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6 consejos para identificar el comportamiento suicida, antes de que sea tarde

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Entérate cómo ayudar y ser ayudado, la necesidad puede estar cerca de ti

El Mapa de la Violencia, una encuesta sobre muertes no naturales, señala que, entre 2004 y 2014, los casos de suicidio aumentaron un 40% entre los adolescentes brasileños de 10 a 14 años y un 33% entre los de 15 a 19 años. Por día, son una media de 32 personas las que se quitan la vida en Brasil.

También, como media los suicidas lo intentan de 10 a 20 veces antes de lograr efectivamente matarse.

El suicidio ya es una de las causas de muerte más comunes en el mundo.

Durante mucho tiempo, por tabú y prejuicio, ese gravísimo tema ha sido muy poco discutido por la opinión pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) está incentivando a los países a invertir más en políticas públicas dirigidas a concienciar a la población sobre los indicios de las personas que intentan matarse.

Estas seis señales pueden identificar a un posible suicida, y ayudar a salvarlo:

  1. Comportamientos que denotan sufrimiento intenso

Pensamientos obsesivos, lamentos de que la vida no tiene sentido, desesperación, incapacidad de cambiar, falta de energía para hacer tareas básicas, mucho tiempo en la cama, dificultades para tomar decisiones que antes eran tomadas normalmente, pérdida de interés por actividades que antes eran placenteras. Frente a una persona con estas señales, platica en tono acogedor, mostrándote cercano y solidario, y búscale ayuda profesional. Estas señales coinciden con varios indicativos de depresión, una enfermedad cada vez más común y que exige una atención seria. No significan necesariamente una tendencia al suicidio, pero son señales de alerta que no deben ser desatendidas.

  1. Cambios drásticos de humor

Es natural tener cambios de humor durante el día: puedes sentirte muy bien y de repente enojarte o entristecerte, como reacción a ciertos acontecimientos. Pero hay personas cuyas alteraciones de humor son extremas, impulsivas y frecuentes. Presta atención a los cambios repentinos y exagerados. En casos de emergencia, no dudes en llamar (al número de tu localidad) y solicitar ayuda.

Estos cambios deben ser observados con atención también en los adolescentes. La adolescencia es un periodo en que las alteraciones del comportamiento son comunes y, precisamente por eso, su gravedad corre el riesgo de pasar desapercibida. Si el adolescente se encierra en su cuarto sin querer conversar con nadie y no sabe manifestar su sufrimiento con claridad, intenta oírlo sin juicios y muéstrate comprensivo y amigo. Si la comunicación fuera más complicada, busca ayuda especializada.

  1. Acontecimientos impactantes o traumáticos

Hechos muy dolorosos, principalmente cuando son inesperados, pueden causar un gran impacto negativo: la muerte de una persona querida, la pérdida del trabajo importante y bien remunerado, una enfermedad grave, casos de bullying intenso, todo eso puede ser un detonante para el suicidio. Cuando estos acontecimientos provocan cambios bruscos de rutina y comportamiento, dejan a la persona sin saber cómo reaccionar y la llevan a dejar de hacer cosas que antes consideraba importantes; permanece cerca y llévala a un buen psicólogo o psiquiatra.

  1. Avisos verbales

La persona desesperada que piensa en acabar con su vida suele dar señales de que está interiormente pidiendo ayuda. Llega a decir frases como “no aguanto más”, “me quiero morir”, “la vida no vale la pena”, “va a ser mejor para todos sin mí”, “hubiera sido mejor si no hubiera nacido”, etc.

¿Puede ser sólo drama y exageración? Puede ser. Pero, por si las dudas, presta mucha atención a estas señales y a otros indicios que acompañan un comportamiento depresivo suicida. Esas frases nunca deben ser ignoradas. Hay quien piensa que “una persona que quiere realmente matarse no avisa”. Esta idea es falsa. Quien quiere matarse siempre da una serie de indicios, verbales o no. Recuerda las estadísticas: por cada suicidio consumado, hubo alrededor de 10 a 20 intentos previos. No lo ignores.

  1. Trastornos psicológicos y de dependencia

Los riesgos aumentan cuando la persona sufre enfermedades psicológicas como depresión grave, trastorno bipolar, trastorno límite de la personalidad, esquizofrenia, estrés post traumático, así como el trauma recurrente de abusos físicos y sexuales. Más del 50% de los suicidios son cometidos por personas con depresión o trastornos de humor, incluso los relacionados con la dependencia a las drogas y al alcohol. Remedios asociados a la bebida también forman un cuadro bastante peligroso.

Presta atención a los comportamientos irresponsables recurrentes, como el abuso del alcohol y drogas, la conducción imprudente, la práctica sexual inconsecuente. No todo el mundo que presenta estos comportamientos tiene pensamientos suicidas, pero de cualquier forma, esos indicios requieren especial atención, orientación y tratamiento: estos indican un grado bastante considerable de insatisfacción interior que no puede ser ignorada.

  1. Mejoras repentinas

Eso mismo: cuando una persona muy triste y deprimida se muestra súbitamente alegre, existe el riesgo de que esté planeando el suicidio. La aparente mejoría puede ser una simulación. Observa, además, si también parece que está resolviendo pendientes, despidiéndose de amigos y familiares, donando bienes. Esos cambios repentinos en alguien que hacía poco estaba en el fondo del pozo deben ser encarados con mucha prudencia. Informa al médico y recurre también a los servicios de orientación de tu localidad.

En todos estos escenarios:

Observa y, principalmente, ESCUCHA a la persona.

Ten paciencia y acoge su angustia.

Acompáñala a las consultas médicas.

Mantén a los familiares más cercanos también atentos.

Y si tú estás pensando en suicidarte:

Por favor, date una oportunidad y busca ayuda profesional ahora mismo. Ábrete. Lo que estás sintiendo es una enfermedad perfectamente tratable, que puede y será curada. Pero necesitas ayuda.

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