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El Papa en Georgia: respetar las prerrogativas soberanas de cada país

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Un auténtico progreso «tiene como condición preliminar indispensable el pacífico entendimiento entre todos los pueblos y los Estados de la región», con «el respeto de las prerrogativas soberanas de cada uno de los países en el marco del derecho internacional». Lo dijo Papa Francisco en su primer discurso en Georgia, frente a las autoridades políticas del país en el Palacio presidencial de Tiflis. El diálogo civil, la moderación y la responsabilidad, explicó, son mucho más necesarios en un momento histórico en el que «no faltan también extremismos violentos que manipulan y distorsionan principios de naturaleza civil y religiosa para subordinarlos a oscuros diseños de dominio y de muerte».

Al bajar del avión que lo llevó de Roma a Tiflis, capital de Georgia, Papa Francisco fue recibido en el aeropuerto por el presidente de la República, Georgi Margvelashvili, y por el Patriarca de toda Georgia, primado de la Iglesia apostólica ortodoxa georgiana, Elías II. El Papa abrazó al anciano Patriarca, y después se besaron. Fue una ceremonia de bienvenida simple, con los himnos nacionales y los honores militares. Inmediatamente después, el Papa se dirigió al Palacio Presidencial para la visita de cortesía al mandatario del Estado y para el encuentro con las autoridades y con la sociedad civil.

Francisco fue recibido por el joven presidente-filósofo Georgi Margvelashvili a la entrada del Belvedere, y después del encuentro privado, salió al patio de honor del palacio, una estructura construida en una zona muy extendida y siguiendo las líneas del Reichstag de Berlín, proyectada por el italiano Miche De Lucchi. Margvelashvili es el sucesor del presidente Mikheil Saakašvili, el líder de la Revolución de las Rosas que se afirmó después de las manifestaciones populares de 2003, con las que cayó el primer presidente de la Georgia independiente post-soviética, Eduard Ševardnadze, ex ministro del Exterior de Michail Gorba?ëv. El gobierno que nació de la Revolución de las Rosas, filo-occidental, cortó todos los vínculos con Moscú, abriendo al país a la economía de mercado y a las inversiones extranjeras, mediante un robusto programa de privatizaciones que llenó, no sin algunas sombras, las cajas del Estado. En agosto de 2008, un conflicto contrapuso a Georgia con la Federación rusa por el control de la región de Osetia del sur, a la que habían logrado penetrar las tropas georgianas, pero vencieron los tanques rusos, que lograron incluso llegar a pocos kilómetros de la capital Tiflis. Y estas son heridas que todavía no han cerrado del todo.

El presidente georgiano saludó a Francisco, le agradeció por el apoyo de la Santa Sede y pronunció palabras muy duras contra Rusia, al referirse a las situaciones de Abkhazia y Osetia del Sur: «El país todavía es víctima de una agresión militar por parte de otro Estado: el 20% de nuestro territorio está ocupado y el 15% de la población está prófugo. A estos hombres solo les han quitado la casa, ¡porque son étnicamente georgianos! A 40 kilómetros de aquí hay alambre de púas que prohíbe a la población pacífica, a los vecinos y a los parientes tener relaciones entre sí». «¡A 40 kilómetros de aquí —insistió— los seres humanos asisten todos los días a hechos de violencia, a secuestros de personas, a homicidios y a ofensas que lesionan profundamente la dignidad! Sin embargo, a pesar de todo, nosotros no buscamos el enfrentamiento, solo buscamos la vía que lleve a nuestro país a la liberación de la ocupación extranjera y que lleve a la paz».

En su discurso, Papa Francisco recordó que la «historia multisecular» de Georgia, su cultura y sus valores, hacen que el país esté incluido «plenamente y de modo profundo y peculiar en el ámbito de la civilización europea». Y, al mismo tiempo, «como muestra su posición geográfica, es casi un puente natural entre Europa y Asia, una bisagra que facilita las comunicaciones y las relaciones entre los pueblos».

Francisco reconoció que en los 25 años que han pasado desde la proclamación de la Independencia, Georgia «ha construido y consolidado sus instituciones democráticas y ha buscado los caminos para garantizar un desarrollo lo más incluyente y auténtico posible». «Deseo —añadió— que el camino de paz y desarrollo prosiga con el compromiso solidario de todos los miembros de la sociedad, con el fin de crear las condiciones de estabilidad, equidad y respeto a las leyes que favorezcan el crecimiento e aumenten las oportunidades para todos».

«Este progreso autentico y duradero —prosiguió Bergoglio— tiene como condición preliminar indispensable el pacífico entendimiento entre todos los pueblos y los Estados de la región. Esto exige que crezcan sentimientos de mutua estima y consideración, los cuales no pueden descuidar el respeto de las prerrogativas soberanas de cada uno de los países en el marco del derecho internacional».

Y por ello es necesaria la «confrontación», un «diálogo civil, donde prevalezca la razón, la moderación y la responsabilidad. Esto es tanto más necesario en el momento histórico actual, en el que no faltan también extremismos violentos que manipulan y distorsionan principios de naturaleza civil y religiosa para subordinarlos a oscuros diseños de dominio y de muerte».

Y es necesario, continuó Francisco, «que todos se preocupen en primer lugar por la suerte de los seres humanos en su concreción y realicen con paciencia todo intento para evitar que las divergencias desemboquen en violencia, que puede causar enormes daños para el hombre y la sociedad. Cualquier distinción de carácter étnico, lingüístico, político o religioso, en vez de ser usados como pretexto para transformar las divergencias en conflictos y los conflictos en interminables tragedias, puede y debe ser para todos fuente de enriquecimiento recíproco en favor del bien común».

Para ello, se requiere que «cada uno», concluyó el Papa, «ponga plenamente a disposición las propias capacidades, teniendo ante todo la posibilidad de vivir en paz en su tierra o de regresar libremente si, por cualquier motivo, fue obligado a abandonarla. Deseo que los responsables públicos continúen preocupándose por la situación de estas personas, afanándose en la búsqueda de soluciones concretas más allá de las cuestiones políticas no resueltas».

El Secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, no viajó con Francisco al Cáucaso, debido a un resfriado imprevisto.
 

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