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Francisco: la Iglesia está cerca de quien se siente excluido por el fracaso conyugal

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Siguiendo el ejemplo del buen samaritano y teniendo presente la «ley suprema» de la “salus animarum”, la salvación de las almas, el Papa recordó que la Iglesia «se “encarna” en los casos tristes y sufridos de la gente, se inclina sobre los pobres y sobre todos los que están lejos de la comunidad eclesial o que se consideran fuera de ella debido a su fracaso conyugal». Lo hizo en un discurso sobre los tribunales eclesiales pronunciado hoy por la tarde durante una visita, que no estaba programada, al Tribunal Apostólico de la Rota Romana, en donde se reunió con las personas que participan en el curso de formación para obispos sobre el nuevo proceso matrimonial (del 17 al 19 de noviembre de 2016). No hay que «considerarlos nunca ajenos al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia».

«Queridos hermanos, su presencia en este curso de formación, promovido por el Tribunal Apostólico de la Rota Romana, subraya cuán necesario es para los Obispos, incluso constituidos como maestros de la fe en fuerza de la Ordenación, aprender continuamente», dijo Francisco durante el curso, promovido por el decano, monseñor Pio Vito Pinto. «Se trata de comprender las necesidades y las preguntas del hombre de hoy, y buscar las respuestas en la Palabra de Dios en las verdades de la fe, estudiadas y conocidas cada vez mejor». En este sentido, «la inculturación del Evangelio se funda justamente en este principio que ve unidas la fidelidad al anuncio evangélico y su comprensión y traducción en el tiempo», explicó el Papa citando la exhortación de Pablo VI a no «evangelizar no superficialmente, sino calándose en la concreción de las situaciones y de las personas». «Es necesario evangelizar no de manera decorativa, semejante al barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta las raíces […] partiendo siempre de la persona y volviendo siempre a las relaciones de las personas entre ellas y con Dios».

«La salud espiritual, la “salus animarum” de las personas a nosotros encomendadas constituye el fin de cada acción pastoral», subrayó Jorge Mario Bergoglio. La potestad espiritual del obispo, prosiguió citando la Primera Carta de Pedro, es un «servicio para la salvación de los hombres. En tal perspectiva —insistió el Papa argentino— hay que eliminar con decisión cualquier obstáculo de carácter mundano que dificulta a un gran número de fieles el acceso a los Tribunales eclesiásticos. Cuestiones de tipo organizativo y económico no pueden constituir un obstáculo para la verificación canónica sobre la validez de un matrimonio». Y, más en general, «en la óptica de una saludable relación entre la justicia y la caridad», los Tribunales eclesiásticos «están llamados a ser expresión tangible de un servicio diaconal del derecho» frente al «fin primario» de la “salus animarum”, que «es oportunamente planteado como palabra final del Código de Derecho Canónico, porque está por encima de él como ley suprema y como valor que supera al derecho mismo, indicando de esta manera el horizonte de la misericordia».

«En esta perspectiva —continuó el Papa, que justamente en estos días ha recibido las críticas del cardenal estadounidense Raymond Burke por la exhortación apostólica sobre la familia “Amoris laetitia”—, la Iglesia camina desde siempre, como madre que acoge y ama, siguiendo el ejemplo de Jesús Buen Samaritano. Iglesia del Verbo Encarnado, se “encarna” en los casos tristes y sufridos de la gente, se inclina sobre los pobres y sobre todos los que están lejos de la comunidad eclesial o que se consideran fuera de ella debido a su fracaso conyugal. Sin embargo, ellos son y siguen incorporados a Cristo en virtud del Bautismo. Por lo tanto, a nosotros nos espera la grave responsabilidad de ejercer el “munus”, recibido de Jesús Divino Pastor, médico y juez de las almas, de no considerarlos nunca ajenos al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Estamos llamados no a excluirlos de nuestra ansia pastoral, sino a dedicarnos a sus situaciones irregulares y sufridas con la mayor preocupación y caridad».

El ministerio episcopal, sobre todo «según el nuevo proceso matrimonial» promovido por el mismo Francisco, «representa una ayuda importante para que crezca en el rebaño a ustedes encomendado la medida de la estatura de Cristo Buen Pastor, de quien cada día debemos aprender la sapiente búsqueda del “unum necessarium”: la “salus animarum”», concluyó el Papa. La salud de las almas «es el bien supremo y se identifica con Dios mismo, como enseñó san Gregorio Nacianceno. Confíen en la indefectible asistencia del Espíritu Santo, que conduce invisible pero realmente a la Iglesia. Recémosle para que los ayude a ustedes y también al Sucesor de Pedro a responder, con disponibilidad y humildad, al grito de ayuda de muchos de nuestros hermanos y hermanas que necesitan hacer verdad sobre su matrimonio y sobre el camino de su vida». 

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