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75 años de Pearl Harbor: Shinzo Abe inaugura una nueva era de reconciliación

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Después de la histórica visita de Obama a Hiroshima, ambos países quieren cerrar los capítulos pendientes de la Segunda Guerra Mundial

El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, realizará muy pronto, este mismo mes de diciembre, una visita histórica. Abe irá a Pearl Harbor, junto con el aún presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Será la primera ocasión que un líder japonés visite la base militar y naval de Estados Unidos que fue atacada exactamente hace 75 años por el ejército japonés y que hizo entrar en la Segunda Guerra Mundial a la nación americana.

En una rueda de prensa, Shinzo Abe dijo a los periodistas que la visita a Pearl Harbor, “es para dar alivio a las almas de las víctimas” del ataque que precipitó la sangrienta guerra del Pacífico en la que Japón sacó, finalmente, la peor parte al ser el único país hasta ahora que ha sentido en carne propia la bomba atómica.

Más adelante, Abe señaló: “Queremos (los japoneses) mandar mensajes a todo el mundo sobre la importancia de la reconciliación” entre países que estuvieron en guerra y que ahora colaboran para trazar el camino del entendimiento mutuo.

Ya en mayo pasado, de gira por Asia, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, había ofrecido su versión de la reconciliación al hacerse presente, también por vez primera un mandatario de este país, en la ciudad mártir de Hiroshima, donde en agosto de 1945 estalló una de las dos bombas nucleares con las que Estados Unidos forzó la capitulación del llamado “Imperio del Sol Naciente”.

En su visita a Hiroshima, Obama abogó por “un mundo sin armas nucleares”. Ahí, sin pedir perdón por los hechos que mataron a 150,000 seres humanos de una sola vez y contaminaron (dándoles muerte posteriormente) a otros tantos, Obama pidió una “responsabilidad compartida” entre todos los países para que esto no vuelva a repetirse.

Por su lado, a principios de otoño, los obispos católicos de Japón hicieron una llamada a la comunidad internacional para abolir la energía nuclear y pidieron a los obispos de otras conferencias en el mundo a unirse a esa oposición.

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