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¿Por qué se considera a Turín la “ciudad de Satanás”?

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¿Mitos? ¿Leyendas? ¿O datos históricos?

¿Existe una “ciudad satánica”? ¿Un lugar donde el diablo actúa más que en otros lugares? Parece que sí. Es una ciudad italiana, Turín.

Entre la leyenda y la realidad a lo largo de los siglos, esta ciudad ha visto añadirse a su nombre el apelativo de “ciudad del Diablo”, por lo menos por estos tres motivos:

1) Es un nido de satanistas

Durante el periodo 1850-1870, el entonces gobierno del Risorgimento se mostraba extraordinariamente tolerante con todas las formas de religiosidad no católica o anticatólica, a las que consideraba instrumentos útiles en su lucha contra la Iglesia de Roma. En esos años, el Piamonte – y Turín en particular – tuvieron, en consecuencia, una tolerancia única en Europa hacia movimientos religiosos y mágicos marginales, espiritistas, ocultistas (http://www.cesnur.com).

El proceso de las “sonámbulas”

Tras la conquista de Roma en 1870, las razones de conveniencia hacia los magos más o menos satánicos pierden peso, y en 1890 – con el conocido como “proceso de las sonámbulas” – la policía y la magistratura turinesas dieron un signo claro de que la época dorada de la práctica libre de las “artes oscuras” en Turín se había acabado.

Las sonámbulas eran mujeres con problemas mentales manejadas por individuos sin escrúpulos, a los que se llamaban “magnetizadores”. Ellas, las “sonámbulas”, hipnotizadas, abducidas, eran capaces de hacer actos de los que al despertar no guardaban ningún recuerdo (http://www.torinocuriosa.it).

La iglesia de Satanás

La leyenda, sin embargo, continúa. En 1968, Turín es una ciudad-laboratorio de la protesta obrera y estudiantil, marcada por la presencia al mismo tiempo de formas anticlericales y de una activa masonería “de frontera”, repudiada por las obediencias masónicas mayoritarias e interesada en el ocultismo y en la magia sexual. En estos ambientes, las noticias periodísticas sobre la existencia de satanistas en California y otros lugares suscita una cierta curiosidad.

Un primer grupo de personas – que gravitan en el ambiente de las masonerías marginales ocultistas – se dirige a la Iglesia de Satanás californiana (que conserva en sus archivos huella de estos contactos piamonteses, entre 1968 y 1970). De allí nace una “Iglesia de Satanás” de Turín, que alberga discretamente a finales de los 60 y principios de los 70 un número que ciertamente no supera el centenar.

Ocultismo

Los orígenes de la segunda formación llamada en Turín “Iglesia de Satanás”, más estrictamente “ocultista”, son tan extraños que pueden considerarse paradójicos.

Un novelista y folklorista francés, Claude Seignolle (nacido en 1917), había publicado varios libros sobre tradiciones populares sobre el diablo, uno de ellos con un título provocador, Les Evangiles du Diable (Maisonneuve & Larose, París 1963). Personaje curioso, Seignolle se divertía presentándose como un mago campestre caído por casualidad en París, y dejando circular voces que le pintaban como poseedor de secretos esotéricos (aunque su interés por el folklore demoniaco partía de estudios llevados a cabo por etnólogos académicos).

Contactado en 1969 por turineses que buscaban una iniciación satanista, Seignolle les bendijo y les alentó, entre serio y burlón. Fue suficiente para que éstos volvieran a Turín convencidos de haber recibido una “verdadera” iniciación a una tradición transmitida de padre a hijo, lo que provocó un cisma en el pequeño mundo de los satanistas turineses.

Nada de proselitismo

Ni la primera ni la segunda “Iglesia de Satanás” han realizado nunca formas organizadas de proselitismo, y sólo reclutan de forma ocasional nuevos adeptos en base a contactos personales. Tamponi tienen sedes, ni asociaciones, ni publicaciones. Sin embargo, son cada vez más numerosos los casos de misas negras en la capital piamontesa.

2) Triángulos mágicos

Otro de los motivos por los que se asocia a Turín como “ciudad de Satanás” es porque representa el vértice no de uno, sino de dos triángulos supuestamente mágicos: el primero es más conocido y es el que forma con otras dos ciudades, Lyon y Ginebra, y es un triángulo de magia positiva, “blanca”.

El segundo triángulo tiene las puntas en Londres y Praga, y es supuestamente un triángulo de magia “negra”, al servicio del satanismo. Según algunos, por tanto, no es casualidad que se haya dado tanta importancia a la línea ferroviaria de alta velocidad Turín-Lyon. Serán creencias sin fundamento, pero lo cierto es que muchas sectas esotéricas las asumen.

3) El Portón del Diablo

Son numerosos los monumentos y los puntos de la ciudad de Turín protagonistas de extrañas leyendas esotéricas. Uno de estos es seguramente el portón del Palacio Trucchi di Levaldigi, mejor conocido como el Portón del Diablo. Este edificio alberga hoy la sede de la Banca Nazionale del Lavoro y, dada la fama de su portón, es también conocido como Palacio del Diablo (www.guidatorino.com).

El portón fue esculpido en 1675 por una manufactura de París a petición de Giovanni Battista Trucchi di Levaldigi, conde y general de Finanzas de Carlo Emanuele II. La puerta, muy bella, está ricamente tallada y adornada de flores, fruta, animales y amorcitos. Lo más interesante, lo que ha contribuido al nombre actual, es el llamador central que representa al diablo, que escruta a los visitantes que llaman a la puerta. La parte final, la que se toma de la mano para llamar, está compuesta por dos serpientes, cuyas cabezas se unen en el punto central.

Desaparecido

Estos son los datos históricos sobre la  creación del portón. La versión legendaria dice que el portón apareció de la nada una noche, y que la misma noche, un aprendiz de mago había invocado fuerzas oscuras e incluso al mismo Satanás. El diablo, molesto por esta invocación, decidió apresar al aprendiz tras el portón, que el desgraciado nunca logró abrir.

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