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“Me gustaría que todas las religiones dijeran: «Matar en nombre de Dios es satánico»”

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En la Cruz de Jesucristo (la Iglesia celebra hoy la Cruz de Jesucristo), comprendemos el misterio de Cristo. Este misterio de aniquilación, de cercanía a nosotros, Él estando en la condición de Dios dice a Pablo que no considera el rango

Asumiendo una condición de siervo, convirtiéndose en semejante de los hombres, de aspecto reconocido como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, una muerte sobre la Cruz. Este es el misterio de Cristo, este es un misterio que se hace martirio por la salvación de los hombres. Jesucristo es el primer mártir el primero que da la vida por nosotros, y de este misterio de Cristo comienza toda la historia del martirio cristiano. Desde los primeros siglos hasta hoy. Los primeros cristianos hicieron la confesión de Jesucristo pagando con sus vidas. A los primeros cristianos se les proponía la apostasía, o sea: “Digan que nuestro dios es el verdadero y no el de ustedes, hagan un sacrificio a nuestro dios o a nuestros dioses”; y cuando no hacían esto, cuando rechazaban la apostasía, eran asesinados. Esta historia se repite hasta hoy. Porque hoy en la Iglesia hay más mártires cristianos que en los primeros tiempos. Hoy hay cristianos son asesinados, torturados, encarcelados, degollados porque no reniegan a Jesucristo.

En esta historia llegamos a nuestro padre Jacques. Él forma parte de esta cadena de mártires. Los cristianos que hoy sufren, ya sea en la cárcel o en la muerte o con las torturas hacen ver justamente la crueldad de esta persecución. Y esta crueldad que pide la apostasía, digamos la palabra, es satánica. Cuánto me gustaría que todas las confesiones religiosas dijeran: “Matar en nombre de Dios es satánico”. El padre Jacques Hamel fue degollado en la cruz, justamente mientras celebraba el sacrificio de Cristo en la Cruz. Hombre bueno, manso, de fraternidad, que siempre trataba de hacer la paz, fue asesinado como si fuera un criminal. Este es el hilo satánico de la persecución, pero hay algo en este hombre que aceptó su martirio ahí con el martirio de Cristo, en el altar, una cosa que me hace pensar mucho: pienso en el momento difícil que vivía, en medio de esta tragedia que veía venir, un hombre manso, un hombre bueno, un hombre que vivía en fraternidad, no perdió la lucidez de acusar y decir claramente el nombre del asesino. Y dijo claramente: “Vete, Satanás”. Dio la vida por nosotros, dio la vida para no renegar a Jesús. Dio la vida en el mismo sacrificio de Jesús sobre el altar. Y de allí acusó al autor de la persecución. “Vete, Satanás”.

Y que este ejemplo de valentía, pero también el martirio de la propia vida, de vaciarse a sí mismo para ayudar a los demás, de hacer fraternidad entre los hombres, nos ayude para salir adelante en la vida sin temor. Que él, desde el cielo (porque hay que rezarle, es un mártir, y los mártires son beatos, hay que rezarle), nos dé la mansedumbre, la fraternidad, la paz y también la valentía de decir la verdad: “Matar en nombre de Dios es satánico”.
 

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