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Cuando las “verdades científicas” son falsas

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A veces la necesidad de novedad supera al rigor científico

Aproximadamente un 41% de los pretendidos hallazgos médicos e investigaciones publicadas en revistas especializadas de ciencia y medicina durante los primeros años del siglo XXI han sido ya descartados, bien porque se ha logrado contradecir los resultados de los experimentos que llevaron a esas conclusiones, bien porque se ha demostrado que esas mismas conclusiones eran erróneas o, cuando menos, exageradas.

Más alarmante aún resulta el hecho de que, de acuerdo a algunas estimaciones, aproximadamente entre el 50% y el 80% de las investigaciones publicadas basan sus resultados en estudios y experimentos que no pueden ser reproducidos.

Esta imposibilidad de repetir los experimentos para corroborar resultados –como se esperaría en las ciencias positivas, que deberían poder mostrar ciertas constantes- ha dado paso a lo que se conoce como la “crisis de reproducibilidad”: la imposibilidad de obtener resultados similares en exactamente los mismos experimentos.

El profesor Brian Nosek, de la Universidad de Virginia, intentó repetir cien experimentos psicológicos. Sólo pudo replicar exitosamente el 40% ¿Por qué sucede esto?

De acuerdo a un artículo recientemente publicado por Olivia Goldhill en Quartz, no se trata tanto de que los científicos estén deliberadamente manipulando los resultados de sus trabajos, pero sí de ciertos aspectos de la carrera académica pueden estar contribuyendo a la publicación constante (y prematura) de hipótesis no demasiado comprobadas.

Las revistas académicas dan prioridad de publicación a estudios que consideran “originales”, y los investigadores se han visto obligados a trabajar –por problemas de tiempo y presupuesto, y por la necesidad de publicar constantemente- con “muestras” de muy pocos sujetos experimentales.

Ahora bien, las buenas noticias son que precisamente esta serie de errores en los últimos quince años de publicaciones han conducido, precisamente, a un aumento del rigor experimental en la comunidad científica, y a una revisión de los propios métodos experimentales.

Para leer el artículo completo (en inglés), puede hacer clic aquí.

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