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Duelo a muerte sobre la pena de muerte en California

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"Es tiempo de que acabemos con la pena de muerte en todo el mundo", afirman los obispos de ese Estado

El próximo martes no solamente se elegirá al nuevo presidente o a la nueva presidente de Estados Unidos de América: múltiples otras cuestiones se habrán de dirimir ese día.  Por ejemplo, la pena de muerta en California.

Los votantes de ese Estado –el más fuerte en votos electorales y la economía más grande de los 50 estados de la Unión Americana-  están sopesando las proposiciones de pena de muerte en la boleta del 8 de noviembre, una que busca derogarla (Proposición 62) y otra que apunta a acelerarla (Proposición 66).

Si ambas pasan con una mayoría, la iniciativa con los votos más “sí” reemplazará a la otra. Si ambas no consiguen los votos necesarios, entonces el statu quo permanece, una perspectiva frustrante para muchos.

Tanto los defensores de la pena de muerte como los que se oponen a esta práctica –entre ellos, principalmente, la Iglesia católica—consideran que el actual sistema de justicia californiano simplemente no sirve. Que está “roto”.

Según los datos del sistema de prisiones de California, en este mismo instante hay 740 reos sentenciados a muerte en las cárceles del Estado, esperando su ejecución en el terrible “corredor de la muerte”.  Es la mayor población condenada a la pena capital en el país.

Sus apelaciones van a la Suprema Corte de California y la mayor parte tarda 25 años en procesarse lo que ha hecho que los sentenciados sean tantos al día de hoy.

Cambiar la muerte por la vida

En ambos casos, si se deroga o se acelera, los reos sentenciados por homicidio tendrían que trabajar y pagar con el producto de su trabajo la restitución a la familia de su víctima.

La Proposición 62 derogaría la pena de muerte en California por homicidio en primer grado y la reemplazaría por una sentencia a cadena perpetua sin posibilidad alguna de salir bajo libertad condicional.  Y se aplicaría en carácter de retroactividad a los reos ya sentenciados a muerte.

La Proposición 66 designaría a los tribunales de primera instancia para que tomen las primeras impugnaciones de las condenas y limiten las apelaciones sucesivas dentro de los cinco años siguientes a la sentencia de muerte. También requeriría que los abogados nombrados por los tribunales que no tomen apelaciones de capital representen a reclusos condenados a muerte.

El arzobispo de Los Ángeles, José Gómez, ha recordado a los votantes que en la boleta del 8 de noviembre en California está la Proposición 62.  “Esta Proposición, apuntó el prelado, derogaría la pena de muerte en nuestro Estado y haría la vida en la cárcel, sin libertad condicional, el castigo máximo que podría imponerse por homicidio”.

Los obispos de California, encabezados por el arzobispo Gómez, están a favor de la Proposición 62: “Es tiempo de que acabemos con la pena de muerte, no solamente en California, sino en Estados Unidos y en todo el mundo”, subrayó en un artículo reciente el arzobispo Gómez.

Si pasa la Proposición 62, 740 condenados a muerte por la inyección letal podrían aspirar a vivir y a trabajar para expiar su culpa (en caso de que todos ellos fueran culpables del delito que se les imputa).

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