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La Cruz y la Resurrección de Cristo

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Este día los Orientales celebran  la Cruz con una solemnidad semejante a la de la fiesta de Pascua de Resurrección. Constantino hizo construir en Jerusalén una basílica en el Gólgota y otra en el Sepulcro de Cristo Resucitado. Hoy Gólgota y Sepulcro se encuentran bajo el mismo techo, porque Gólgota y Sepulcro son inseparables, como la Cruz y la piedra sepulcral.

Un miembro del clero de Jerusalén, san Andrés, obispo de Creta, que murió en el 740, al mirar la Cruz se exclamó con palabras entusiastas: “Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz.  Celebramos hoy la fiesta de la cruz y, junto con el Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz”.

La Cruz es fuente de luz de alta dignidad. Para nosotros hoy, Caballeros y Damas, la Cruz está vacía como el Sepulcro, porque Cristo ha resucitado. En la cruz veneramos su sangre redentora, en el Sepulcro adoramos su cuerpo glorioso. Para nosotros también este día es tan importante como la fiesta de Pascua de Resurrección. La Cruz lleva al Sepulcro, y el Sepulcro nos lleva a la cuna de la Resurrección.
Te abrazo, Cruz de la muerte. Te saludo, Sepulcro de la vida que no muere.

Cruz sin crucificado, como el Sepulcro vacío.

Efectivamente, hemos sido arrancados de la tierra del pecado y subimos hacia las alturas. Tal es la riqueza de la cruz y quien la posee tiene un verdadero tesoro. Y la llamamos justamente así, porque de nombre  y de hecho es el más valioso de todos los bienes. Y en ella reside toda nuestra salvación. Ella es el medio y el camino para volver al estado original.

Así, sin cruz, no habría Cristo crucificado. Si la Cruz no existiera, la Vida no habría sido colgada del madero. Y si la Vida no hubiera sido colgada del madero, de su costado no habrían surgido fuentes de inmortalidad, sangre y agua, que purifican el mundo. La sentencia de condena para nuestro pecado no habría sido borrada, no tendríamos libertad, no podríamos gozar del árbol de la vida, el paraíso no se habría abierto para nosotros. Sin la existencia de la cruz, la muerte no habría sido vencida, el infierno no habría sido despojado.

Sitio de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén 

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