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“Tenemos la posibilidad de reparar, superando controversias e incomprensiones”

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«Permaneced en mí, y yo en vosotros». Con estas palabras que pronunció Jesús en la última cena, Papa Francisco comenzó su homilía en Lund, Suecia, en la catedral en la que fue fundada la Federación Mundial y en donde hoy se lleva a cabo la oración común con los luteranos para conmemorar los 500 años de la Reforma, Bergoglio dijo que «podemos sentir» el corazón de Cristo, «sus latidos de amor por nosotros y su deseo de unidad para todos los que creen en Él». Nos «dice que él es la vid verdadera y nosotros los sarmientos; y que, como él está unido al Padre, así nosotros debemos estar unidos a él, si queremos dar fruto».

En esta antigua Iglesia, construida siguiendo el estilo románico de la Lombardía y de la región del Rin en Alemania, protegida por dos imponentes torres de 55 metros (y que forman parte imprescindible de la «slyline» de Lund), se celebra un paso importante del diálogo ecuménico entre los católicos y luteranos.

«Queremos manifestar —explicó Francisco— nuestro deseo común de permanecer unidos a él para tener vida. Le pedimos: “Señor, ayúdanos con tu gracia a estar más unidos a ti para dar juntos un testimonio más eficaz de fe, esperanza y caridad”. Es también un momento para dar gracias a Dios por el esfuerzo de tantos hermanos nuestros, de diferentes comunidades eclesiales, que no se resignaron a la división, sino que mantuvieron viva la esperanza de la reconciliación». «No podemos resignarnos a la división y al distanciamiento que la separación ha producido entre nosotros —dijo el Papa. Tenemos la oportunidad de reparar un momento crucial de nuestra historia, superando controversias y malentendidos que a menudo han impedido que nos comprendiéramos unos a otros».

Bergoglio añadió: «debemos mirar con amor y honestidad a nuestro pasado y reconocer el error y pedir perdón: solamente Dios es el juez. Se tiene que reconocer con la misma honestidad y amor que nuestra división se alejaba de la intuición originaria del pueblo de Dios, que anhela naturalmente estar unido, y ha sido perpetuada históricamente por hombres de poder de este mundo más que por la voluntad del pueblo fiel, que siempre y en todo lugar necesita estar guiado con seguridad y ternura por su Buen Pastor».

Sin embargo, reconoció Papa Francisco, «había una voluntad sincera por ambas partes de profesar y defender la verdadera fe, pero también somos conscientes que nos hemos encerrado en nosotros mismos por temor o prejuicios a la fe que los demás profesan con un acento y un lenguaje diferente».

«Dios es el dueño de la viña —dijo Francisco—, que con amor inmenso la cuida y protege; dejémonos conmover por la mirada de Dios; lo único que desea es que permanezcamos como sarmientos vivos unidos a su Hijo Jesús. Con esta nueva mirada al pasado no pretendemos realizar una inviable corrección de lo que pasó, sino “contar esa historia de manera diferente”».

Y después subrayó las palabras de Jesús: «Sin mí no podéis hacer nada». «Sin duda, explicó—  la separación ha sido una fuente inmensa de sufrimientos e incomprensiones; pero también nos ha llevado a caer sinceramente en la cuenta de que sin él no podemos hacer nada, dándonos la posibilidad de entender mejor algunos aspectos de nuestra fe. Con gratitud reconocemos que la Reforma ha contribuido a dar mayor centralidad a la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. A través de la escucha común de la Palabra de Dios en las Escrituras, el diálogo entre la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial, del que celebramos el 50 aniversario, ha dado pasos importantes. Pidamos al Señor que su Palabra nos mantenga unidos, porque ella es fuente de alimento y vida; sin su inspiración no podemos hacer nada».

Bergoglio después habló sobre la experiencia espiritual de Martín Lutero, que « nos interpela y nos recuerda que no podemos hacer nada sin Dios. “¿Cómo puedo tener un Dios misericordioso?”». Esta es la pregunta que perseguía constantemente a Lutero. En efecto, la cuestión de la justa relación con Dios es la cuestión decisiva de la vida». Francisco indicó que mediante el concepto de «sólo por la gracia divina», se nos recuerda que «Dios tiene siempre la iniciativa y que precede cualquier respuesta humana, al mismo tiempo que busca suscitar esa respuesta. La doctrina de la justificación, por tanto, expresa la esencia de la existencia humana delante de Dios».

La unidad de los cristianos es «para que el mundo crea», como se lee en el Evangelio de Juan. Esto, dijo el Papa, es «lo que nos conforta, y nos mueve a unirnos a Jesús para pedirlo con insistencia: «Danos el don de la unidad para que el mundo crea en el poder de tu misericordia». Este es el testimonio que el mundo está esperando de nosotros. Los cristianos seremos testimonio creíble de la misericordia en la medida en que el perdón, la renovación y reconciliación sean una experiencia cotidiana entre nosotros. Juntos podemos anunciar y manifestar de manera concreta y con alegría la misericordia de Dios, defendiendo y sirviendo la dignidad de cada persona. Sin este servicio al mundo y en el mundo, la fe cristiana es incompleta».

Antes de que tomara la palabra el Papa, habló el reverendo Martin Junge, Secretario de la Federación Luterana Mundial. En su homilía, dijo que «viendo a Jesucristo en medio de nosotros, hemos comenzado a vernos de manera diferente. Reconocemos que es muchísimo más lo que nos une frente a lo que nos divide. Somos ramas de una misma vid. Somos uno en el arroz. Por ello estamos aquí en esta conmemoración conjunta: nos preparamos a redescubrir que somos en Cristo».

Junge también añadió: «Conscientes de todas esas fuerzas centrífugas que siempre amenazan con separarnos, quisiera llamarles para que confiemos en la fuerza centrípeta del bautismo. La gracia liberadora del bautismo es un don divino que nos convoca y nos une».
 

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