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Soy la bonita criatura que vive en esta casa. Miedo con aroma clásico

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La cinta de Netflix es una arriesgada apuesta que está dividiendo al público y a la crítica entre los que la aman y los que la detestan

Cuando contemplamos un primer plano solemos ver a los personajes ocupando la mayor parte de la pantalla. La cabeza suele rozar o superar el marco superior del encuadre y los ojos suelen estar en la parte superior del plano. No hay mucho donde desviar la mirada más allá del rostro que tenemos en primer plano.

En Soy la bonita criatura que vive en esta casa los planos suelen tener un considerable espacio vacío. Los personajes están en un extremo, a la derecha o la izquierda o en su parte inferior pero siempre hay un amplio margen en el que perder la mirada. Esta decisión visual (y estética) en una película como esta tiene un peso decisivo.

Soy la bonita criatura que vive en esta casa es un largometraje para la plataforma de televisión por internet Netflix. El film está escrito y dirigido por Oz Perkins, hijo del legendario Anthony Perkins, un actor de cuarta fila que a la vista de que su carrera como intérprete no lo estaba llevando a ningún sitio decidió ponerse a dirigir. Firmó una inquietante cinta titulada February (2015) que ya levantó las primeras discrepancias.

Al parecer, a la hora de hablar del cine de Perkins, al menos de momento, y con solo dos títulos en su haber, no hay espacio para los términos medios. O te gusta o lo detestas. Es lo que pasó con February y es lo que ha pasado con Soy la bonita criatura que vive en esta casa. Por poner solo un ejemplo, The Hollywood Reporter la ha puesto a la altura de un Kubrick, un Lynch o un Polanski mientras The Guardian la ha tirado por los suelos.

Lo cierto es que Soy la bonita criatura que vive en esta casa no es un film de terror al uso. Porque sí, estamos hablando de una película de miedo, pero no se esperen demasiados sustos ni criaturas demoniacas surgidas del averno. El film de Perkins es una cinta de terror de aromas clásicos, de aquellas en el que las cosas no sucedían necesariamente delante de la cámara sino en el interior de los personajes y en este caso concreto, entre las paredes de una casa maldita.

Esos planos abiertos de los que hablábamos al principio, tan espaciados y liberados de la tiranía de los bustos parlantes obligan al espectador a estar constantemente alerta, atento a las sombras, las esquinas, los contrastes y las figuras que se mueven el fondo. Uno nunca está completamente seguro dentro de la casa donde transcurre Soy la bonita criatura que vive en esta casa. En la cinta de Perkins, una joven entra a cuidar a una anciana escritora y será a partir de la primera noche cuando comenzará a presenciar que ahí ocurren cosas extrañas.

Soy la bonita criatura que vive en esta casa es una película de terror recomendable pero no es apta para todos los públicos. No porque sea especialmente violenta, que no lo es, o por sus connotaciones sexuales, que de tenerlas deben de estar muy ocultas. La película de Perkins es un título complicado pero por su ritmo, por su cadencia y porque en suma ofrece algo distinto y esto, por definición, es algo bueno.

 

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