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Cardenales: Francisco abre el juego y fuerza los equilibrios

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En lo que lleva de pontificado Francisco creó 55 cardenales: 44 electores y 11 mayores de 80 años. Un número significativo. Apenas 23 purpurados menos que los 78 creados por Benedicto XVI en el doble de tiempo. Así, en menos de cuatro años, el Papa ya renovó más de un tercio del Colegio Cardenalicio que elegirá a su sucesor. Pero su gran aportación ha sido abrir el juego e incluir a territorios hasta ahora ausentes en las discusiones de la Curia Romana. ¿El resultado? Lentamente han sido forzados los equilibrios de antaño en el “club” eclesiástico más exclusivo.

Los números lo demuestran. El Colegio que eligió pontífice a Jorge Mario Bergoglio en marzo de 2013 estaba compuesto por 117 electores: 61 de ellos eran europeos y 56 provenían del resto del mundo. A partir de este día 19, cuando sean consagrados otros 17 purpurados, la ecuación se invertirá: habrá 121, de los cuales 54 provienen del “viejo continente” y 67 son “extraeuropeos”. El total de 55 mencionados más arriba incluyen los birretes colorados que Francisco distribuirá la mañana de este sábado en su tercer Consistorio público, que tendrá lugar en la Basílica de San Pedro.

Puede parecer un lugar común hablar de la “internacionalización” del Colegio Cardenalicio. Ya en el siglo XII los Papas comenzaron a conceder birretes a personalidades fuera de Roma. En el siglo pasado la presencia mundial de los “príncipes de la Iglesia” llegó a ser inevitable y consistente. De ahí el uso fácil, en los medios de comunicación, de esa característica “internacional” como si fuese una novedad. Pero sí existe una indicación geopolítica en los cardenales que ha consagrado Jorge Mario Bergoglio. Un comparativo detallado lo expone.

De los 56 cardenales “extraeuropeos” que participaron en el Cónclave de 2013, unos 33 provenían del Continente Americano, 11 de África, 11 de Asia y uno de Oceanía. Gracias a la nueva elección, la presencia de América permanecerá casi invariada porque tendrá 34 electores. Pero aumentará significativamente el número de africanos, con 15; de asiáticos, con 14, y de los purpurados de Oceanía, cuatro.

Así, en los hechos, las regiones del mundo donde el catolicismo está creciendo a pasos agigantados (también en las estadísticas) han sido aquellas que multiplicaron vistosamente su presencia cardenalicia. En contraparte, países como Italia –históricamente súper representados en este campo- han ido viendo poco a poco mermada sus púrpuras.

Con Francisco se puso de moda también, entre los observadores, hablar de “cardenales de periferia”. Tanto usaron los medios esa frase que terminaron vaciándola de contenido. Es cierto, el Papa argentino ha usado nuevos criterios en la elección de sus colaboradores más cercanos, tomando decisiones clamorosas y rompiendo con ciertas reglas no escritas vigentes en el pasado cercano. Pero no se trata de una visión maniquea “periferia versus centro”.

En el Consistorio de este fin de semana cinco de los distinguidos son europeos y tres de Estados Unidos. De ahí se desprende que Francisco no aborrece los territorios centrales, más bien busca promover un nuevo equilibrio, más representativo de la dinámica realidad que vive la Iglesia católica.

Eligiendo como cardenales a clérigos de República Centroafricana, Bangladesh, Islas Mauricio, Papúa Nueva Guinea, Lesoto, Albania y Malasia, el Papa coloca en el centro de la cristiandad a voces de pueblos considerados como de segunda importancia. Ninguno de esos países contaba, hasta ahora, con un purpurado. Su presencia enriquecerá los debates y traerá al entorno del líder católico concepciones culturales distintas.

Su consagración envía otro mensaje: no sólo los pueblos históricamente católicos, con gran número de fieles y estructuras ya consolidadas, tienen derecho de voz y voto en el gobierno de la catolicidad. También islas pequeñas como Tonga o Mauricio, cuentan con algo para ofrecer a la comunidad cristiana. Es la ruptura de esquemas heredados de la política laica tradicional, donde las mayorías económicas y sociales pesan más.

 

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