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Knight of Cups: Una parábola sobre la búsqueda del sentido de vivir

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Una de las últimas películas de Terrence Malick, aún sin estrenar en España

A algunos nos provoca perplejidad la manera hostil en que la crítica está recibiendo las últimas obras de Terrence Malick: aunque es cierto que, en ocasiones, parezca pretencioso, en realidad el director de Malas tierras (Badlands, 1973) es un poeta de lo visual. En sus películas priman cada vez más las sensaciones, la reflexión y el impacto de la imagen, por encima del argumento o de la estructura cerrada.

Resulta preocupante que un filme como Knight o Cups (2015) tenga en IMDb un aprobado justo y un producto entretenido como Guardianes de la galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014; por citar uno de tantos cuya secuela acaban de anunciar) reciba un notable. No tengo nada contra James Gunn, al contrario: me divierte mucho. Pero no es un artesano al estilo de Malick. Esto nos revela algo: en la actualidad, y a poco que generalicemos, el espectador medio no quiere reflexionar, sino sólo pasar el rato y entretenerse. “No quiero ver una película profunda porque no quiero pensar”, escucho a menudo.

Terrence Malick no se lo pone fácil al público. Sus películas son cada vez más misteriosas. Knight of Cups seduce, pero no es asequible para todos los espectadores por su sucesión a veces apresurada de imágenes, fragmentos de monólogos y voces en off.

La película parte de una fábula que el padre (Brian Dennehy) de Rick (Christian Bale), un exitoso guionista, le contaba a éste cuando era niño: un rey envió a su hijo, príncipe y caballero, a Egipto para encontrar una perla; a su llegada, le sirvieron una copa que le despojó de la memoria… olvidándose así de su padre, de su búsqueda y de su identidad. El príncipe cayó en un sueño profundo, pero el rey no pudo olvidarle.

Rick, con los años y las fiestas y las orgías de Los Ángeles, se ha convertido ya en ese caballero en busca de respuestas, un individuo que no se reconoce a sí mismo…: Todos estos años viviendo la vida de alguien a quien ni siquiera conocía.

El filme muestra los desvíos del protagonista en su trayecto hacia algo con sentido. La voz en off de Dennehy dice: Estás en el exilio. Un extraño, en una tierra extraña. Un peregrino. Un caballero. Encuentra tu camino… De la oscuridad… a la luz. Rick se ha convertido en un mujeriego despojado de la vida, un hombre como su padre: hecho pedazos, incapaz de rehacerse. Malick nos muestra al guionista tratando de establecer relaciones duraderas con varias mujeres (interpretadas por Imogen Poots, Freida Pinto, Cate Blanchett, Teresa Palmer, Natalie Portman e Isabel Lucas).

En esos idilios algo falla, algo perece, pero nunca sabemos con exactitud de qué se trata. Rick mantiene encuentros con su padre (el ya citado Dennehy), con su hermano (Wes Bentley), con un sacerdote (Armin Mueller-Stahl), con un hombre consagrado a una vida zen (interpretado por el escritor Peter Matthiessen, autor de la monumental País de sombras) y con gente de la industria del cine en fiestas y reuniones (Antonio Banderas, Michael Wincott, Jason Clarke, Ryan O’Neal… e incluso el escritor y guionista Bruce Wagner, autor de Maps of the Stars y de la novela El palacio del crisantemo).

Las películas de Malick están cada vez más enfocadas hacialo sensorial y hacia lo espiritual, en lo que le ayudan las voces en off, siempre cargadas de peso y metafísica, y la fotografía exquisita de Emmanuel Lubezki. Pero, si revisamos Días del cielo (Days of Heaven, 1978), comprobaremos que el director de La delgada línea roja (The Thin Red Line, 1998) y El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011) continúa filmando del mismo modo: muchos planos, cámaras que siguen los pasos de los actores mientras nos muestran sus cogotes, secuencias improvisadas, tomas cenitales, paisajes y luces que evocan cuadros, uso de la steadycam, utilización de música clásica y de una banda sonora original (en este caso de Hanan Townshend)… Christian Bale decía de Knight… que era más parecida a la música o a la literatura que a una película.

Algún crítico afirmó que este filme es hueco, pero a mí me parece todo lo contrario: está repleto de materia, de espiritualidad; y relaja. Malick nos presenta a un hombre que se ha ahogado entre los neones y las atracciones de L.A. y que intenta salir de ahí, recuperarse, encontrar un sentido a sus derivas. En realidad, Knight of Cups es la historia de cómo todos aquellos que se malogran en Hollywood tratan de salir a flote.

Conviene prestar atención a lo que dice el padre de Rick: Se pensaría que, cuando llegas a cierta edad, las cosas empiezan a tener sentido. Luego descubres que estás tan perdido como estabas antes. Supongo que eso es lo que sería la condenación.

 

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