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Nuestra herencia pagana

© Poletniy
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El catolicismo, desde los días de San Justino Mártir (más aún, desde la predicación Paulina) ha entendido su pasado grecolatino como uno de sus grandes tesoros.

Fue San Justino Mártir quien afirmó que todo aquel que hubiese vivido conforme al mandato de la razón podía ser considerado cristiano, digámoslo así, “de facto”, aunque no lo hubiese sido “de iure”, apoyándose en una interpretación temprana del evangelio de San Juan y su comprensión del Logos hecho carne.

La palabra griega “Logos”, si bien se ha traducido comúnmente como “palabra” en la mayoría de las ediciones de la Biblia, también puede traducirse como “razón” lo que explica, al menos parcialmente, el discurso de San Justino.

De hecho, para la mayoría de los grandes pensadores griegos de la Antigüedad clásica, entender el “logos” como razón o como palabra no eran opciones separadas. Al afirmar Aristóteles que el ser humano es un “animal racional”, estaba igualmente implicando que se trata de un animal dotado de palabra: un “zoon logon”.

Si bien esta discusión es tanto más larga, lo cierto es que los Padres de la Iglesia, lo mismo que los grandes autores escolásticos, tenían en mucho la herencia “pagana” precristiana: Boecio no escatima lisonjas dirigidas a Platón en su Consolación de la Filosofía, Santo Tomás de Aquino se dirige respetuosamente a Aristóteles con el título honorífico de “El Filósofo” (como haría todo buen escolástico que se precie), e incluso se supone que el primer obispo de París, San Denis, no es otro que el Pseudo-Dionisio Areopagita, el célebre autor místico neoplatónico, quien habría tomado su nombre de Dionisio, el personaje que siguió a Pablo desde el Areópago, según el libro de los Hechos.

No son sólo estos los autores que supieron incorporar el pasado “pagano” clásico al pensamiento cristiano. Como se lee en el artículo del medievalista Chase Padusniak en Patheos, todo el lenguaje teológico de los Padres de la Iglesia es, en efecto, una transposición del lenguaje filosófico de la Antigüedad Clásica, y el propio Papa Emérito tiene mucho que decir a propósito de esto en su célebre (y polémica) conferencia de Regensburg.

Clemente de Alejandría, Orígenes, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa, San Isidoro de Sevilla y tantos otros santos, Padres y Doctores de la Iglesia, todos ellos echaron mano de doctrinas y categorías platónicas, neoplatónicas y aristotélicas (estas últimas, a partir del siglo VIII) para dar forma a la teología que aún hoy utilizamos para comprender y articular las verdades reveladas en la Escritura. Como señala Ratzinger en su conferencia (parafraseándole), Atenas y Jerusalén se encuentran en el cristianismo.

Para leer el artículo completo de Padusniak en Patheos (en inglés), puede hacer clic aquí.

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