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El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares: ¿Ha perdido Tim Burton su frescura?

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Se echa de menos el mayor calado antropológico de otros films suyos, como Eduardo Manostijeras o Big Fish

Una cosa hay que agradecer a Tim Burton, y es su fidelidad a sus principios visuales y narrativos. Hace el cine que quiere, y la gente sabe de antemano lo que se va a encontrar si entra a ver una película suya. Pero dentro de eso, hay películas más ricas en temas y lecturas, y otras –como esta- más parcas en contenido. En este caso, Burton adapta la novela homónima de Ramsom Riggs, publicada en 2011, y la hace suya tanto en la estética como en ciertos intereses temáticos.

El argumento lo protagoniza Jacob Portman (Asa Butterfield), un joven que viaja a Gales para visitar la residencia en la que vivió su abuelo Abe (Terence Stamp) de niño, y que puede ayudarle a entender algunas de las cosas que dijo antes de morir. Esa residencia era “El hogar para niños peculiares” de Miss Peregrine. Cuando llega allí se encuentra con un edificio en ruinas, bombardeado en la segunda guerra mundial y abandonado desde entonces. Pero de repente parece que el edificio no está abandonado del todo…

La película no es tan original como hubiéramos deseado, amén de un poco irregular y algo confusa. Las claves de situación recuerdan a X-Men, y el argumento parece de una entrega de Harry Potter. No es casual que la guionista sea Jane Goldman (X-Men, primera generación).

Por supuesto, el resultado es tan entretenido como el de dichas películas, pero se echa de menos el mayor calado antropológico de otros films de Burton, como Eduardo Manostijeras o Big Fish. Ciertamente nos encontramos con rasgos burtonianos por ejemplo en su descripción de la relación entre el nieto y el abuelo, que siente la importancia de narrarse a sí mismo para las generaciones futuras; también son muy burtonianas la desconexión entre padre e hijo, la soledad del outsider y la necesidad de pertenecer a algún lugar.

A pesar de todo, y dejando sentada la calidad del producto, cabe preguntarse si Tim Burton no ha quedado prisionero de su propio mundo, que ya no ofrece la frescura y novedad de sus primeros films, y si no empieza a ser demasiado autorreferencial. En cualquier caso, sus seguidores incondicionales seguramente disfruten con un producto marca de la casa.

 

Tags:
cine
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