntad de Dios, me vuelvo disponible, después veré…”. ¡No! El suyo es un “sí” pleno, total, para toda la vida, sin condiciones. Y así como el “no” de los orígenes había cerrado el pasaje del hombre a Dios, del mismo modo el “sí” de María ha abierto el camino a Dios entre nosotros. Es el “sí” más importante de la historia, el “sí” humilde que derroca el no soberbio de los orígenes, el “sí” fiel que cura la desobediencia, el “sí” disponible que vuelca el egoísmo del pecado.También para cada uno de nosotros hay una historia de salvación hecha de “sí” y de “no”. Pero a veces, somos expertos en los “sí a medias”: somos buenos en hacer de cuenta que no entendemos bien lo que Dios querría y la conciencia nos sugiere. También somos astutos y para no decir un “no” verdadero y propio a Dios decimos: “Pero, discúlpame, no puedo”, “hoy no, pienso mañana”; “pero mañana seré mejor, mañana rezaré, haré el bien, pero mañana”. Y esta astucia nos aleja del “sí”, nos aleja de Dios y nos lleva al “no”, al “no” del pecado, al “no” de la mediocridad. El famoso “sí, pero…”: “Sí, Señor, pero…”. Pero así cerramos la puerta al bien, y el mal se aprovecha de estos “sí” faltantes. ¡Cada uno de nosotros  tiene una colección de ellos dentro! Pensemos, encontraremos tantos “sí” que faltan. Es así. En cambio cada “sí” pleno a Dios da origen a una historia nueva: decir “sí” a Dios es verdaderamente “original”, es origen, no el pecado, que nos hace viejos por dentro. ¿Han pensado esto, que el pecado nos envejece por dentro? ¡Nos envejece pronto! Cada sí a Dios origina historias de salvación para nosotros y para los demás».

Al final de la oración mariana, el Papa recordó a los fieles que estaban presentes en la Plaza San Pedro que hoy por la tarde irá, como todos los años, a la Plaza de España para renovar el tradicional homenaje del Obispo de Roma a la Madre de Dios, que vela sobre la Ciudad Eterna. Después irá a la basílica de Santa María Mayor para rezar ante la «Salus Populi Romani»: «Les pido que se unan espiritualmente a mí en este gesto que expresa nuestra devoción filial a nuestra Madre celeste».
 
El Papa también dedicó una oración particular para las víctimas, los familiares, los heridos y los desplazados provocados por el fuerte terremoto que sacudió la isla de Sumatra, en Indonesia: «Que el Señor dé fortaleza a la población y sostenga la obra de socorro». 

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