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De Macri al Papa: algo más que un simple regalo

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Algo más que un simple regalo. El presidente argentino Mauricio Macri decidió sellar la visita privada que hoy realizó al Papa en el Vaticano con un obsequio significativo, por su mensaje y por su autor. Se trata de una escultura realizada con material de descarte por uno de los artistas cuya obra Francisco admira: el creador Alejandro Marmo. Una imagen sugestiva, realizada con material de descarte de las fábricas y que representa poéticamente la “cultura del encuentro”, ese concepto acuñado por el propio Bergoglio y que hoy inspira al mundo.

A diferencia de la audiencia protocolar y acartonada del 27 de febrero anterior en el Palacio Apostólico, el encuentro privado y “familiar” que protagonizaron el mandatario y el pontífice este sábado en un salón anexo al Aula Pablo VI fue preparado minuciosamente por ambas partes. Sobre todo por el entorno de Macri. Para la Casa Rosada uno de los detalles fundamentales era el obsequio que el mandatario traería a Roma.

Tras una puntillosa investigación, los funcionarios de la Secretaría de Culto identificaron la alternativa perfecta. No encargaron una simple estatuilla, o un objeto precioso. Decidieron convocar al artista y asignarle la encomienda. No le impusieron límites, ni condicionaron su trabajo. Le dieron carta blanca, para que manifestase su arte. Un voto de confianza.

Es más, el presidente mismo se involucró en el proyecto. Marmo fue convocado a la casa de gobierno y dialogó largamente con Macri sobre la “filosofía del trabajo en lo irrecuperable”. Aprovechó para contarle sobre su trabajo, primero junto al cardenal Bergoglio en Buenos Aires y luego con Francisco en los Museos Vaticanos.

Con vía libre, el artista puso manos a la obra. El resultado fue una escultura que representa un cruce de culturas y credos manifestado en el diálogo interreligioso. Una pieza cuya alma es energía de las manos de los trabajadores, forjada con hierro y madera producto del descarte en las fábricas. Unos 60 centímetros de alto por 30 de base.

“La escultura logra una síntesis del dialogo interreligioso con simbología que incluye los íconos de las tres religiones monoteístas: la estrella de David, el sol, la corona de espinas, la medialuna, y la Cruz. El judaísmo, el cristianismo y el islam; todo bajo una cruz de brazos elevados, un Jesús abstracto. Pone el énfasis en el encuentro entre el trabajo y la fe, manifestada en la diversidad de creencias”, explicó Alejandro Marmo en entrevista con el Vatican Insider.

En su recorrido, este artista argentino ha sabido plasmar con sus manos un pensamiento que bien podría interpretarse como la filosofía de Francisco, sobre todo en su combate permanente contra la “cultura del descarte”.

El producto del descarte Marmo lo transforma, sabe involucrar a otros en su proceso creativo y transformador: Ex drogadictos, delincuentes o personas con problemas. Un itinerario cultural con el cual conectó hace años el entonces arzobispo de la capital argentina. Una conexión que permaneció en el tiempo y se extendió más allá del 2013, cuando Bergoglio fue elegido Papa.

Tanto que el artista realizó obras con material de desecho de la residencia papal de verano ubicada en Castel Gandolfo, a 25 kilómetros al sur de Roma. Una Virgen de Luján y un Cristo obrero que hoy se ubican dentro de los Jardines Vaticanos.

“En este hecho mi participación consiste en ser parte de la reconstrucción de los tejidos sociales, por ahí pasa la rebelión de lo invisible o aparentemente inútil, que está descartado. Es, a final de cuentas, un lenguaje que intenta abrazar desde el descarte, la construcción de un diálogo portador de un mensaje que quede y no sea solo ‘un diálogo de foto’. Que sea un testimonio de fe común, de transformación social en un contexto mundial de violencia y guerra”, precisó.
 

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