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Toca su guitarra reciclada como los ángeles, es ciego pero ve los corazones

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Para el joven Miguel Ángel, “es mucho más útil el oído, sin distraerse con la vista”

El escenario era suyo, todos dispuestos para oírlo. Gente a su alrededor aguardaba por su música. Era el ritmo de su corazón el que le indicaba que ya debía empezar. Miguel Ángel Insfrán ha aprendido a ver corazones, él no puede ver rostros.

Este joven de 16 años logró prender la luz en su camino, cuando descubrió que a través de la música podía expresar sus emociones. Desde hace 7 años los aplausos son su mejor recompensa.

“Es mucho más útil el oído, sin distraerse con la vista”. La oscuridad jamás opacó mis ilusiones. comenta entre risas para Aleteia, minutos antes de tocar las cuerdas de una guitarra fabricada con dos latas de dulce de batata y restos de madera.

“Oportunidad hay para todos, el no tener nada no es excusa para no hacer nada”, es lo que siempre le recuerda su director música, Favio Chávez.

A este integrante de la Orquesta de instrumentos reciclados de Cateura, la música le cambió la vida. Tocar un instrumento hecho de la basura le ha devuelto la esperanza: pese a que su guitarra vale mucho más que su casa, logró tener una entre sus manos.

Hay vida en las cuerdas 

“Perdí la vista a medida que fui creciendo”, explica. Recibió la información en sus genes: el glaucoma congénito que padece le permitió ver el mundo a través de la música.

Ahora las cuerdas de su guitarra reciclada, le han abierto las puertas de un nuevo sendero. A su corta edad ya ha visitado más de 10 países como músico de Cateura, barrio marginal ubicado en Asunción, Paraguay.

No es una guitarra formal, pero sí es mágica. “No la cambiaría por nada”, sostiene. Este instrumento de cuerdas habla de las oportunidades que en este barrio se ha empezado a forjar. Miguel Ángel ya tiene decidido su futuro: al terminar la escuela se convertirá en un ingeniero electrónico con alma de músico.

La basura le dio mayor valor a la música

Pese a que los 60 músicos de esta orquesta ya cuentan con instrumentos formales conseguidos con donaciones, utilizan en sus presentaciones los reciclados.

“No es tan fácil conseguir el sonido con los reciclados, pero para nosotros tiene un mayor valor tocar con ellos”, reflexionó Noelia Ríos. Ella toca el chelo elaborado con una lata de aceite de motor, mango de cucharas y madera de “palet” (los que se colocan debajo de los electrodomésticos) entre otros elementos.

Los instrumentos nuevos que se consiguen están ahora en las manos de los niños que no cuentan con dinero para comprar uno. Los niños y jóvenes de Cateura asisten a la escuela de música que se ha organizado en el barrio, como fruto de este proyecto musical.

Con características peculiares cada uno de los instrumentos fabricados con latas conseguidas en la basura produce un sonido diferente a los elaborados con madera.

Ssin embargo, el joven músico ha logrado descubrirlos. Su talento le ha fortalecido su mirada frente a la vida. Su lucha en medio de la adversidad le permite vivir con esperanza.

Fotos Esther Núñez Balbín

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