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El canto de María que une a las iglesias de todo el mundo

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Magnificat anima mea Dominum

Magnificat anima mea Dominum, et exsultavit spiritus meus in Deo salvatore meo, quia respexit humilitatem ancillae suae.

Desde la Edad Media, el Magnificat del Evangelio de Lucas, fue introducido en la tradición litúrgica de la Iglesia católica y todavía hoy forma parte de la Liturgia de las Horas, como cántico de las vísperas; los otros dos cánticos presentes en el Evangelio de Lucas son el Benedictus que se canta en las lodes matutinas y el Nunc Dimittis que se recita en las completas.

La Iglesia ortodoxa también usa el Magnificat en la celebración cotidiana de la mañana, entre la octava y la novena oda del canon.

El Magnificat está también en el Libro de la Oración Común de la Comunión Anglicana. 

Es uno de los pasajes de música sacra que ha sido más musicalizado, a partir del canto gregoriano para llegar a Clauidio Monteverdi, Francesco Durante, Nicola Fago, Antonio Vivaldi, Johann Sebastian Bach Nicola Porpora y Franz Liszt, pertenecientes al repertorio más clásico.

El Magnificat fue musicalizado también en clave moderna de numerosos artistas, entre los cuales, monseñor Marco Frisina, con la versión latina, cantada por la célebre cantante italiana Mina, y una versión italiana, interpretada por el Coro de la Diócesis de Roma.

Además, los compositores vivos Arvo Pärt y John Rutter escribieron un Magnificat respectivamente en 1989 y 1990.

Magnificat es la primera palabra del cántico de agradecimiento y de alegría que pronuncia María al responder al saludo de su prima Elizabeth, en el momento de su encuentro.

En las palabras de María no hay rastro de venganza, no hay enemigos que destruir, sino un mundo renovado donde también a los ricos liberados de sus riquezas vacías se les devuelve la dignidad de pobres. 

Por Cecilia Team

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