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“Es importante visitar a los encarcelados, incluso debido al justicialismo”

Vatican Insider - publicado el 09/11/16 - actualizado el 24/10/18

«Visitar a las personas que están en la cárcel es una obra de misericordia que hoy, principalmente, asume un valor particular debido a las diferentes formas de justicialismo a las que estamos sometidos». Lo dijo Papa Francisco durante la penúltima audiencia general del Jubileo de la Misericordia en la Plaza San Pedro, dedicada a la obra de Misericordia que representa la visita a los encarcelados y a los enfermos. los hospitales, dijo al respecto el Pontífice, «son hoy verdaderas catedrales del dolor». Y por ello lanzó la invitación a no dejar solas a las personas enfermas.

«Tanto los enfermes como los detenidos viven en na condición que limita su libertad», subrayó el Papa. «Y, justamente cuando nos falta -recordó Bergoglio- nos damos cuenta de cuán preciosa es. Jesús nos ha dado la posibilidad de ser libres a pesar de los límites de la enfermedad y de las restricciones. Él nos ofrece la libertad que proviene del encuentro con Él y del sentido nuevo de que este encuentro lleva a nuestra condición personal. Con estas obras de misericordia el Señor nos invita a un gesto grande de humanidad», nos invita a compartir.

«Quien está enfermo —recordó el Papa—, muchas veces se siente solo. No podemos ocultar que, sobre todo en nuestros días, justamente en la enfermedad se tiene la experiencia más profunda de la soledad que atraviesa gran parte de la vida. ¡Una visita puede hacer sentir a la persona enferma menos sola y un poco de compañía es una óptima medicina! Una sonrisa, una caricia, un apretón de manos son gestos simples, pero muy importantes para quien se siente estar abandonado a sí mismo. ¡Cuántas personas se dedican a visitar a los enfermos en los hospitales o en sus casas! Es una obra de voluntariado impagable. Cuando es realizada en el nombre del Señor, entonces se convierte también en expresión elocuente y eficaz de misericordia. ¡No dejemos solas a las personas enfermas! No impidamos les impidamos encontrar alivio y a nosotros de ser enriquecidos por la cercanía, con quien sufre. Los hospitales son verdaderas “catedrales del dolor”, donde también se hace evidente la fuerza de la caridad que sostiene y siente compasión.

Y lo mismo sucede con los que están encerrados en la cárcel, dijo el Pontífice, «pienso en quienes están encerrados en la cárcel», pero a quienes, recordó, «Jesús no se ha olvidado ni siquiera de ellos. Poniendo la visita a los encarcelados entre las obras de misericordia, ha querido invitarnos, en primer lugar, a no hacernos jueces de nadie. Cierto, si uno está en la cárcel es porque se ha equivocado, no ha respetado la ley y la convivencia civil. Por eso en la prisión, está descontando su pena. Pero cualquier cosa pueda haber hecho un encarcelado, él es siempre amado por Dios. ¿Quién puede entrar en lo íntimo de su conciencia para entender que siente? ¿Quién puede comprender el dolor y el remordimiento? Es demasiado fácil lavarse las manos afirmando que se ha equivocado. Un cristiano está llamado más bien a hacerse cargo, para que quien se ha equivocado comprenda el mal realizado y vuelva a sí mismo. La falta de libertad es sin duda una de las privaciones más grandes para el ser humano. Si a esta se agrega el degrado por las condiciones a menudo sin humanidad en la cuales estas personas se encuentran viviendo, entonces es realmente el caso en el que un cristiano se siente provocado a hacer de todo para restituir su dignidad. Visitar a las personas en la cárcel es una obra de misericordia que sobre todo hoy asume un valor particular por las diversas formas de justicialismo al cual estamos sometidos. Por lo tanto, nadie apunte el dedo contra alguien. En cambio, todos volvámonos instrumentos de misericordia, con actitudes de comunión y de respeto. Pienso a menudo en los encarcelados… pienso a menudo, los llevo en el corazón. Me pregunto qué los ha llevado a delinquir y cómo hayan podido ceder a las diversas formas del mal. Sin embargo, junto a estos pensamientos siento que tienen todos necesidad de cercanía y de ternura, porque la misericordia de Dios cumple prodigios. ¡Cuántas lágrimas he visto derramarse sobre las mejillas de prisioneros que quizás, jamás en su vida habían llorado! Y esto sólo porque se sintieron acogidos y amados».

El Papa subrayó que «también Jesús y los apóstoles han tenido la experiencia de la prisión». «Y también San Pedro y San Pablo estuvieron en la cárcel, y allí, en la cárcel, rezaron y evangelizaron». En ocasión del Jubileo de los detenidos, del domingo pasado, el Papa contó que «en la tarde ha venido a verme un grupo de encarcelados padanos. Yo les pregunte qué cosa habrían hecho al día siguiente, antes de regresar a Padua. Me han dicho: “Iremos a la cárcel Mamertina para compartir la experiencia de San Pablo”. Es bello… escuchar esto me ha hecho bien. Estos encarcelados querían visitar a Pablo prisionero».


Estas obras de misericordia, concluyó Bergoglio, «como se ve, son antiguas, y sin embargo siempre actuales. Jesús ha dejado aquello que estaba haciendo para ir a visitar a la suegra de Pedro; una antigua obra de caridad. Jesús lo ha hecho. No caigamos en la indiferencia, mas volvámonos instrumentos de la misericordia de Dios. Todos nosotros podemos ser instrumentos de la misericordia de Dios y esto hará más bien a nosotros que a los demás porque la misericordia pasa a través de un gesto, una palabra, una visita. Y esta misericordia es un acto para restituir alegría y dignidad a quien la ha perdido».

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