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La oración tiene poder, ¿cuánto más si le ponemos música?

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"Aleluya". Paulina Rojas nos cuenta su apostolado

Paulina Rojas es una cantante y evangelizadora católica nacida en Chile pero reside actualmente en Colombia. Evangelizadora, esposa y madre usualmente comparte sus anécdotas y pensamientos en las redes sociales, muy enriquecedoras para quienes la siguen.

¿Cómo nació tu vocación de cantar para Dios?

Tuve mi encuentro personal con Jesús en septiembre del año 1992 en un encuentro juvenil, y recuerdo con cariño que esa Navidad sin pedirlo recibí una guitarra de regalo y fue todo un desafío para mí…

Intenté ingenuamente tocarla en tiempo récord y lanzarme a la aventura prestando un servicio a mi parroquia (en ese entonces), de una manera más dinámica y atrayente, ya que trabajaba con niños en la animación de catequesis y con jóvenes que se preparaban para la confirmación.

Después en el año 93 comencé a servir en mi parroquia en el coro; tiempo muy enriquecedor, ya que éramos un grupo muy homogéneo tanto en edades como en experiencia de Dios y en talento también… (había gente muy buena en lo que hacía).

Fue un tiempo de crecimiento, de aprender a trabajar en comunidad y de conocimiento de mi Iglesia desde dentro, fue un tiempo de preparación y envío… (sin pretender ser enviada en ese entonces ya que moría del susto…).

Yo me imaginaba con mi guitarra cantando y evangelizando en África, mas Dios tenía una idea más “cercana” de lo que deseaba para mí. El tiempo fue la mejor respuesta y fueron “años” tranquilos, pausados y enriquecedores de formación y crecimiento, antes de tomar decisiones trascendentales para mi proyecto de vida.

¿Recuerdas alguna anécdota de pequeña que te haya acercado a la música?

Mi infancia y adolescencia fueron muy particulares, debido a la realidad de mi hogar. Mi papá se fue de casa cuando yo nací. Soy hija única y por tanto la única compañía fue la de mi mamá en todos lados, incluyendo la iglesia y grupos de oración en los que ella participaba mucho antes de hacerlo yo, dentro de la Renovación católica Carismática, eucarísticas, retiros, seminarios, etc… a todos “me tocaba” ir.

Era muy gracioso encontrarme entre grupos de oración de señoras mayores siendo la única joven y además la más pequeña de todos, intentando “encajar”.

Y claro, ver que ahí cantaban y tocaban fue la excusa perfecta de Dios para que yo encontrara mi lugar en un espacio de oración -que en ese momento de mi vida fue muy sanador y muy importante en mi proceso de conocimiento de Dios más profundo que apenas comenzaba- y amara la guitarra, que detestaba porque no podía tocar bien y sentía que ese no era el instrumento que yo quería aprender a tocar…  definitivamente Dios es bueno y hace su obra a través de quien quiere…

¿Cómo ves la Iglesia joven, hoy?

Más atrevida, versátil, abierta, audaz al usar las herramientas que los avances de la tecnología nos prestan; con deseos de salir y seguir extendiendo la misión como hace tantos años atrás hacíamos a punta de guitarra y voz por las calles y campos, sólo que hoy con más opciones para trabajar.

Aunque justamente por eso, al mismo tiempo creo que la exigencia es mayor hoy. Ya no hay excusas para no ser una Iglesia “en salida”, que creo es la gran misión.

Cada vez más vemos jóvenes deseosos de “hacer algo” con lo que tienen en sus manos, con la toma de conciencia de que Dios les llama a servir y traspasar las fronteras para darse más allá incluso de lo que creen que pueden.

Me hubiera encantado tener a mano en mi adolescencia y primeros años de juventud más herramientas, puertas abiertas, espacios de crecimientos integrales, voces idóneas que me dieran ánimo, referentes a los cuales acudir según mi anhelado proyecto de vida…

Hoy es mucho más claro y fácil de acceder a esto, no hay excusas para quedarse sentado. Cada vez más se están explorando nuevos métodos para extender el evangelio y esto es muy atrayente para los jóvenes, ya que los pone en clave de “hacer” y este dinamismo evidencia que el espíritu de Dios sigue aquí.

¿Te ha pasado algo gracioso cantando?

En Semana Santa, hace un par de años en un bello pueblo como a 4 horas de Bogotá, me encontraba junto a un grupo grande de misión y entre varias actividades que teníamos durante esa semana, teníamos eucaristías en las cuales tenía que cantar y tocar junto a otra hermana.

El monaguillo se acerca para decirme que el padre va a entrar, ¡que comencemos a cantar ya! Y que el padre ingresaría al templo por la puerta principal que estaba al fondo, y desde ahí caminaría hacia el altar.

