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Dejen de “manchar la dignidad” de sacerdotes asesinados, el problema de México es otro

Pierre Holtz - UNICEF CAR-cc
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La violencia mata a tres curas mexicanos en una semana

El día de ayer domingo, en una Misa celebrada al mediodía, el arzobispo de Morelia (Michoacán), el cardenal Alberto Suárez Inda, dio a conocer a los fieles que había sido encontrado el cuerpo sin vida del que fuera el párroco de la Santísima Trinidad en Janamuato, José Alfredo López Guillén.

Más tarde, la Procuraduría General de la República reconoció que el cuerpo en estado de descomposición que se había encontrado en el término municipal de Puruandiro era, en efecto, el del párroco desaparecido desde el pasado domingo 18 de septiembre.

Según las primeras investigaciones, el padre José Alfredo (43 años de edad) fue asesinado la noche misma de su desaparición, lo cual echa por la borda todas las lucubraciones de algunos medios de comunicación y del gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, en el sentido de que el párroco “había sido captado por las cámaras de seguridad de un hotel de la zona, entrando y saliendo con un menor de edad”, el lunes, el martes y hasta el miércoles de la semana pasada.

Se trata del tercer sacerdote asesinado en México en menos de una semana, lo que eleva a 15 el número de sacerdotes asesinados durante los últimos cuatro años que lleva presidiendo al país Enrique Peña Nieto. Todavía hay dos sacerdotes más en calidad de “desaparecidos”, seguramente ya sin vida.

Las imágenes de las cámaras de seguridad del Hotel Loma Linda, ubicado en el centro de Puruándiro, que “inculpaban” al padre López Guillén, fueron descalificadas por la esposa de la persona que sale en ellas, al tiempo que identificaba al menor de edad que supuestamente acompañaba al párroco como un hijo suyo, por lo que interpuso una demanda ante la Procuraduría de Justicia del Estado de Michoacán, por el uso irresponsable que estaban haciendo de ellas y por el daño que pudieran causarle a su hijo.

Desde un principio, el cardenal Suárez Inda había pedido a los presuntos secuestradores que respetaran la dignidad del padre José Alfredo, a quien los fieles de su parroquia recordaron como un hombre entregado a su ministerio sacerdotal y muy querido por la comunidad por su trabajo en contra del alcoholismo y la drogadicción de los jóvenes de la zona.

El cuerpo del sacerdote fue encontrado en un predio denominado Las Guayabas, en la carretera que une a Puruandiro con Zinaparo, y presentaba, al menos, cinco heridas de bala.

De inmediato la Conferencia del Episcopado Mexicano, a través del secretario general, Alfonso Miranda Guardiola, exigió el esclarecimiento de los hechos y que se dejara ya de “manchar la dignidad” del sacerdote asesinado.

De acuerdo con los registros del arzobispado de Morelia, José Alfredo López Guillén, nació el 13 de octubre de 1973 en Panindícuaro, Michoacán.

El párroco de la Iglesia de la Santísima Trinidad de Janamuato fue ordenado sacerdote el 7 de junio de 2001 en la catedral de Morelia, por lo que acababa de cumplir 15 años de sacerdocio, luego de haber cursado 11 años de formación presbiteral en el seminario diocesano de la capital michoacana.

En febrero pasado, el padre estuvo en Morelia, escuchando al papa Francisco decirle a él, y a todos los sacerdotes del país, que el peor pecado que podían cometer ante la violencia que asola a Michoacán y a México era conformarse.

Ahora mismo, José Alfredo, quien era reconocido por sus compañeros sacerdotes como una persona íntegra y de oración, ha pagado con su vida el fruto de su ministerio. Descanse en paz.

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