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¿La mejor maestra del mundo? Conoce aquí lo que hizo

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Mónica Zidarich, la maestra que ayudó a su alumno a alcanzar su sueño

Se encontraron por Facebook años más tarde. Nicasio nunca había olvidado a Mónica, la maestra que años atrás y en su comunidad le había enseñado a leer y a escribir en Sauzalito, en el norte argentino.

Mónica había regresado a Córdoba en 2006. Nicasio quería consejos de su maestra, y la busco en redes sociales. Quería ser enfermero, pero nunca había salido del Impenetrable, como se le conoce a la región en la que habita su comunidad, una de las más pobres y relegadas de la Argentina. Mónica lo ayudó, le abrió las puertas de su propia casa, aún siendo madre de cinco hijos, lo alojó y cuatro años después, se fundió en un entrañable abrazo con el ya recibido enfermo Nicasio.

Nicasio López estudió en la Cruz Roja de Córdoba. Su caso es similar al de Graciela Gutiérrez, enfermera también wichí, pero de la localidad de Misión Chaqueña, recibida en Salta y en Buenos Aires. Graciela también fue abrazada por la solidaridad, primero de una organización inglesa, y luego por un médico, que le ayudó a completar su formación universitaria en Buenos Aires, donde trabajó en los más prestigiosos centros de salud.

“Siempre quise hacer algo, sanar y curar. Mi mamá perdió a un bebé en mi pueblo y fue por causas que podrían haberse evitado”, recordó Nicasio al medio cordobés Día a Día. Por eso quiere regresar a sus pagos. “Yo sé que este es un piso y estoy convencido que puedo lograrlo”, confió.

Graciela contaba hace algunos años en una entrevista en la revista del Hospital Austral de Buenos Aires en el que trabajaba: “Tengo que esforzarme para cambiar algo. Si yo no lo hago, ¿quién lo va a hacer? Fui la primera en salir de Misión Chaqueña y creo que aumenté las ganas en otros jóvenes. Ahora hay dos primos míos que quieren ir a la universidad y otros también lo están pensando. Si todos hacemos algo, nuestra comunidad va a mejorar. De eso no tengo dudas”.

Nicasio siguió los pasos de Graciela, y detrás seguramente habrá otros jóvenes wichís, que desde algunas de sus comunidades, distantes entre sí pero hermanadas por una lengua y cultura, están decididos a sembrar puentes de esperanza que derriben las fronteras del Impenetrable.

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