Comenzamos con mucha emoción a cantar “Vienen con alegría”… y ¡oh sorpresa!! El padre no fue el primero en entrar sino todo un cortejo con el difunto en la urna para celebrar no cualquier eucaristía, sino una eucaristía de exequias. Y por último el sacerdote que me miraba sin saber qué hacer y yo con él, sin saber si parar el canto de entrada o ya entrados en gastos, seguir cantando y que sin lugar a dudas no era el más idóneo, y creo no era el momento el de más alegría precisamente.

Hoy recuerdo esto y aún no puedo contener la risa, pues ha sido una anécdota que me ha servido para uno que otro taller para músicos… ¡es importante estar siempre atentos!

¿Cómo nace la canción Aleluya?

Como muchas de mis canciones, esta nació de un momento de oración, curiosamente aunque mi estilo es mucho más la adoración y oración, esta canción fluye como una alabanza que pide ser un instrumento de su luz en medio de tanta oscuridad. Es un grito deseoso de salir a esos contextos donde más lo necesitan a Él a través de nosotros.

Es una oración comunitaria con una petición puntual…: “enciéndenos, para alumbrar… queremos ser tu resplandor”.

El que canta: ¿ora dos veces?

¡Sin lugar a dudas la música eleva el ánimo!

Tanta claridad tenían de esto algunos santos, que se cuenta que san Ambrosio de Milán, para elevar el animo de sus fieles durante unos días de angustiosa peste, utilizaba el canto y la música.

San Agustín por otra parte escribió: “Pues aquel que canta alabanzas, no sólo alaba sino que también alaba con alegría, aquel que canta alabanzas ama a quien le canta. En la alabanza hay una proclamación de reconocimiento, en la canción del amante hay amor…”.

Creo en la oración como un íntimo diálogo amoroso, creo que la oración tiene poder…. ahora, ¿cuánto más si le ponemos música? ¡Creo que eso es más que dos o tres!

¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a cantar?

La primera cosa y la más importante para mí tiene que ver con la claridad a la hora de definir el proyecto personal de vida. Teniendo esta claridad se pueden poner cimientos para edificar, puede que en la música, o puede que no.

Creo que en cada país, grupo o ministerio el rol va muy ligado a la misión, siendo tan multiforme pero así mismo tan enriquecedor y me parece importante que además de tocar o cantar bien, hoy cada vez más el músico católico se dé cuenta de que todo su ser es quien “sirve”, de manera integral, y que esto va derivando en una búsqueda de espacios de formación, de lectura, de retiros, de estudio, de técnica, de apertura, de conocimiento mucho más amplio que antes.

El músico católico ha descubierto que la música debe trascender las paredes de la iglesia y los perfiles destinatarios “sin cambiar el mensaje” sino los métodos con el mismo ardor pero siendo cada vez más atrayente. Por lo mismo es que nos damos cuenta de que cada vez más hay gente lanzándose a componer, tocar, servir en los coros de su parroquia, a formar ministerios de música, a aprender instrumentos, a vincularse a la vida eclesial desde la música.

Creo que el rol de un músico debe ser siempre llevar al pueblo a los pies de Dios. ¡No hay más! Cualquier búsqueda que no sea esta, no dará jamás fruto, solo serán lentejuelas que brillen por las cuales nos admirarán, y no por llevar luz de Cristo y esto es una gran tentación por la cual pasamos todos en un comienzo.

Hoy hay muchos espacios valiosísimos y fundamentales que rescatar como músicos católicos tanto para el que comienza como para los que llevan años de camino. Hay muchas formas de servir a través de la música, no solo teniendo en la mira grabar discos y muchos seguidores en las redes.

¡Hay tanto que hacer! Y la música es vida para nuestro quehacer, hay que seguir reinventándola, conociéndola, amándola, transformándola, ensanchándola para que vengan muchos más y ojalá sea aire fresco para nuestros ministerios.

¿Qué planes tienes de futuro?

Por ahora intento construir fuertemente mi hoy, sobretodo atendiendo lo más importante que Dios me ha dado: mi familia. Luego… he procurado desde algún tiempo más espacios de formación, crecimiento, lectura, estudio.

Siento que cada vez más al subir a cualquier “escenario” no sólo tenemos que “decir algo”… sino realmente tenemos “algo que decir”, creo que es importante no sólo una buena voz y un trabajo de calidad, sino prepararnos constantemente para ser idóneos instrumentos integrales de evangelización.

Desde allí, y con esta claridad estoy trabajando en lo que será  nuestra cuarta producción musical y poniéndola desde ya en manos de Dios. Esperamos que a mediados de este 2017 tengamos música nueva para bendecir a Dios y al pueblo de Dios, estoy feliz por esto. Definitivamente Dios es bueno y sigue confiando en nosotros.


Por Jonatan Narváez

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