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El cura defensor de la paz que falleció horas antes de la firma del acuerdo

jesuitas.org.co
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Gabriel Izquierdo, un hombre que dio su vida por la paz en Colombia

Muchos lo recuerdan como un auténtico defensor de la paz. Se trata del sacerdote jesuita Gabriel Izquierdo que murió en la ciudad de Bogotá un día antes de la firma del acuerdo final de paz en Colombia en Cartagena de Indias.

Para muchos fue lo más parecido a una ironía, pero para otros nada más que la confirmación de que la misión de Gabriel quedó más que cumplida.

Filósofo y teólogo de la Universidad Javeriana, además de antropólogo y máster en Ciencias Sociales de la Universidad de Chicago.

“El Padre Izquierdo era un hombre activo y optimista que vivió plenamente su vocación como jesuita”, expresan los jesuitas a través de una reseña publicada tras su muerte.

Es que justamente el campo de acción del este sacerdote tuvo que ver desde siempre con la investigación y el desarrollo de una labor comprometida con la paz de su país.

Trabajó durante muchos años con los campesinos y dedicó buena parte de su vida en el Centro de Investigación y Educación Popular, Cinep/PPP, donde llegó incluso a ser director general.

Fue en la década del 70 donde tuvo la oportunidad de conocer de primera mano el conflicto entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Colombia durante su pasaje por las regiones de Cauca y el Pacífico.

Pero su trabajo en defensa de los derechos humanos siempre fue objeto de amenazas de otros grupos guerrilleros con el ELN, además de paramilitares y hasta integrantes de las Fuerzas Armadas. Vio morir a varios amigos cercanos, entre ellos Mario Calderón y Elsa Alvarado hace 19 años.

“Siempre que uno piensa en eso se me desbarata el corazón. (Cuando el padre Izquierdo dice que se le desbarata el corazón, es literal: llora sin consuelo). Yo no puedo dejar de llorarlos. Sobre todo cuando pienso que lo único que estaban haciendo era un bien. Perder a un amigo es de las peores cosas que me han pasado en la vida. Yo no sólo perdí a Mario en esta lucha: a mí me han matado 34 amigos. Es tan doloroso como absurdo. Por eso me causa tanto dolor pensar en los colombianos que quieren que nos sigamos matando”, expresó en una de sus últimas entrevistas concedidas a El Espectador de Bogotá.

“No los mataron por ser narcotraficantes, ni paramilitares o por estar desplazando campesinos. Todo lo contrario. Los mataron porque precisamente estaban enseñando cómo vivir con dignidad. Eso nos llenó de ganas de seguir luchando”, agregó en aquella oportunidad, momento en el que reafirmó no sentir odio por nadie.

Asesoró a Naciones Unidas en materia de Derechos Humanos en tema de desplazados y fue miembro de la Comisión de Conciliación Nacional de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC).

Pero Izquierdo también fue partícipe del proyecto Manzana Jesuítica, que entre otras cosas implicaba la restauración de la Iglesia de San Ignacio en Bogotá, parte del patrimonio histórico de la Compañía de Jesús en América Latina.

Izquierdo murió antes de la firma que de alguna manera siempre anheló. Ni bien se corrió la noticia muchas personas inmediatamente empezaron a recordarlo por su misión, por haber sido un defensor de la paz, pues la dicha no siempre es ver la cosecha, sino sembrar.

“La paz no es un embeleco de unos idiotas, sino la única manera de seguir viviendo como colombianos”, concluyó en aquella entrevista con El Espectador.

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