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Papa Francisco: ¿Quieres cambiar tu vida y reformar la Iglesia? Comienza por aquí…

Hernán Piñera-CC
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Peregrinos holandeses llevan al Papa un libro con proyectos de acogida para refugiados

“La confesión es el lugar donde se recibe el don del perdón y de la misericordia de Dios. Aquí comienza la transformación de cada uno de nosotros y la reforma de la vida de la Iglesia”, dijo el papa Francisco ante un grupo de fieles provenientes de las diócesis de los Países Bajos con motivo del Jubileo de la Misericordia este martes 15 de noviembre de 2016, después de la misa en el Altar de la basílica vaticana.

El Pontífice llegó a la basílica después de la misa concelebrada por los obispos y se dirigió a los fieles para saludarlos. Los Países Bajos, debido a las transformaciones culturales y sociales tras el protestantismo calvinista y la industrialización, viven entre sentimientos encontrados; progresistas, individualistas y anti-religiosos.

De hecho, esta peregrinación común de fieles y pastores de todas las diócesis holandesas que conviven en un ambiente secularizado (en el norte de Europa) forma parte de esos “milagros de fe” cuando faltan pocos días para terminar el Jubileo.

En el día que se celebra el jubileo holandés en Roma, el Papa manifestó su agrado por la comunión de la Iglesia en los Países Bajos y la unidad con el Sucesor de Pedro.

“El Año Santo nos hace entrar aún más en relación con Jesucristo, el rostro del Padre misericordioso. ¡Nunca llegaremos a acabar con este gran misterio del amor de Dios!”.

Los católicos holandeses le entregaron al Papa un “librito” llamado Holanda Hospitalaria, que presenta una serie de proyectos testimonios para acoger a los refugiados provenientes de realidades en guerra, hambre, violencia, etc.

Por su parte, el Pontífice los invitó a seguir inspirándose en la misericordia de Dios. “Es la fuente de nuestra salvación: todo el mundo, todos nosotros necesitamos de la misericordia divina. Ella nos salva, nos da la vida, nos recrea como verdaderos hijos e hijas de Dios”, añadió.

Y nosotros experimentamos la bondad salvadora de Dios de una manera especial en el sacramento de la penitencia y la reconciliación. La confesión es el lugar donde se recibe el don del perdón y de la misericordia de Dios. Aquí comienza la transformación de cada uno de nosotros y la reforma de la vida de la Iglesia”.

Francisco, por tanto, animó a abrir los corazones y dejarse plasmar por la misericordia de Dios. Así, hasta convertirse en “instrumentos de la misericordia”.

Dejándose abrazar por “el Padre misericordioso que ofrece siempre su perdón, serán capaces de testimoniar su amor en la vida de cada día”, aseguró. “Los hombres y las mujeres de hoy tienen sed de Dios, sed de su bondad y de su amor”, constató.

Por ello, llamó a los fieles holandeses a ser canales de misericordia, que pueden “ayudar a saciar esta sed; ustedes pueden ayudar a muchas personas a redescubrir a Cristo, el salvador y redentor de la humanidad; como discípulos misioneros de Jesús “pueden irrigar” la sociedad con el anuncio del Evangelio y en la caridad, especialmente hacia los más necesitados y las personas abandonadas a sí mismas”.

El Pontífice confió a los fieles y a toda la Iglesia en los Países Bajos a la maternal “protección de María Santísima, Madre de la Misericordia”. “Por favor, oren por mí”, se despidió.

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