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Así está hoy el lugar donde el cura Brochero fue fotografiado sobre una mula

© Marko Vombergar-ALETEIA
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¿Qué te dice a ti esta imagen?

Esa fotografía bien podría ser parte del fantástico ejercicio de ensayo de contemplación fotográfica que hace el semiólogo Roland Barthes en su clásico La Cámara Lúcida. Bien podría acompañar en su obra, indispensable para los amantes y teóricos de la fotografía, a la de la reina Victoria a caballo, retratada en 1863.

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En esta, el cura Gaucho, beato José Gabriel Brochero (1840-1914), que será canonizado el 16 de octubre, no monta un caballo. Monta una mula. Fuma. No hay falda que proteja las piernas, a diferencia de la reina, sino poncho para abrigar del frío serrano. La mula tiene una silueta casi perfecta. Pero el santo es el que penetra en nosotros, y no sabemos por qué.

Con Aleteia fuimos en búsqueda de esa foto al preciso lugar en el cual fue tomada a finales del siglo XIX, a las orillas del río Panaholma.

Hoy quedan las ruinas de lo que fue la estancia de Erasmo Recalde, importante productor agrícola que apoyó decididamente la obra de evangelización y progreso que llevó adelante el Cura Gaucho en Villa del Tránsito. En esa vieja casona se solía hospedar Brochero, recuerdan por estos pagos.

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© Marko Vombergar-ALETEIA
© Marko Vombergar / ALETEIA 2016

Curiosamente quedan los pilares, las columnas que se observan detrás de Brochero en la fotografía. El escenario está.

La sierra que demandaba la movilidad sobre la mula Malacara también nos habla de un contexto que fácilmente imaginamos como inhóspito para que un sacerdote circule arreando ovejas, disculpe el lector: personas, para ejercicios espirituales.

Pero esa foto de Brochero nos dice más.

Las fotos, reflexionaba Barthes, pueden tener dos planos: un studium y un punctum. El studium refleja el propósito del autor. Uno lee racionalmente, al ver la foto, qué pretendía el fotógrafo al capturar la imagen. El punctum, en cambio, es absolutamente personal, e incluso independiente de la intención del autor. Es ese azar que en ella me despunta, pero que también me lastima, me punza, decía el francés. El punctum puede partir de un detalle, pero atraviesa al que contempla la foto y le provoca gozo o dolor.

El punctum en las fotos de los santos son los santos. Son ellos. Es su humanidad, el saberlos en el cielo, pero compañeros de tierra; su mirada, su gesto, su profundidad, su trascendencia. Es él, es Brochero.

La fotografía, enseña Barthes, repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente. Y nos conmueve, a quienes recorremos los mismos caminos que los santos, enfrentarnos a escenarios iguales, pero no verlos a ellos, no encontrarlos para que nos guíen y acompañen en el camino. Hoy lo hacen desde otro lugar, mucho más privilegiado.

Barthes cree que en la pintura no hay punctum, sólo en la foto. Por eso, ante esta foto, ¿qué te dice a ti la foto de Brochero? ¿Qué te dicen a ti las fotos de los santos?

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© Marko Vombergar-ALETEIA
© Marko Vombergar / ALETEIA 2016
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© Marko Vombergar-ALETEIA
© Marko Vombergar / ALETEIA 2016
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