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Brexit: ¿qué va a pasar ahora con Europa?

Shutterstock / Elena Schweitzer

César Nebot - publicado el 23/09/16

Si se pone en el contexto del auge de los populismos, el ascenso de las derechas extremas... el cuadro empieza a preocupar

Un crucero enorme con miles de pasajeros se enfrenta a una fuerte tormenta. Los pasajeros temen por sus vidas, el barco ha demostrado no ser todo lo fuerte que se esperaba. Durante el temporal, diferentes grupos de pasajeros a lo largo del navío ha estado protestando por las decisiones tomadas por la tripulación. Más o menos estas protestas han ido remitiendo a la par que lo hacía la tormenta.

No obstante, un numeroso grupo de pasajeros situados en la proa del barco hace patente su desconfianza y desafía a la tripulación. Consideran que ellos deberían tomar sus propias decisiones y desean abandonar el buque; expresan que irían más rápido si tripularan ellos mismos su propio barco en lugar de verse sometidos a una tripulación inoperante. Algunos aprovechan el descontento para cargar contra otros pasajeros: si no se les hubiera permitido subir irían mejor; su presencia hace peligrar a todos. Al final deciden, desobedeciendo al capitán, botar una embarcación de emergencia y abandonar el barco.

Esta especie de motín es una metáfora de qué es lo que ha pasado con el Brexit. El Reino Unido, que siempre ha hecho gala de su soberanía y de gobernar su propio destino, ha abandonado el barco de la Unión Europea bajo la creencia de que por su lado pueden sortear mejor la tormenta.

A la par, como en toda crisis, se han alzado voces populistas que han cargado contra la inmigración por las dificultades que ha sufrido y sufre el Reino Unido en esta crisis. Aunque el origen del discurso del Brexit se sustenta en la crisis económica del 2008, los argumentos que han sido esgrimidos han sido más de orden social y político: la inmigración y recuperar soberanía cedida a la Unión Europea.

¿Qué efectos va a tener esto en el futuro?

Sobre todo los efectos que distorsionan más son los del corto plazo. De igual manera que al botar la embarcación del ejemplo se producen oleajes y problemas operativos tanto para el que abandona como para el que propio crucero, el abandono del Reino Unido de la Unión Europea genera distorsiones e incertidumbres que afectan en lo económico.

Los mercados financieros buscan estabilidad y, en momentos de aguas revueltas, lo normal es que las bolsas europeas se resientan. De hecho en los primeros diez días la Bolsa española cayó 10.8 puntos, en 1 mes la caída acumulada se había corregido para mostrar un 3.21%, a día de hoy el efecto es prácticamente nulo. Una evolución similar ha sucedido con la bolsa de París (CAC-40). Una vez superado el oleaje inicial, las bolsas de Frankfurt han aumentado un 2% su cotización y la de Londres un 6%

2016-09-23

1 Evolución de las bolsas desde el Brexit. FTSE(LONDRES) IBEX(MADRID) DAX(FRANKFURT) CAC (PARIS) Fuente datos: El Economista. Elaboración propia, El Economista

Los tipos de cambio también se han resentido en el corto plazo. Tras casi tres meses de Brexit lo que se constata es que la Libra Esterlina ha caído casi un 10% frente al Euro y casi un 11% frente al Dólar. Esto hace que los británicos pierdan poder adquisitivo a la hora de importar. En términos de comercio esto puede afectar en el medio plazo.

No obstante, lo que genera mayor dificultad es la incertidumbre de cómo se va a articular la desconexión y cómo puede alterar a toda la tramitación de los contratos de comercio internacional. Los contratos vigentes y los venideros para la exportación e importación tendrán dificultades y retrasos. Inevitablemente los exportadores al Reino Unido deben asumir que los dos años que vienen de negociación, hasta que las aguas estén calmadas, van a  ser complejos.

No obstante, la complejidad recaerá más por la propia burocracia que por una supuesta sustitución de la importación. Lo normal es que si los ingleses estaban contentos con adquirir productos agrarios de España por su competitividad y calidad, deseen seguir haciéndolo y, por lo tanto, estén dispuestos a negociar tratados bilaterales de comercio.

Durante estos dos años de incertidumbre, la competitividad se puede resentir porque los trámites encarezca el comercio internacional y erosionen la competitividad, pero ambas partes, exportadores e importadores en cualquiera de los sentidos disponen de incentivos a pedir a sus respectivos gobiernos las medidas necesarias para que se articulen tratados de comercio que estabilicen la situación. En plena globalización, no tiene sentido políticas arancelarias restrictivas, como sucede con Suiza o Noruega sin precisar que pertenezcan a la Unión Europea.

Una vez superado el oleaje económico de corto plazo, lo más preocupante no es en el orden económico sino más bien en el orden político. El mensaje de culpar a la inmigración de todos los males económicos contiene un veneno en medio de una crisis social que puede poner en jaque la conciencia europea. Si es así, de nuevo se le dará alas a los populismos que propician situaciones políticas de confrontación.

La Unión Europea nació como forma de evitar este tipo de confrontaciones que dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial. De la Primera Guerra Mundial, una Alemania ahogada vivió cómo la crisis económica derivaba en crisis social y política hasta el punto de que el populismo Nazi abocara a Europa a una segunda Guerra Mundial. El problema del Brexit en el orden político es que algo que se pensaba imposible hace un año ha tomado cuerpo y realidad acompañado de este populismo.

El mundo contiene la respiración ante el populismo de Donald Trump y la posibilidad que pueda ser el próximo Presidente de los Estados Unidos. Las consecuencias económicas del Brexit al menos en el corto plazo son para tenerlas en cuenta; no obstante, no podemos perder de vista que es una pincelada en un cuadro de orden social y político a medio y largo plazo más preocupante del que pensábamos ya estábamos curados de espanto en Europa.

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