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Papa Francisco: Los que creen que tienen toda la verdad en la mano, son ignorantes

© Antoine Mekary / ALETEIA
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Homilía hoy en Casa Santa Marta

La verdadera doctrina no es el férreo cumplimiento de la ley que encanta como las ideologías, sino que es la revelación de Dios que se deja encontrar todos los días por los que están abiertos al Espíritu Santo: es lo que ha dicho Papa Francisco en la Misa matutina celebrada en la Casa Santa Marta:

En las lecturas del día se habla del Espíritu Santo: es “el gran don del Padre”, afirma Papa Francisco, es la fuerza que hace salir a la Iglesia con valentía hasta que llegue el fin de los tiempos. El Espíritu es “el protagonista de este caminar hacia delante de la Iglesia”. Sin Él, está “la cerrazón, el miedo”.

El Papa indica tres comportamientos que podemos tener con el Espíritu. El primero es el que San Pablo reprende a los Gálatas: el creerse justificados por la ley y no por Jesús “que da sentido a la Ley”. Por eso eran tan estrictos. Son los mismos que ataban a Jesús y que el Señor llamaba “hipócritas”.

Este apego a la Ley ignora al Espíritu Santo. No deja que la fuerza de la redención de Cristo vaya adelante con el Espíritu Santo. Ignora, solo existe la Ley. Es verdad que existen los Mandamientos y los debemos seguir, pero siempre desde la gracia de este don grande que nos ha dado el Padre, su Hijo, es el don del Espíritu santo. Así se entiende la Ley. No reduzcamos al Espíritu y al Hijo a la Ley. Este era el problema de esta gente: ignoraban al Espíritu Santo y no sabían seguir adelante. Cerrados, cerrados en las prescripciones: se debe hacer esto, se debe hacer eso otro. A veces, a nosotros, nos puede pasar que caigamos en esta tentación”.

Los Doctores de la Ley, afirma el Papa, “encantan con las ideas”.

“¿Por qué las ideologías encantan, así comienza Pablo: ‘Necios Gálatas, ¿Quién os ha encantado?’. Aquellos que predican con las ideologías: es todo justo. Encantan: todo claro. Pero ¿la revelación de Dios no es clara? La revelación de Dios se encuentra todos los días, está en marcha siempre. ¿Es clara? ¡Sí! ¡Clarísima! Es Él, pero lo debemos encontrar estando en marcha, y los que creen que tienen toda la verdad en la mano, son ignorantes, Pablo dice más: ‘¡Necios!’. Se han dejado engañar”.

El segundo comportamiento es entristecer al Espíritu Santo: sucede “cuando no dejamos que Él no inspire, nos lleve adelante en la vida cristiana”, cuando “no dejamos que Él nos hable, no con la teología de la Ley, sino con la libertad del Espíritu, qué debemos hacer”. Así, explica el Papa, “nos hacemos tibios, caemos en la mediocridad cristiana”, porque el Espíritu Santo “no puede hacer su gran obra en nosotros”.

La tercera actitud, sin embargo, “es abrirse al Espíritu Santo y dejar que el Espíritu nos lleve adelante. Es lo que hicieron los Apóstoles: la valentía del día de Pentecostés. Han perdido el miedo y están abiertos al Espíritu Santo”.

“Para entender, para acoger las palabras de Jesús, afirma el Papa, es necesario abrirse a la fuerza del Espíritu Santo. Y cuando un hombre y una mujer se abre al Espíritu Santo es como un barco de vela que se deja llevar por el viento y va adelante, adelante, no se detiene nunca”. Pero es necesario “rezar para abrirse al Espíritu Santo”.

“Nosotros nos podemos preguntar hoy, en un momento del día ¿ignoro al Espíritu Santo? Sé que voy a Misa el domingo, hago esto y esto ¿pero es suficiente?”

“Segundo: ¿Mi vida es una vida a mitad, tibia, que entristece al Espíritu Santo y no deja en mí la fuerza de seguir adelante, de abrirme? o ¿finalmente mi vida es una oración continua para abrirse al Espíritu Santo, para que Él me lleve adelante con la alegría del Evangelio y me haga entender la doctrina de Jesús, la verdadera, la que no engaña, la que no nos hace necios?

Que nos haga entender nuestra debilidad, la que Le entristece, y que nos lleva adelante llevando siempre el nombre de Jesús a los demás, enseñando el camino de la salvación. Que el Señor nos dé esta gracia: abrirnos al Espíritu Santo para nos ser necios, engañados, ni hombres o mujeres que entristecen al Espíritu”.

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