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La muerte es tabú en nuestro tiempo

Huskyherz
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Hoy el individuo camina solo frente a su destino mortal

La muerte es tabú en nuestro tiempo. Aunque es nuestro porvenir más cierto, preferimos mirar para otro lado, como si no fuese con nosotros.

Pretendemos ahuyentar la angustia que nos produce desterrándola del mundo de la palabra. En lugar de una aceptación religiosa y cultural de la muerte como integrante de nuestra existencia, aquella acaece de modo clandestino, a espaldas del moribundo y de su entorno social.

La buena muerte no es ya la muerte anunciada que permite despedirse de los deudos y dejar resueltos los asuntos pendientes, sino la muerte inesperada, indolora y rápida, en sintonía con la comida rápida o el dinero rápido.

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Hoy el individuo camina solo frente a su destino mortal. Sin embargo, la muerte irrumpe bruscamente con el deceso de un familiar, un amigo o un compañero de trabajo.

El tanatorio es el lugar más frecuente donde topamos con esa realidad.

Las reacciones que he presenciado ante el féretro del ser querido son muy variadas: la esposa que grita ante el esposo muerto de repente: “¿Por qué me has hecho esto, por qué me dejas sola?”; el joven desconcertado que suspira: “¿Por qué tenemos que morir?, ¿dónde te vas, amigo mío?”, o el niño de 10 años que, arrodillado, llora silencioso ante el cadáver de su padre.

En el ambiente de la sala del tanatorio quedan flotando el reparo a acercarse a ver el rostro del difunto para retener su imagen anterior; el desgarro que produce la separación definitiva; la conversación banal para ahuyentar el miedo y la inseguridad, el silencio reflexivo que ayuda a plantear el misterio de la muerte y el después.

Es urgente buscar algún sentido a este enigma. Protestamos porque Dios no responde a nuestras preguntas; quizás somos nosotros los que no escuchamos sus respuestas.

La fe cristiana es una luz que nos orienta por los sinuosos pasadizos de la muerte. Pensar que la vida termina cuando morimos es como pensar que una semilla muere cuando se siembra en la tierra, o que un pájaro muere cuando desaparece de nuestro horizonte.

El secreto del Creador consiste en reponer la llama de la vida en la ceniza de la carne muerta.

Por Jesús García Herrero
Capellán del tanatorio M-30. Madrid

Artículo originalmente publicado por Alfa y Omega

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