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He cosido una falda para mi esposa… Y tú, ¿qué has hecho por tu pareja?

© Tina Franklin
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¿Cómo podría convertirme en el garante de la seguridad de mi esposa si ella no tuviera ningún apoyo de mi parte a la hora de lavar los platos?

Una noche mi esposa y yo fuimos de compras en busca de algunas pequeñas cosas necesarias para la casa. Al caminar a través de las secciones, cuando en la canasta ya se encontraban cosas que no entraban en la lista de la compra, mis ojos brillaron de repente de deleite. Entre las lámparas, candelabros, vasos, armarios, etc., encontré… una preciosa tela.

Sí, aunque fuera un simple y ordinario paño de cuadros azules y blancos.”¿Qué piensas hacer con él?”, me preguntó mi esposa, mirándome con un poco de recelo, mientras yo estaba comprobando el precio. Mi respuesta me sorprendió un poco a mí mismo. “Te coseré una falda“, respondí, y ya en un momento estaba buscando el diseño de un corte apropiado en internet.

Mi esposa miraba con dudas la tela con la que yo llenaba la cesta. Su asombro fue mayor aún al verme en casa sacando la máquina de coser y aprendiendo a usarla. No quiero describir cómo se veía su cara cuando descubrió que la falda no sólo le estaba bien, sino incluso se la podía poner para salir por la ciudad.

Lo de ser marido lo trato principalmente como una increíble aventura de mi vida.

Unos pocos meses de prácticas es tiempo suficiente para ver que la convivencia cotidiana compartida con otra persona no es fácil. Este es también el tiempo para aprender buenos hábitos, que (en lo que yo creo firmemente) inciden a lo largo de nuestras vidas.

Trato de decirle con frecuencia muchos piropos a mi esposa. Cuando me pide que le prepare un té, quiero traérselo a ella. Cuando me pide que le pegue con pegamento sus pendientes que se rompieron, no lo dejo para la eterna “mañana”.

Cuando recibo un mensaje de texto con la noticia de que ella había tenido un día muy difícil en el trabajo, le compro flores que la estarán esperando en casa junto con una cena caliente. Cuando veo la incomodidad que experimenta durante el tiempo premenstrual, trato de ser sensible y cariñoso con ella.

La preocupación por las pequeñas cosas tiene un gran impacto en este gran tesoro, que es nuestro matrimonio. Soy consciente de ello. Quien es fiel en lo pequeño será lo será en lo importante,  dice Jesús en el Evangelio. Creo que esto se aplica no sólo a las responsabilidades en el trabajo, gestión de grandes proyectos, … sino, sobre todo a las pequeñas cosas de la vida cotidiana. 

¿Cómo podría convertirme en el garante de la seguridad de mi esposa, si ella no tuviera ningún apoyo en mí a la hora de lavar los platos? ¿Cómo podría convertirme en guardián de la familia, si no pudiera cuidar de mi mujer cuando está cansada?

Coser una falda es mi “everest” que decidí conquistar. Lo importante es que ha sido un viaje en el que estaba acompañado por mi esposa, trayéndome cafés, sándwiches, sentándose a mi lado y observando la tela que tomaba forma poco a poco.

Debido a que la vida matrimonial es como un viaje al Everest, se necesita de una cooperación continua y la preocupación por las cosas más pequeñas. Mientras estaba compartiendo mi idea para este artículo, mis colegas femeninas de la editorial comentaban: los chicos te van a matar. No me lo creo, porque sé, queridos hombres y compañeros, que no tenéis tiempo para esas tonterías.

Estáis escalando vuestro propio Everest, ¿verdad?

 

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