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México y Estados Unidos: Solucionar el tema de la migración es posible

Victoria Pickering-cc
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En vez de pelear sobre la construcción de un muro de 3,000 kilómetros, pueden aprovechar las oportunidades de ayuda mutua

En un reciente artículo publicado por The New York Times, el ex presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) y el ex secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos M. Gutiérrez (2005-2009) propusieron un anteproyecto de solución al grave problema migratorio que enfrentan los dos países vecinos; un tema que está de moda en las campañas presidenciales del país del norte.

La idea que mueve a los ex funcionarios a presentar este anteproyecto es la que ambos países, lejos de pelear en torno a la construcción de un muro de 3,000 kilómetros de largo, pueden arreglar sus diferencias y aprovechar las oportunidades de ayuda mutua que ofrece tener un mercado laboral bien regulado y ventajoso para ambos países. Sobre todo cuando el intercambio comercial México-Estados Unidos vale un millón de dólares por minuto.

Ciertamente, el problema migratorio no es fácil. Los autores del ensayo calculan que existen en la actualidad 11,7 millones de personas nacidas en México que viven en Estados Unidos, y casi la mitad (5,6 millones) carecen de autorización legal. “La causa de fondo de esta tragedia es que los gobiernos no promulgaron conjuntamente un marco bien regulado para los flujos de mano de obra”, explican como premisa, Zedillo y Gutiérrez.

Existe una mejor manera de hacer las cosas

“Creemos –dicen los autores del anteproyecto–que ambos países deben llegar a una solución duradera, innovadora y cooperativa para cosechar los tremendos frutos de dirigir la migración legal y bien regularizada hacia actividades que complementen y permitan el bienestar y potencial productivo de todos los trabajadores y sus familias”.

Muchos son los ejemplos: estadounidenses ancianos a los que cuidan enfermeros mexicanos; niños estadounidenses que son criados en hogares que se construyen y se mantienen limpios gracias a trabajadores mexicanos, así como las oportunidades de que esto les permita a las familias mexicanas transformar sus vidas, “como alguna vez sucedió con la mayoría de las familias estadounidenses cuando sus antepasados fueron migrantes”.

Para Zedillo y Gutiérrez, “es posible regular estas actividades en formas que genere trabajos nuevos y mejores para los trabajadores estadounidenses de todos los niveles educativos, promuevan la inversión y el crecimiento en ambos países y fortalezcan las leyes de México y Estados Unidos. Un mercado laboral bien regulado puede dar forma a un flujo de mano de obra migrante que complemente, en lugar de competir con los trabajadores de Estados Unidos. Un mercado negro no puede hacer eso”.

¿Qué se propone?

Los autores de este estudio, que llega en momentos en que parecería que el muro y la ruptura son las únicas realidades del futuro, proponen un nuevo acuerdo bilateral para regular futuros flujos de trabajadores no especializados entre México y Estados Unidos. “Esta es la forma duradera y práctica de deshacernos de los muchos males del mercado negro y es esencial para fortalecer el Estado de derecho y la seguridad nacional en ambos países”, afirman.

Más adelante, piden romper paradigmas y prejuicios y que se forme un grupo de ciudadanos destacados de ambos países, con una extensa visión y habilidad política, que asesoren en cómo Estados Unidos y México pueden regular conjuntamente en el futuro la migración laboral no especializada para beneficio de ambos países.

Entre las propuestas se incluye:

· Un sistema de aranceles para garantizar que a los empleadores estadounidenses les convenga contratar primero a trabajadores estadounidenses

· Una forma de portabilidad de visa entre empleadores que permitiría proteger los derechos de los trabajadores mexicanos y estadounidenses

· Un límite de salvaguardas para evitar un alza no prevista en la cantidad de trabajadores que cruzan la frontera y nuevos incentivos para la capacitación laboral, retorno de migrantes e integración.

· Un sistema integral y bilateral para regular a los reclutadores de mano de obra mexicana, por primera vez en medio siglo, a fin de respetar los derechos laborales y las leyes de ambos países.

Las palabras finales del texto de Zedillo y Gutiérrez cierran el paso a los escépticos y a los que piensan –como Donald Trump—que no hay posibilidades de una solución duradera a la inmigración ilegal de cerca de 2000,000 mexicanos que cada año van al norte: “Hemos intentado el unilateralismo durante dos generaciones y no ha funcionado. Hay alternativas bien pensadas y los vecinos no tienen otra opción que trabajar juntos. En nuestra frontera común, podemos construir un futuro común.

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