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5 cosas que los psicólogos desearían que sus pacientes supieran antes de acudir a terapia

Robert Kneschke/Shutterstock
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Esto es lo que tienes que saber para sacar el mayor provecho a tu terapia

La gente me pregunta constantemente qué expectativas deben tener sobre una terapia psicológica. “¿El psicólogo tendrá un sofá de cuero para tumbarme?”, “¿me va a ofrecer consejos sabios que cambiarán mi vida?”, “¿me dirá que es todo culpa de mi marido y que yo no tengo culpa de nada?”. Dada la frecuencia con la que me llegan preguntas de este tipo, pensé que sería útil revisar cinco cosas que a los psicoterapeutas les encantaría que sus pacientes supieran antes de decidir empezar una terapia.

  1. Mi trabajo no es arreglarte

A menudo los pacientes entran en la sala, le cuentan al psicólogo lo que les molesta y luego se quedan asombrados cuando el psicólogo les dice que su trabajo no consiste en arreglarle la vida al paciente. El psicoterapeuta está ahí para ayudar a guiar al paciente durante su autotransformación y para ofrecer apoyo a través del proceso de una terapia. Ir a un psicólogo es radicalmente diferente de ir a tu médico de cabecera. No podemos prescribir un medicamento que elimine todos tus desafíos vitales y, en ocasiones, no hay existe una certeza exacta de la causa que motiva un problema. Por desgracia, nuestra cultura ha sido programada para esperar una solución concreta para cada problema y un remedio rápido para cada dolor. Los psicoterapeutas te dirán que ellos no buscan aliviar inmediatamente el dolor, ya que a veces no hay remedio. A partir de ahí, tratarán de guiar a sus pacientes para entender mejor cómo lidiar con situaciones que puede que no tengan una solución.

  1. No doy consejos

Este punto se deriva directamente del anterior. Muchas veces llegan individuos a la terapia y preguntan a bocajarro qué deberían hacer en una u otra situación. Hay pacientes que creen que si tan sólo el terapeuta les dijera qué hacer, ¡ya iría todo estupendamente! Nada más lejos de la realidad, todo iría peor. Cuando el paciente busca el consejo del terapeuta, en última instancia lo que busca es escudarse en la decisión del psicólogo y así poder culpar al terapeuta del empeoramiento de la situación o usar el consejo del experto como munición en caso de que familia y amigos les confronten en relación a un determinado comportamiento. Sea cual fuere el caso, nadie sale ganando y, de hecho, puede empezar a construir una codependencia con la terapia, lo cual es contraproducente para todos. Por tanto, la terapia debería centrarse más en ayudar al paciente a ver sus fortalezas y, finalmente, conocer su capacidad para influir sobre su presente y su futuro.

  1. La terapia durará más de un mes

Sí, hay terapeutas que aseguran poder ofrecerte las habilidades que necesitas en un mes o dos, pero estas terapias pasan por alto los problemas más profundos. De hecho, los estudios han indicado de forma consistente que este estilo de terapia puede desembocar sin ir más lejos en una recaída de los síntomas. Por tanto, tienes que preguntarte qué tipo de cambio querrías en tu vida: permanente o temporal. Las investigaciones han señalado también que la terapia empieza a hacer efecto en realidad después de seis meses y nuevamente tras un año. Pasado este punto, los efectos de la terapia empiezan a estabilizarse. Gran parte de la duración del tratamiento dependerá de la gravedad del problema, combinado con el nivel de compromiso del paciente para cambiar.

  1. Hay que estar dispuesto a ser sincero con el psicólogo, pero también y más importante, con uno mismo

La terapia no sirve de nada a los pacientes que no están dispuestos a ser sinceros consigo mismos sobre su situación y sinceros con los psicoterapeutas sobre qué está pasando exactamente en sus vidas. Si los psicólogos no logran comprender el panorama general, puede resultar difícil progresar en el tratamiento. Sin embargo, todos los terapeutas entienden que hace falta tiempo para establecer una relación en la que el paciente se sienta lo suficientemente seguro como para revelar sus secretos, pero en cierto punto tendrá que dar el paso y confiar en la persona que tiene delante. Recordad, estamos aquí para ayudar.

  1. La terapia no empieza de verdad hasta que asumes tu responsabilidad personal

Los psicoterapeutas no están interesados en ir repartiendo culpas. Personalmente, me parece que culpar a otros es contraproducente y dañino en el proceso terapéutico. Los pacientes necesitan expresar su ira en relación a las injusticias que han padecido, pero esto no es lo mismo que culpar a otras personas por todos sus sufrimientos. En vez de en la culpa, es mejor centrarse en cómo ha llegado hasta una determinada situación el paciente y qué puede hacer para avanzar hacia una curación. No obstante, la forma en que un paciente llega a la consulta de un psicólogo no siempre es responsabilidad propia (por ejemplo, en casos de abuso), pero en cierto punto tendrán que asumir su responsabilidad por su futuro, junto a cómo interactuarán con las demás personas en su vida diaria. Sin dar este paso, el paciente tendrá problemas para ver cambios.

Conclusión

Uno de mis mentores, y un buen amigo, me presentó esta visión de la terapia: la terapia es como un partido de fútbol americano en el que yo soy el quarterback (que decide la estrategia de ataque) y el paciente es el corredor. Yo siempre le instaré a una jugada ofensiva, una veloz carrera avanzando a través de los jugadores, pero una vez le pase la pelota yo tengo que quitarme de en medio para no molestarle en su avance y que pueda llegar a la línea de gol.

La terapia es un esfuerzo colaborativo. Nosotros, como terapeutas, prestamos nuestro conocimiento experto de psicología a nuestros pacientes, pero es obligación de los pacientes el decidir si están dispuestos o no a hacer lo necesario para cambiar.

Este estilo de terapia es saludable y se alinea con un auténtica prosperidad humana, puesto que busca ayudar a la persona a cumplir con su propia capacidad de autodeterminación, al tiempo que les ofrece un entorno seguro donde empezar a identificar esta capacidad.

 

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